Todd Haynes: “La droga no fue la razón de la creatividad de Lou Reed”

En su primer documental, ‘The Velvet Underground’, el cineasta estadounidense ofrece una sobrecogedora experiencia inmersiva en la trayectoria de la banda apadrinada por Warhol

Sterling Morrison, Lou Reed, Maureen "Moe" Tucker y Doug Yule de la Velvet Underground en 1970.
Sterling Morrison, Lou Reed, Maureen "Moe" Tucker y Doug Yule de la Velvet Underground en 1970.Michael Ochs Archives

Todd Haynes (Los Ángeles, 60 años) sostiene que no basta con ser un cineasta brillante; tu película debe funcionar emocional e intelectualmente. De ahí su distintiva reformulación del melodrama en conmovedores largometrajes que cuestionan el racismo o la homofobia. Lejos del cielo (2002), la serie Mildred Pierce (2011) o Carol (2015) se sustentaron en las interpretaciones, hondas hasta la transparencia, de Julianne Moore, Kate Winslet o Cate Blanchett.

Haynes debutó exponiendo la anorexia de la cantante Karen Carpenter en un filme rodado con barbies. Desde entonces ha transitado una intrépida segunda vía musical que continuó en la fantasiosa, a ratos patética, revisión del glam-rock Velvet Goldmine (1998), y asombró en el desdoblamiento actoral con que multiplica a Bob Dylan en I’m Not There (2007). Su primer documental, The Velvet Underground, ovacionado en Cannes, ofrece una sobrecogedora experiencia inmersiva en la existencia de la banda apadrinada por Andy Warhol, ampliada a la escena artística que en los sesenta brotaba del subsuelo neoyorquino.

La Velvet fue repudiada por la industria y la contracultura, por lo que no existen filmaciones de sus conciertos, pero aparecen en las desmitificadoras películas que Warhol rodaba en la Factory. En consecuencia, Haynes explora el cine experimental estadounidense (Maya Deren, Kenneth Anger, Jack Smith, Jonas Mekas, etcétera) y lo usa como aglutinante del relato. Las entrevistas avanzan así por un palpitante caleidoscopio audiovisual. Y la música suena contundente, tridimensional, renovada; John Cale la define como un sonido que consensuaba “elegancia y brutalidad”. La sensación no es historicista, sino presentista. Estás allí.

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Pregunta. Se da una evolución, en sus películas musicales, que va de la fantasía y la ficción analítica a la realidad.

Respuesta. Sí, pero se inspiraron en sentimientos distintos, son historias y estilos muy diferentes. Bowie creó sus personajes inspirándose en Warhol. Velvet Goldmine es ficción, pero se basa en cómo Bowie construyó su persona. Y lo mismo Dylan, que vivió distintas fases y luego fue negando sus distintas personas, para poder así sobrevivir a su increíble fama. Eran artistas que exploraban la mutabilidad de la identidad. En The Velvet Underground todo sale de material de archivo y de la creatividad de la época en Nueva York.

P. La negativa de Bowie a ceder sus canciones obligó a Velvet Goldmine a desviarse de la biografía.

R. El proyecto fue desde un principio así. Quienes han pasado por distintas fases musicales aportan sus recuerdos y su experiencia musical, difíciles de clarificar. La mejor reacción a Velvet Goldmine fue la de quienes no habían vivido la época, jóvenes que se vieron expuestos a la música y el periodo y la vieron como una especie de cuento de hadas, lo que les permitió imaginarla sin compararla con la realidad. Es una película cuidadosamente documentada, fundamentada en cosas que ocurrieron, pero también en la brillante aportación por parte del público glam. Esto me dio mucha libertad.

P. ¿Se pronunció Dylan sobre la prodigiosa I’m Not There?

R. Cuando se estrenó, no dijo nada, le otorgó su propio espacio. En entrevistas posteriores fue muy halagador y aceptó las libertades que nos tomamos. Y recalcó cuánto le había impresionado Cate Blanchett.

P. Aunque el repertorio rock sea ya de uso común, contados directores lo usan correctamente: Wenders, Scorsese, Tarantino. ¿Cuál es el secreto?

R. Admiro el instinto de todos ellos. A veces se trata de no ser fiel al tiempo y el lugar del que procede la música, pero mis películas son otra cosa, tratan de artistas concretos. Scorsese resulta especialmente notable por su compleja sensibilidad. La banda sonora de Casino, extremadamente audaz, no intenta encajar con el tiempo y el lugar de la película. La usa como una emoción subyacente y a veces como contrapunto de lo que ocurre en la escena. Muestra distintas capas al espectador para que este pueda leer una escena a la contra, y aportar su propia memoria de la música, en una interesante dinámica con las imágenes.

P. The Velvet Underground muestra al grupo improvisando, elevándonos a otro nivel de percepción.

R. Todo en el filme se basa en la música y en aquel inexplicable sonido que incorporaba el contenido de un modo que lo sientes visceralmente. Decía Lennon que no hacía falta entender las letras de Dylan para saber qué quería expresar. The Velvet Underground son un claro ejemplo de esto, y quisimos mostrar sus improvisaciones, temas como The Nothing Song y Melody Laughter, eventos hipnóticos que sobrepasan cualquier categoría del rock, extensas meditaciones musicales que solo cierto público pudo ver en vivo.

