Lauren Groff: “La rabia femenina es una fuerza del bien, el antídoto a la mujer florero”

La escritora que predijo la ecoansiedad y los males que nos asolan regresa con ‘Matrix’, una ficción sobre la poeta María de Francia que imagina una utopía feminista sin hombres

La escritora estadounidense Lauren Groff, fotografiada en Barcelona.
La escritora estadounidense Lauren Groff, fotografiada en Barcelona.Gianluca Battista

Una fantasía escapista reconforta a Lauren Groff y sus amigas desde que Donald Trump fue presidente de Estados Unidos: “Bromeamos continuamente con dejarlo todo y montar una comuna de mujeres en una isla. Sin hombres, por supuesto”, cuenta esta escritora muerta de la risa en una terraza de Barcelona a mediados de septiembre. “Entiende que me seduzca la idea, mi casa derrocha energía masculina: tengo dos hijos adolescentes”, enfatiza, siempre mordaz y bromista, en la primera parada de su gira europea sobre su último libro, Matrix.

Finalista del National Book Award y traducida a una decena de idiomas —al castellano por Ana Mata Buil en Lumen y por Míriam Cano en catalán en L’Altra—, en esta aclamada ficción sobre una abadía femenina liderada por María de Francia en el s. XII, los hombres no pintan nada. Son intrascendentes, predecibles notas al pie de página. Tan poco importan los machos que todos y cada uno de los animales que aparecen en el texto son hembras. “Una de las cosas que más me molesta en la concepción de la historia es ver cómo las mujeres han sido marginadas de todas las narrativas, incluso en la literatura. Es demoledor. Nos han convertido en sombras, así que con esta novela me propuse hacer justo lo contrario. Esta vez, ellos lo serían y no nosotras”, apunta resuelta, con ese halo que desprenden las ungidas con el don de ser la más avispada de la clase y, encima, tener estilo y mejor melena.

Inventar el pasado

Casi una década después de Arcadia —una novela en la que en su tramo final una pandemia asolaba el mundo desde Tailandia y mataba a casi un millón de personas en 2019—, siete años después de El ruido y las furias —una afilada disección del matrimonio y sus privilegios que la elevó globalmente—, y cuatro después de Florida —la antología de relatos que mejor predijo la ecoansiedad que nos asola—; a sus 44 años, la escritora que vio venir las neurosis y males de nuestra era ha apostado por un libro sobre monjas. Que nadie inicie un bostezo. Más que beatas ansiosas de fe, bajo su pluma, estas hermanas parecen vibrantes amazonas: calientes, despiertas, conquistadoras. En Matrix, Groff se ha propuesto resolver el enigma de Marie de Francia, una poeta de la que poco se sabe y de la que se quedó prendada en la universidad de Massachussets cuando leyó El lombro lobo, “un lais queer que me hizo entender que en esa mujer que apenas dejó rastro sobre su origen había un ser humano increíble”. Aquí Groff vuela libre e imagina una de las teorías que envuelven a la poeta —la de ser abadesa e hija ilegítima— porque, como justifica, “la ficción histórica te abre esas ventanas a temas que crees que no te interesarían, pero acabas encontrando fascinantes”.

Escribir, otra vez, sobre el siglo XXI no era un plan especialmente apetecible para esta lectora voraz que engulle unos 300 libros al año (”Muchos son de poesía o audiolibros que me pongo cuando salgo a correr, en realidad novelas entendidas como tal leeré unas 80″, dice, como si eso restase mérito al logro). Si los relatos contemporáneos que ha firmado predijeron nuestras angustias más primarias, esta novela nace de la urgencia de evadirse del ruido y los gritos del presente para advertirnos de lo solos que nos estamos quedando. “Necesitaba un hecho bisagra, algo que, desde otra época, me permitiese hablar de aquello que nos interpela ahora”. Tiene lógica que haya acabado fantaseando con una próspera utopía feminista en un pasado mejor frente a una era en la que las libertades femeninas retroceden y el culto al yo nos aísla para peor. “Hay un poema maravilloso de Emily Dickinson que dice: ‘Di la verdad pero dila sesgada’. Y eso es lo que he hecho con Matrix. Marie llega a la abadía y se la encuentra en ruinas, todo es putrefacto, su mundo se muere de hambre. Pero ella es capaz de construir un mundo mejor. Tenía la necesidad de crear algo en lo que creer en estos tiempos aciagos. Encontrar la belleza en una vida en comunidad, aprender a cuidarnos”.

La autora del ‘os lo dije’

No niega que siente algo de orgullo por haberse convertido en la autora del ‘os lo dije’. “Me alegra saber que por fin se reconoce aquello que advertí, que después de tantos años sintiéndome como una princesa troyana se me haya escuchado”. Lo que sí mosquea a esta neoyorquina criada en una comunidad wasp presbiteriana, hija de un médico, hermana de médicos y de una triatleta olímpica, es la incapacidad del ser humano para entender el funcionamiento del eterno retorno. De cómo la historia se repite y vuelve a aquello que dimos por superado. Quizá le viene por vivir desde hace años en Florida, donde dice haber asistido a una aceleración del desapego social tras la covid. Un rincón anticipatorio en el que el sálvese quien pueda se ha aliado con un clima asfixiante y con pinta de desastre inminente. “Ahora estamos atrapados en un loop terrible. El fascismo también es el auge de lo individual sobre la comunidad. Y está conectado con la ecoansiedad. Cuando nos sentimos amenazados, nos encerramos en nosotros mismos. Estoy muy preocupada. Quizá todos deberíamos mudarnos a Escandinavia”, reflexiona, intentando aligerar esa pulsión visionaria que siempre desprende.

La impotencia frente a esa desafección se la traslada a sus heroínas, llenándolas de rabia movilizadora. “También lo hice en El ruido y las furias. Culturalmente, nos piden inocularla, pero la rabia femenina es, probablemente, lo más poderoso del mundo. Especialmente frente a los opresores. Tenemos que enfadarnos, usar la rabia como un afinado rayo láser. Creo en la rabia controlada, no en la volcánica que erupciona y destruye. La rabia es una fuerza del bien, es el antídoto contra la mujer florero”, apunta, decidida. Ya no reza, pero lee una vez al año Middlemarch para reencontrar su fe. Y se ríe cada vez que le felicitan por haberse colado en la lista de los libros favoritos de Obama y haber sido validada de forma casi instantánea. “Fue genial, me trajo a muchísimos lectores nuevos, pero tengo una amiga íntima que siempre me lo dice: ‘Yo te tomé en serio desde el principio, no hizo falta que viniera Barack a decírmelo’”.

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