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Ricardo Menéndez Salmón: “Reclamo el derecho a carecer de opiniones”

El escritor asturiano publica ‘Los muebles del mundo’, un libro que reúne 21 relatos atravesados por una mirada filosófica

Ricardo Menéndez Salmón
CARLOS RUIZ B. K.

Autor de novelas, poemarios y ensayos, Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) es también un reconocido escritor de cuentos. En Los muebles del mundo (Seix Barral) reúne 21 relatos creados en las últimas dos décadas, con los que aborda muchos de sus grandes temas con una mirada filosófica.

Usted ha dicho que el relato ha constituido para usted una fuente de obsesiones. ¿Podría detallar cuáles son? La existencia tangible del mal en el mundo. La creación artística como epifanía e iluminación. La literatura como contrapoder.

¿De dónde tira más Los muebles del mundo, de la imaginación o de la realidad? Realidad e imaginación conforman una máquina de doble motor. La realidad es la materia prima ineludible; la imaginación es el arquitecto que aspira a embellecerla, a afearla, a disminuirla, a ampliarla e incluso, en algunos casos, a revocarla.

¿Qué libro le convirtió en lector? Veinte mil leguas de viaje submarino. Como la vida, en mi caso la lectura también vino del mar.

¿Y en escritor? Viaje al fin de la noche. Descubrí a Céline el verano de mis 18 años. La lectura de ese libro me dio la vuelta como un guante. Comprendí que las palabras son el gran demiurgo. Sigo considerando esa novela la más decisiva del siglo XX, la que más se parece a su estremecedora peripecia.

¿Qué libro ajeno le habría gustado escribir? La vida breve, de Juan Carlos Onetti, el escritor en mi idioma al que más amo y admiro.

¿Con qué tres palabras definiría el cuento perfecto? Prefiero mencionar tres cuentos que para mí lo son: Todos los pilotos muertos, de Faulkner; El nadador, de Cheever; y Tema del traidor y del héroe, de Borges.

¿Qué se aprende escribiendo relatos que no se aprende escribiendo novelas? A identificar lo prescindible. La novela permite digresiones, tiempos muertos, caídas de tensión, transiciones estructurales, incluso momentos de tedio. En el cuento una palabra de más es una mochila llena de piedras.

¿Cuál ha sido el último libro que le ha entusiasmado? Kafka, de Reiner Stach, que conduce el arte de la biografía a cotas no alcanzadas previamente. Es un logro asombroso, un libro que perdurará.

¿El que tiene abierto ahora mismo en la mesilla de noche? Las Tempestálidas, de Gueorgui Gospodínov, y El tercer chimpancé, de Jared Diamond.

¿Cuál es la película que más veces ha visto? Fuego fatuo, de Louis Malle, y Andréi Rubliov, de Andréi Tarkovski.

Si tuviese que usar una canción o una pieza musical como autorretrato, ¿cuál sería? La Gnossienne número 1 de Satie.

¿Qué suceso histórico admira más? La revolución rusa.

¿Qué trabajo no aceptaría jamás? Policía.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? Las opiniones. Yo reclamo el derecho a carecer de opiniones sobre casi todo. Y a ejercer el silencio no sólo como una forma de cortesía hacia los otros, sino de sabiduría hacia mí mismo.

¿A quién le daría el próximo premio Cervantes? A Enrique Vila-Matas.

De no ser escritor le habría gustado ser... Explorador ártico o bolchevique.

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