Marta Etura: “De no ser actriz, habría sido matrona”

La actriz vasca regresa en ‘El color del cielo’ como una estrella de Hollywood que se reencuentra con un antiguo amor en un viaje a Suiza

Tras haber encarnado a la novelesca detective Amaia Salazar en la Trilogía del Baztán, la actriz vasca Marta Etura (San Sebastián, 1978) regresa en El color del cielo como Olivia Brontë, una estrella de Hollywood que se reencuentra con un antiguo amor en un viaje a Suiza.

En El color del cielo interpreta a una estrella de Hollywood. ¿Querría serlo en la vida real? No me suelo plantear las cosas que podrían suceder, intento vivir en el presente. Sí tengo deseos y mi deseo con respecto a mi profesión nunca ha sido ser una estrella de Hollywood sino ser una gran actriz y poder trabajar con los mejores. En ese sentido, ser una estrella de Hollywood te da el privilegio de poder acceder a los buenos proyectos, a trabajar con los mejores directores, y eso me encantaría. Pero como todo también tiene su aspecto negativo, dejas de tener privacidad y tu nivel de exposición en todos los sentidos es muy grande.

La historia plantea una reflexión sobre el significado del éxito. Para usted, ¿qué quiere decir? Sí, la película te invita a reflexionar sobre el concepto que tenemos del éxito en una sociedad donde el foco está situado más en lo externo que en lo interno, más en lo que tienes a nivel material o social, que en como te sientes internamente, que es realmente lo que te hace feliz. Los personajes en ese sentido han sucumbido a lo establecido y, en este reencuentro, cada uno servirá de espejo ante el otro dándose cuenta de cómo han caminado por lugares distintos a los que realmente querían. Para mí el éxito es sentirte bien contigo, con tu vida, con tu gente, con lo que haces. Ser capaz de disfrutar de lo eres, de tu vida. Laboralmente, tener éxito para mi es poder trabajar en lo que te gusta, poder elegir o generar tu trabajo y crecer como profesional.

La película se grabó en solo 17 días, ¿puede menos ser más en un rodaje? Nunca había trabajado en un rodaje tan corto, pensé que sería difícil hacer una buena película en tan poco tiempo pero Joan Marc sabía perfectamente lo que quería contar y cómo lo quería contar. Vino a rodaje con el trabajo ya hecho, sabía que planos necesitaba y cómo quería rodar cada secuencia. Había trabajado previamente con Alex Pizzigallo, el director de fotografía, y con nosotros así que cuando llegábamos al set todos teníamos claro que íbamos a rodar. Creo que si hubiese tenido más tiempo habría rodado la misma película.

¿Cuándo supo que sería actriz? Es un deseo que recuerdo tener desde muy pequeña. Un deseo que estaba en mi y no hizo más que crecer con el tiempo. Mis padres eran y siguen siendo muy cinéfilos y el hecho de ver películas, trabajos que admiraba, hacía que mi deseo creciera.

¿Qué papel ajeno le hubiera gustado interpretar? Uff, tantos… Muchos que hizo Meryl Streep: Los puentes de Madison, Las Horas, Agosto, El Cazador… El personaje que interpreta Holly Hunter en El piano, el de Nicole Kidman en Moulin Rouge o El chico del periódico, los de Victoria Abril en Átame o Amantes… El de Emma Stone en La La Land… El de Kristin Scott Thomas en Il y a longtemps que je t´aime… los de Kate Winslet en Revolutionary Road o The Reader... Podría seguir y seguir.

