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Spanair, o cómo la 'pelota' se ha ido haciendo cada vez más grande

La aerolínea renació en 2009, cuando empresarios catalanes tomaron sus riendas

Lleva años viviendo con la respiración asistida de la Administración pública

Ferran Soriano, presidente de la aerolínea Spanair.
Ferran Soriano, presidente de la aerolínea Spanair.

¿Aerolínea de bandera o un pozo sin fondo? Esta pregunta sobrevuela en Cataluña entre empresarios, políticos y ciudadanos desde hace años. Spanair fue refundada en 2009, cuando un grupo de empresarios catalanes tomó las riendas de la compañía. La motivación que les llevó al proyecto se ha repetido como un mantra desde entonces: el aeropuerto de Barcelona-El Prat necesitaba una compañía que apostara por convertirlo en un hub internacional. Tres años después, y con apoyo público constante alimentando sus arcas, Spanair es la segunda compañía por número de pasajeros transportados en esa instalación. Pero sus cuentas no cuadran. Y el socio industrial que necesitaban para seguir adelante, Qatar Airways, ha retirado su intención de hacerse con parte de las acciones de la aerolínea. De nuevo, la pregunta está encima de la mesa: ¿Debe la Generalitat o el Ayuntamiento de Barcelona salir a su rescate con dinero público hasta que aparezca otra empresa interesada? ¿O será una huida hacia delante que hará la pelota más grande?

La compañía cerró 2010 con una facturación de 607 millones de euros y unas pérdidas de 115 millones. El año anterior había perdido otros 186 millones. Es complicado saber con exactitud cuántas acciones de la aerolínea están en manos públicas. Oficialmente, la compañía está controlada en un 85,6% por la Iniciatives Empresarials Aeronàutiques (Ieasa), otro un 10,9% sigue en manos de la escandinava SAS y un 3,5% está controlado por los propios trabajadores. Sin embargo, en la parte de IEASA se engloban algunas inversiones de empresarios catalanes y mucho dinero público. Tienen o han tenido inversiones dentro Fira de Barcelona, Turisme de Barcelona, Cilsa, Avançsa y el banco público ICF, todos ellos con participación o control público. Actualmente, al menos el 50% de las acciones de Spanair son de la administración, una cifra que según fuentes del sector podría elevarse al 65%.

La mayoría de las acciones de Spanair están en manos públicas y SAS todavía tiene un 10,9%

Según defiende el presidente de la compañía, Ferran Soriano, nunca han recibido subvenciones. Lo que tienen son "inversiones". El alcalde Xavier Trias ha defendido que Spanair tiene que ser "la aerolínea de bandera" de la ciudad. También lo han hecho miembros de Turismo de Barcelona, Fira de Barcelona y del sector hotelero. Soriano ha señalado en múltiples ocasiones que el apoyo de Cataluña a Spanair no es muy diferente del que recibió Iberia por parte del estado español años atrás o como en el caso de la portuguesa TAP o la francesa Air France.

Tampoco es fácil seguir el rastro a todo el dinero público que ha acabado en manos de Spanair. En septiembre de 2010 la Generalitat se hizo con una silla en el consejo de la compañía tras poner 10 millones de euros a través de Avançsa. Una de las primeras decisiones que tomó el actual Gobierno de CiU al llegar al poder fue una inyección de 10,5 millones de euros, a través de un crédito de urgencia. El último empujón fue de 25 millones de euros, el pasado noviembre. El pleno del ayuntamiento dio el visto bueno a una transferencia a la Generalitat, para que a su vez lo transfiriera a Spanair, en concepto de "acciones que consoliden la ciudad y su área de influencia como un destino de referencia en turismo". Aún así, la inyección más elevada reciente fue de 56 millones de euros. En septiembre de 2011, en pleno proceso de recortes sociales, la Generalitat pidió a varias entidades financieras dinero para cubrir las necesidades financieras de Spanair a través de Avançsa. 

La compañía, refundada en 2009, perdió 115 millones en 2010 y 186 el año anterior

Las dudas sobre la viabilidad de la compañía desde donde más se han atizado ha sido desde la competencia. El vicepresidente de Ryanair, en su última aparición pública, señaló que el apoyo público que recibía era ilegal, y que esperaba que estuvieran preparando "el entierro" de la empresa. El presidente de Vueling, Josep Piqué, también lleva años quejándose y hace solo unos días el presidente de Iberia, Antonio Vázquez, apuntó que el proyecto "no tenía futuro". La competencia acudió incluso a Bruselas para denunciar lo que consideran una injusticia. Incluso desde su propia socia, la escandinava SAS, que posee un 10,9% de las acciones, se han encendido las alarmas en numerosas ocasiones: "En el contexto de la difícil situación económica en el mercado español, los riesgos relacionados con la exposición financiera en Spanair ha aumentado", señaló el consejero delegado de la empresa, Rickard Gustafson, en 2011, en el informe que firma en la presentación de resultados del tercer trimestre.