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Todd Haynes bucea en la estética galáctica y la cultura del "glam rock"

El cineasta revive en "Velvet goldmine" los transgresores años setenta

Cabellos electrizados, teñidos de colores; zapatos con plataforma; rostros exageradamente maquillados; ropas brillantes, estampadadas de purpurina. Así de galáctica y ambigua era la estética de los seguidores del glam rock, un movimiento juvenil que nació en Londres con los setenta como respuesta a sus antecesores, los hippies. Pero el glam rock no se quedó sólo en la fachada. Fue una movida cultural que musicalmente dio productos como David Bowie, Roxy Music e Iggy Pop. En ese mundo excesivo, de sexo, drogas y rock, penetra la última película del cineasta californiano de 37 años Todd Haynes, Velvet goldmine, que hoy se estrena en los cines españoles.Velvet goldmine es un cuento sobre el ascenso y la caída de un ídolo del glam rock, Brian Slade (Jonathan Rhys Meyers), de aspecto angelical y sexualidad dudosa. Un tipo que se parece a David Bowie, de una de cuyas canciones Haynes ha tomado el título del filme. El cineasta quería incluir también temas musicales del astro del glam rock en la cinta, pero Bowie no lo autorizó.

Slade vive una tormentosa historia de amor con otro rockero, Curt Wild (Ewan McGregor), una especie de Iggy Pop transmutado en personaje de celuloide. En medio de todo ello, una trama con tintes casi detectivescos -en la que un periodista indaga en el misterio de la desaparición de Slade 10 años después de que se produzca- y mucha música.

Todd Haynes -que ha firmado otros filmes independientes, como Poison y Safe- estuvo ayer en Barcelona para presentar su nueva película y despejar algunas de sus claves. Por ejemplo: ¿por qué arranca el argumento con la llegada a la Tierra de Oscar Wilde? "Oscar Wilde y David Bowie", reveló, "tienen en común esa mezcla, muy inglesa por otra parte, de dandi y filósofo, que es capaz de elevar el artificio por encima de la naturaleza". En opinión del director, de haber vivido en los setenta Wilde hubiera sido "una estrella del glam rock". "Bowie no habría tenido nada que hacer", bromeó.

Haynes definió Velvet goldmine como una película "extraña y experimental" y dijo que va principalmente dirigida "a los jóvenes", que no vivieron el fenómeno glam. Un movimiento que el director entiende como una forma de vida: "Las fronteras se quiebran. La más evidente es la que existe entre el hombre y la mujer, que desaparece. El sexo es ambiguo. Los glam se construyen una identidad. Y llegan al extremo de que esa construcción funciona como mensaje".

El filme obtuvo el premio a la mejor contribución artística en Cannes y es candidato a los Oscar en la categoría de vestuario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de febrero de 1999