SILLÓN DE OREJAS
Columna
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Monográfico (un poco) izquierdoso

Se echan en falta biografías y memorias de representantes históricos de partidos a la izquierda de la socialdemocracia, especialmente de mujeres relegadas en el organigrama de sus formaciones

Pina López Gay, secretaría general de la Joven Guardia Roja y número dos por el PTE por Madrid.
Pina López Gay, secretaría general de la Joven Guardia Roja y número dos por el PTE por Madrid.Marisa Florez

1. Carencias

Hace 10 años escribí en este improbable Sillón que una de las carencias más notables en la ya entonces abundante bibliografía sobre el tardofranquismo y la larga y violenta Transición era la ausencia de autobiografías y memorias de los responsables de los partidos y movimientos de extrema izquierda. De los otros sabemos casi todo lo que han querido contarnos (bolas y autobombo incluidos): desde González o Anguita hasta Aznar o Bono, pasando por toda una pléyade de exministros, altos funcionarios y dirigentes de partidos cuyos representantes sí llegaron a sentar sus (s)electos traseros en el Parlamento, incluyendo desde fachas reciclados hasta comunistas. Lo que se echa a faltar es la voz (escrita) de quienes, a la izquierda, no llegaron a las Cortes porque carecieron de respaldo social. Líderes (la inmensa mayoría eran varones) y alguna lideresa (con permiso de Pedro Álvarez de Miranda), como la prematuramente fallecida Pina López-Gay (PTE); pienso en lo que podrían contar sobre aquel tiempo gentes como José Sanromá (ORT: 77.500 votos en las generales de 1977), Blanco Chivite (PCE-ml: pidió la abstención), Eladio García Castro (PTE: 120.000 votos en 1977, en coalición con otros partidos comunistas y Esquerra de Catalunya), Eugenio del Río (MC) o Jaime Pastor, uno de los dirigentes de la LCR (los trotskistas de la FUT lograron 41.000 votos). Por no referirme a las mujeres, relegadas en el organigrama de sus partidos y, a menudo, doblemente puteadas (por la policía y por sus compañeros): a muchas nos gustaría saber lo que piensan de su actividad política de entonces gentes como Empar Pineda, Paloma Uría, Justa Montero, Ana Puértolas o Rosa Olivares Txertudi, por solo citar algunos nombres de políticas entonces activas. Diez años después continúa la desmemoria: se diría que un extraño pudor sepulta los recuerdos, quizás porque no es fácil conjurarlos sin enormes dosis de autocrítica. Algunos (y, menos, algunas) han escrito en estos años textos políticos, feministas o circunstanciales, pero, al contrario que sus colegas maoístas, trotskistas o anarquistas franceses o alemanes, lo que han publicado no se parece a esas auténticas memorias en las que lo personal y lo político se imbrican para formar la imagen de aquellos hombres y mujeres que influyeron a veces decisivamente en la vida y la actividad de, al menos, una generación de militantes o simpatizantes que creyó que la revolución no tardaría en cambiar el mundo y nuestras vidas. En cuanto a la Transición y sus mitos beatíficos (en la interesada leyenda solo interrumpidos por ETA y el Grapo como asesinas moscas cojoneras), les recomiendo Las otras víctimas (Prensas Universitarias de Zaragoza), de David Ballester, una importante investigación acerca de la violencia policial (y sus 134 víctimas) entre 1975 y 1982.

2. Comunistas

Una de las pocas editoriales españolas en cuyo catálogo pueden encontrarse títulos sobre la memoria de la izquierda a la izquierda de la socialdemocracia es Los Libros de la Catarata, el pequeño e inquieto sello fundado a principios de los noventa por Javier Senén y Cuca Viamonte y que, en líneas generales, se ha orientado a la publicación de textos sobre pensamiento crítico y política alternativa, ecologismo o feminismo. Entre los últimos libros publicados (ya bajo la única dirección de Senén) destaco especialmente dos que tienen que ver con la izquierda alternativa. El Frente de Liberación Popular. Historia de una rebelión (por Cristián Cerón Torreblanca y Francisco Lara Sánchez) es un recorrido por la trayectoria del FELIPE, una organización decisiva en el desarrollo de la lucha antifranquista entre 1958 y 1969, en plena luna de miel del marxismo y catolicismo crítico. La nómina de dirigentes, intelectuales y militantes que en él se formaron y que actuaron en los “tres Felipes” —las etapas que, según el gurú fundador Julio Cerón, marcaron la trayectoria del movimiento— es enorme, de Vázquez Montalbán o Narcís Serra a Jaime Pastor, de Alfonso Carlos Comín a Enrique Ruano (“suicidado” por la policía en 1969), de Nicolás Sartorius o Joaquín Leguina a Miquel Roca o Fernando Sánchez Dragó. El Movimiento Comunista (MC), de Ernesto M. Díaz Macías, que ya había publicado algunos trabajos sobre la “izquierda revolucionaria” (especialmente sobre el PTE), estudia la trayectoria de la organización a lo largo de sus casi 30 años de existencia, desde su nacimiento vinculado a las organizaciones revolucionarias de Euskadi hasta el fracaso de su alianza con la LCR en 1991.

En cuanto al PCE, que este año celebra su centenario, Akal ha publicado recientemente el segundo y último tomo de Un siglo de comunismo en España, un volumen colectivo dirigido por Francisco Erice. Por último, espero ansiosamente la publicación (el 16 de mayo) por Pasado & Presente, la editorial de Gonzalo y Ferrán Pontón, de El torbellino rojo, de Fernando Hernández Sánchez, subtitulado Auge y caída del Partido Comunista de España.

3. Otros mundos

Mientras recelo del precario arreglo logrado por las izquierdas a la izquierda del PSOE en Andalucía, me consuelo huyendo de este mundo con la lectura del interesantísimo Otros mundos (Debate), de Thomas Halliday, en el que se recorre con erudición y amenidad la historia de la Tierra —­sus diferentes conformaciones físicas, la transformación de sus ecosistemas, su cambiante flora y fauna— desde la era cámbrica (hace unos 635 millones de años) hasta la época posglacial del Holoceno, en la que estábamos hasta que, a cuenta de los desastres medioambientales en que seguimos empeñados, hemos entrado en el llamado Antropoceno. Si todo sigue igual, pronto no habrá más épocas que valgan. ¡Glup!

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