P. El tiempo se detenía en las películas de Warhol y en las improvisaciones de la Velvet. ¿Una reacción a la incipiente velocidad de la cultura consumista?

R. Lo interesante de los proyectos artísticos de Warhol como empeños conceptuales es que aceptaba la cultura consumista y la usaba en el contexto de su obra, lo que motivaba toda clase de cuestiones sobre qué es arte. La Velvet no lo reflejaba del mismo modo, pero rechazaba en la temática de sus canciones el modo en que la contracultura trataba de imponer una pureza hippy sobre la idea de los medios de masas. Entendieron que no se puede vivir aparte de esa cultura de masas que nos envuelve, que como sociedad estamos corruptos, y en vez de pretender que podemos vivir orgánicamente fuera de esa fascinación, ese envenenamiento, se sumergieron en un sentimiento de culpa que, como sociedad, ya todos albergamos. Decían que iban a anular su vida, a comportarse antisocialmente, a autodestruirse. Esto hizo que no se les comprendiera en su día.

P. El emergente mundo artístico de Nueva York al inicio de los sesenta, y el fructífero cine underground de la época, forman el paisaje en el que sitúa a la banda.

R. Antes de llamarse The Velvet Underground ya tocaban en los eventos multimedia de la Cinémathèque, y luego actuaron con proyecciones de películas de Warhol sobre ellos. Aquella asombrosa actividad cinematográfica la tenían delante y detrás. Este material parecía estar esperándome como contexto en el que presentar la música. Aquellas imágenes extraordinarias, no todas al estilo de Warhol, pues usamos una amplia y emocionante variedad de cineastas, eran una irresistible forma de contar la historia.

Fotograma de 'The Velvet Underground', de Todd Haynes
Fotograma de 'The Velvet Underground', de Todd Haynes

P. Lou Reed falleció en 2013, por lo que la figura central es John Cale. Sin embargo, al final se le rinde un emotivo homenaje. ¿Quiso explicarle en toda su complejidad?

R. Ese era el objetivo y definitivamente fue un reto, pues la centralidad de Lou en la banda es indiscutible, y el hecho de que no estuviese fue algo con lo que tuvimos que lidiar. Entrevistamos a los supervivientes y usamos audio de entrevistas relevantes con él. No hablaba mucho de la Velvet, así que usamos lo que pudimos encontrar. Se escucha su voz, y está muy presente en las fotografías de la época. Finalmente dimos con un vídeo de 1974 donde aparece charlando con Warhol. Algo muy especial.

P. Algunas críticas echan en falta sexo y drogas. ¿Hubiese profundizado en ese aspecto de hacerse la película antes del actual puritanismo?

R. El filme no trata de eso, sino de la creación artística y de cómo la sensibilidad de aquellos artistas se mezcló y creó una escena. También trata de explicar esa sensibilidad. Se habla de Heroin, del significado de la canción, su origen y contexto. Y vemos que un joven Lou Reed ya tomaba drogas en el instituto. Pero, al preguntarle a los entrevistados, rechazaban la cuestión; porque es algo bastante obvio y no la razón de su creatividad. Su música trata de muchas otras cosas, pero una droga como la heroína ayudó a Reed y Cale a escapar del mundo y aislarse. Y la anfetamina impulsaba aquella incesante producción artística. Las drogas propulsaron el rendimiento creativo, y luego motivaron la ruptura, la distorsión de esa energía, y la hostilidad entre los miembros de la banda.

P. Muestra el entorno de Warhol como un mundo atractivo, obviando la frialdad del personaje, los conflictos internos y las muertes prematuras. Curioso, pues adora el melodrama.

R. Creo que la película desafía esas ideas sobre Warhol. El mismo Lou Reed sentía que había sido más cruel con Warhol de lo que Andy jamás lo fue con él. Andy creó un entorno de aceptación pese a su figura distante, y su inocencia infantil se traducía en entusiasmo por todo lo que le rodeaba. Yo diría que la gente que estuvo a su lado en la época no conoció a alguien frío, sino a alguien que les aceptaba y les animaba, aunque lo disimulase. Así que era alguien que también podía desaparecer detrás de la máscara y manejar aquella personalidad múltiple tan ansiosa de atención.

P. ¿Qué aporta la película a la historia de la banda?

R. El modo en que aquella idea del pop, del camp, una suerte de sensibilidad queer, permeó la Factory y la escena neoyorquina en general, y el impacto que tuvo en la actitud de la Velvet y en su crítica de la contracultura dominante de la costa oeste. Se mantuvieron apartados de aquello y, en gran medida, esto tuvo que ver con lo queer. Me pareció importante explicarlo.

The Velvet Underground se estrena el 15 de octubre en salas y en AppleTV+.


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