_
_
_
_
_

‘Liderazgo’: la visión de Henry Kissinger sobre los grandes estadistas del siglo XX

El exsecretario de Estado estadounidense analiza la huella que dejaron Nixon, De Gaulle, Adenauer, Thatcher, Anuar el Sadat y Lee Kuan Yew en el devenir del orden internacional

Henry Kissinger.
Henry Kissinger.Agustín Sciammarella

“Cualquier sociedad, sea cual sea su sistema político, está en permanente tránsito entre el pasado, creador de su memoria, y una visión del futuro que inspira su evolución. A lo largo de esta ruta, el liderazgo es indispensable… Sin liderazgo, las instituciones van a la deriva, crece la irrelevancia de las naciones y, por último, llega el desastre”. Así comienza el más reciente libro de Henry Kissinger, Liderazgo, una colección de seis ensayos sobre grandes dirigentes internacionales que dejaron huella, cada uno a su modo, en el devenir del orden internacional.

Konrad Adenauer, Charles de Gaulle, Richard Nixon, Anuar el Sadat, Lee Kuan Yew y Margaret Thatcher son los protagonistas del relato. Todos ellos, por controvertidas que resultaran sus políticas, y en ocasiones lo fueron mucho, marcaron etapas decisivas en la historia de nuestra civilización. Kissinger, que cumplirá 100 años el próximo mes de mayo, sigue siendo el brillante escritor de cuya pluma han salido obras como Diplomacia u Orden mundial, libros de cabecera para cualquiera que aspire a comprender algo de la geopolítica del siglo XX y estas primeras décadas del XXI.

En sus retratos demuestra una indudable admiración por los personajes que describe, poseedores de un carisma y una indudable habilidad política a la hora de enfrentar las recurrentes crisis que tuvieron que resolver

Sus retratos no son apologías, pero en todos demuestra una indudable admiración por los personajes que describe, poseedores de un carisma y una considerable habilidad política a la hora de enfrentar las recurrentes crisis que tuvieron que resolver. Los primeros protagonistas son Adenauer y De Gaulle, que desem­peñaron un importante papel en la reconstrucción de Europa tras la derrota del nazismo. Debemos señalar los interesantes comentarios del autor sobre la Alemania de posguerra a la que él, antiguo exiliado judío que huyó de adolescente con su familia para evitar la persecución nazi, llegó como soldado americano en las postrimerías de la contienda mundial. Adenauer basó la reconstrucción de su país, ocupado por los vencedores hasta 1955, en su adhesión a una necesaria alianza con Occidente frente al peligro soviético. Esa política fue asumida por sus sucesores socialistas. Junto con De Gaulle, que dirigió la resistencia francesa durante la guerra, transformó la República y acabó con el conflicto de Argelia, ambos establecieron las bases de la actual Unión Europea, inicial fruto de la reconciliación franco-alemana.

Kissinger dio el salto de la Universidad de Harvard a la política activa como asesor de seguridad nacional de Nixon primero y más tarde como su secretario de Estado. Desde entonces, no ha dejado de influir en la política internacional. Ha sido y es uno de los intelectuales más respetados en ese terreno, aunque la izquierda latinoamericana y europea no han dejado de reprocharle su apoyo al golpe de Estado de Pinochet en Chile. En su retrato de Nixon, de quien fue el más estrecho colaborador, pone de relieve que acabó con la pesadilla de Vietnam y abrió las puertas a las relaciones del Occidente político con la China comunista. Su presidencia se vio oscurecida, no obstante, por el bombardeo de Camboya y el apoyo a Pakistán en la guerra de Bangladés, que acabó siendo un auténtico genocidio. Pakistán fue un importante mediador de Washing­ton en el establecimiento de relaciones con la China de Mao. La política de “equilibrio” en el escenario internacional estuvo basada en la ambigüedad de los discursos y en la preocupación por que los conflictos locales, por dolorosos que fueran en pérdidas de vidas humanas y destrucción sin cuento, no devinieran en contiendas globales. De modo que al final del mandato de Nixon, este soñaba con poder inaugurar una nueva etapa en la política exterior que implicara no solo la adecuación a una nueva estrategia, sino un auténtico cambio de mentalidad.

A su vez, constituía “una incomparable oportunidad en las manos de América”, no solo como un logro doméstico, sino para cumplir con su misión en el mundo. Dos semanas después de que hiciera esta aseveración estalló el Watergate, recuerda Kissinger.

Uno de los descubrimientos del libro es la descripción de la personalidad de Lee Kuan Yew, creador de la moderna Singapur. Tres años después de que su país obtuviera la independencia, visitó como primer ministro la Universidad de Harvard. Fue invitado a un debate por los profesores de lo que hoy es el Kennedy Center. El selecto auditorio conocía poco sobre el huésped, pero lo recibió calurosamente, como representante que era de un partido más o menos de izquierda y de un Estado poscolonial. Lee les preguntó por la guerra de Vietnam, y Kissinger recuerda que el auditorio se dividió entre los que creían que Lyn­don B. Johnson, el presidente americano que dirigió la escalada bélica, era un criminal de guerra y los que solo le motejaron de psicópata. La sonrisa de Lee tras escucharles fue interpretada como aprobación de esas tesis, pero, para su sorpresa, procedió a explicar que “Singapur, un pequeño país en una tumultuosa zona del mundo, dependía para su supervivencia de una América confiable” lo bastante poderosa para combatir a las guerrillas comunistas de los países del sudeste asiático. Kissinger piensa que los auténticos líderes mundiales pueden ser estadistas o profetas, y en ocasiones, las dos cosas a la vez. La lección de Lee es que el futuro de las sociedades no depende tanto de su riqueza material o de las medidas convencionales que el poder suele tomar como de la calidad de su pueblo y la visión de sus dirigentes. De otra forma, según él, a fuerza de realismo acabas siendo alguien “pedestre, plebeyo y fracasarás. Es preciso sobreponerse a la realidad y decir: “También esto es posible”.

El autor se muestra pesimista ante la escasa calidad de los actuales líderes para evitar la escalada en el conflicto de Rusia

El libro se cierra con un epílogo escrito después de la invasión rusa de Ucrania en donde el autor repite sus conocidas tesis sobre la necesidad de llegar a un acuerdo antes de que “la ideologización de la política exterior, en la que cada lado está convencido de la malevolencia del otro”, acabe por generar un cataclismo de sospechas mutuas como el que dio lugar a la I Guerra Mundial. Pero no deja de mostrarse escéptico, y aun pesimista, debido a la escasa calidad de los actuales líderes mundiales, ni realistas ni profetas. Por lo que sigue vigente la pregunta que Konrad Adenauer le hizo en su última entrevista en 1967: “¿Es posible todavía un verdadero liderazgo en los tiempos que corren?”. Personalmente creo que sí, pero para ello antes habrá que echar de sus poltronas a los mediocres.

Portada de 'Liderazgo', de Henry Kissinger. EDITORIAL DEBATE

Liderazgo

Autor: Henry Kissinger.


Traducción: Ramón González Férriz.


Editorial: Debate, 2023. Se publica el 9 de marzo


Formato: tapa blanda (648 páginas. 27,90 euros) y e-book (12,34 euros).

Puedes seguir a BABELIA en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites
_

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_