Documenta 15: Españoles en el museo de los 100 días

La 15ª edición de la gran cita artística, que se inaugura esta semana, reúne los proyectos de 72 colectivos de todo el mundo. Entre ellos, tres proceden de España: el movimiento agroecologista INLAND, el estudio de arquitectura Recetas Urbanas y la editorial Consonni, a cargo de los catálogos

Un cartel de Documenta 15, frente a la fachada del Museo Fridericianum, una de las sedes principales de la gran cita del arte contemporáneo en Kassel (Alemania).
Un cartel de Documenta 15, frente a la fachada del Museo Fridericianum, una de las sedes principales de la gran cita del arte contemporáneo en Kassel (Alemania).picture alliance (dpa/picture alliance via Getty I)

El “museo de los 100 días” de Kassel, como se ha apodado a Documenta, ha sido considerado a lo largo de sus 15 ediciones el potente faro de la creación actual. La próxima cita, que se abrirá al público este sábado, romperá algunas inercias propias de este tipo de eventos globales. Para empezar, la idea del comisario como patriarca (donde han cabido también las mujeres, que han funcionado como tal), la de museo-bienal y la no menos importante, la del artista. Ninguno estará ni se les espera, y puede incluso que nos riamos de todos esos egos del tamaño de un acorazado. Estamos ante una edición de realistas, pisoteadores de los ideales convenidos al mercado (por mucho que al final puedan acabar subsumidos en él), pero no al estilo de “quememos los museos”, sino más bien hagamos que la cultura sea colectiva, que la “materia esencial” del arte esté en las calles y plazas, en la naturaleza, en su materialidad y sus ciclos. El colectivismo como la última de las bellas artes.

Los indonesios Ruangrupa, colectivo fundado en 2000 en Jakarta, comandan esta edición. Se refieren a la creación actual como un ecosistema poblado de colectivos y otros profesionales no convencionalmente asociados al arte contemporáneo, más bien es “un arte a escala humana que opera en los servicios públicos, escuelas, bancos, hospitales y universidades, con un híbrido de praxis y formas”. “Desde la literatura, la sociología, la economía, la música electrónica o la arquitectura creamos entornos donde las personas se relacionan o simplemente se sientan para hablar sobre la historia olvidada, los nuevos colonialismos y las narrativas migratorias. No va a haber mucha obra, pero sí muchos procesos”, aseguran. Su protocolo como “comisarios” se llama lumbung (un habitáculo parecido a un hórreo donde se guarda el arroz) y se refiere a la manera de gobernar los recursos en su país. Entre los 70 grupos invitados a Kassel este año, figuran tres españoles: la editorial Consonni, el colectivo agroecologista INLAND, cuyo miembro más destacado es Fernando García-Dory, y el colectivo Recetas Urbanas, de Santiago Cirugeda. Lo que les caracteriza son “los afectos”, esas verdades sin retoques que salvan un entorno artístico cada vez más virtualizado.

Las ocho ediciones de los catálogos de la Documenta 15, editados por Consonni.
Las ocho ediciones de los catálogos de la Documenta 15, editados por Consonni.

Consonni, afincada en Bilbao desde 1996, funciona como una productora de ideas cuya labor más relevante se vincula al campo de la edición (ensayos de arte y literatura experimental), talleres y radio. Su hoja de ruta es el feminismo y la máxima acuñada por Walter Benjamin en El autor como productor: “No hacer uso del viejo aparato de producción, sino transformarlo”. Para Documenta 15 se le ha encomendado “un caramelo”, quizás la labor más importante en un evento de estas características, por lo que supone de elemento más visible, ubicuo y expansivo: los catálogos y la coordinación de las publicaciones alrededor de la cita quinquenal. Maria Mur Dean y Munts Brunet explican la conexión de esta labor editorial con Ruangrupa como “una forma de trasladar los conceptos curatoriales al formato textual, una manera de traducir las ideas que defienden de lo colectivo, el lumbung, de principio a fin, desde el diálogo con el equipo de diseñadores, con la Documenta institución y la editorial que finalmente los publica, Hatje Cantz”.