¿Qué es lo más bonito que le han dicho sobre su trabajo? Lo más bonito para mí no es lo que me hayan podido decir, sino ver la emoción de las personas después de ver una película o más especialmente al salir del teatro, ver cómo les ha tocado esa experiencia. Ver que la historia que estás contando llega a conmover es muy gratificante. Me dedico a esto porque creo firmemente que a través de las vivencias uno se modifica. Las historias nos ayudan a conocernos y reconocernos, nos colocan en la vivencia de los personajes, nos hacen sentir, nos invitan a reflexionar, a dialogar, a debatir y sentir que has contado algo con la verdad suficiente para que todo eso suceda, es el mejor regalo para mi como actriz. Así que no es lo que me digan, si no lo que sucede después de contar una historia. Evidentemente no sucede con todas las historias pero cuando sucede es mágico. Vivimos en un sociedad que nos empuja a vivir desconectados de nuestra esencia y a veces sucede que alguna historia nos ayuna a conectar con algo profundo, con algo interno o simplemente nos ayuda a entender algo, saber que puedo formar parte de algo así me produce una gran satisfacción.

¿Qué libro tiene abierto ahora mismo en la mesilla de noche? Acabo de empezar Hamnet, de Maggie O’Farrell.

¿Uno que no pudo terminar? El Guion, de Robert Mckee, es muy técnico y lo he abandonado varias veces, aunque también vuelvo.

¿Hay algún clásico que haya descubierto recientemente? Fuenteovejuna, de Lope de Vega. Tenía ganas de volver a leerlo y descubrir todo lo que no fui capaz en su día.

¿Qué ha aprendido de los personajes que ha interpretado que no pueda enseñar un libro? Una de las cosas más poderosas de la interpretación es que viajas emocionalmente a la vivencia del personaje y, para mí, es a través de la vivencia cuando aprendes de verdad, cuando algo se modifica en ti. Lo que uno estudia, lo aprende de manera racional pero lo que uno vivencia le modifica. En este sentido, actuar o sentir como espectador lo que el personaje está viviendo genera empatía, comprensión, compasión y, desde mi punto de vista, estos son elementos fundamentales para aprender y modificarte de manera más profunda. Por eso creo firmemente que la cultura es fundamental en una sociedad porque genera empatía y comprensión. A través de las vivencias de mis personajes he aprendido mucho sobre las conductas humanas.

¿Cuál es la película que más veces ha visto? Últimamente veo muchas veces películas de animación con mi hija: Wall-e, Toy Story, Vaiana… Hay películas de animación buenísimas.

¿Y la que le entusiasmó más recientemente? La que más me a gustado recientemente ha sido As Bestas, de Rodrigo Sorogoyen.

¿La última serie que ha visto del tirón? Me he visto del tirón Apagón y Las de la última fila, de Daniel Sánchez Arévalo.

¿Su diálogo favorito en una película? No tengo uno favorito, hay muchos que me gustan. El primero que me viene a la cabeza es el de Uma Thurman y Travolta en Pulp Fiction, en la cafetería antes del baile. O el de Dennis Hopper y Christopher Walken en True Romance, Tarantino es un gran dialoguista. O el reencuentro entre Casey Affleck y Michelle Williams en Manchester By The Sea... Hay tantos buenísimos…

¿En qué película u obra teatral se quedaría a vivir? En Vaiana, ja, ja, ja. Tiene pinta de vivirse muy bien en esa isla.

Si tuviese que usar una canción o una pieza musical como autorretrato, ¿cuál sería? No podría utilizar una sola canción para autorretratarme, somos tan complejos y tenemos tantas emociones por las que transitamos que si elijo solo una, no me estaría retratando.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? El dinero.

¿Cuál es el suceso histórico que más admira? La Revolución Francesa. No la revolución en sí, que fue muy violenta, sino el cambio que produjo. Terminó con el Antiguo Régimen bajo un lema que, para mi, debería regir el mundo: Liberté, Égalité, Fraternité.

Se lo preguntan a su personaje en El color del cielo y se lo repetimos: de no ser actriz, ¿qué sería? Me gusta mucho el interiorismo y en algún momento se me pasó por la cabeza dedicarme a ello, pero después de dar a luz descubrí una profesión que me parece maravillosa: habría sido matrona.

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