Trastocan el concepto de publicación que hasta ahora se ha hecho en este tipo de eventos. Han ideado dos catálogos: el handbook o programa de mano, cuya estructura está basada en los libros de viajes, como una guía más intuitiva que recopilatoria de obras y sitios; y la family guide, donde se proponen cinco itinerarios para familias hechos por colectivos de diferentes culturas y que están basados en valores como la transparencia, el sentido del humor o la solidaridad. “Será como estar en la Documenta a través del imaginario de los artistas. Las dos guías son complementarias y autónomas a la vez”, afirma Brunet. También, con el apoyo del Instituto Vasco Etxepare, promueven radio lumbung, que emitirá los podcasts a lo largo de los 100 días que dure el evento; han diseñado los flyers, las postales y la edición de Lumbung Stories, una antología de ficción que registra en siete idiomas las cosmologías de lo común en diferentes territorios del planeta y que se representarán en lecturas públicas en los espacios de Documenta.

'Performance' del colectivo agroecologista INLAND, uno de los invitados a esta Documenta 15.
'Performance' del colectivo agroecologista INLAND, uno de los invitados a esta Documenta 15.

INLAND (o Campo Adentro) es una plataforma colaborativa que gesta vínculos entre arte y territorio. Lo integran diez miembros. El más visible es el artista y agroecólogo Fernando García-Dory. Trabajan con comunidades de proximidad y usan conceptos de economía radical con el fin de rescatar prácticas agrarias ancestrales o formatos que difuminan la frontera entre arte y artesania, como la producción de cerámicas, diseño de vestimentas, acciones performativas en el medio rura, o plástica social, como la creación de un movimiento internacional de nómadas y pastores. En Kassel, intervienen en los jardines y en el interior del Ottoneum (un edificio del siglo XVII que fue gabinete de curiosidades, teatro y hoy es sede del Museo de Ciencias Naturales, con uno de los repositorios de plantas más antiguos del mundo, el herbario Ratzenberger) con la recreación de un-Museum of Folk Arts (o “des-museo” de artes populares), que funciona como “glosario expandido de su último proyecto de pedagogía radical, Inland Academy, y caja de resonancia de su archivo de “antropología sonora” de la cultura e indígena.

También habrá una “cueva”, donde se muestra la colaboración con la artista Hito Steyerl, una complicidad iniciada ya en 2017; y en el jardín, renaturalizado en colaboración con científicos, botánicos y entomólogos del museo, una torre-colmena, y el Pabellón del Queso. Desde allí, con Steyerl, ponen en circulación la cheesecoin, una moneda comunitaria que permite el intercambio translocal. Esta criptodivisa tiene acuñada la frase “el valor de esta moneda se mantiene gracias a la integridad de su comunidad”. Explica García-Dory que “el número de cheesecoins emitidos seguirá el patrón-queso, equivalente a la cantidad de kilos de queso que INLAND producirá en este evento. Los usuarios pueden mantener su saldo y subirlo a una nube, a través de una aplicación que les permite crear nuevos intercambios y formas de equivalencia, una manera performativa y conceptual de confrontar la fiebre por los NFT, la hipertecnologización y la acumulación individual, y poner en circulación otros valores”.

Una imagen del puente construido por Recetas Urbanas en Kassel (Alemania).
Una imagen del puente construido por Recetas Urbanas en Kassel (Alemania).

El colectivo Recetas Urbanas, activado por el arquitecto sevillano Santiago Cirugeda, ha creado con la ayuda de escolares de primaria de dos colegios de Kassel la intervención titulada Jumping in Hanoi, un puente (formalmente parecido al Long Bien, puente en ménsula de la capital vietnamita) que se extiende sobre un edificio de alquiler de botes en el río Fulda y que ha sido construido con materiales reciclados y elementos de escalada. Una vez concluya Documenta 15, se dividirá en dos y se reubicará como estructuras de juego en cada una de las escuelas. Es un ejemplo de cómo el arte del futuro ya no estará saturado por su propio público, como un Van Gogh o un sol que pende en una sala de turbinas (Olafur Eliasson), sino que será colectivo, vivido y, además, se podrá usar en la vida corriente.

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