Picasso, Renoir y la vulgaridad

Picasso, Renoir y la vulgaridad

En sus últimos años, cuando el pintor malagueño se obsesionó con el sexo y la muerte, retrató a partir de una fotografía a su admirado colega francés. Le envidiaba la capacidad para hacer que imágenes vulgares se graben en la memoria de millones de personas

¿Y los museos?

¿Y los museos?

El balance museístico global de la democracia es decepcionante. Para superar este fracaso histórico hay que extender el pacto que ha hecho posible el éxito del Prado: evitar la lucha partidista, recursos suficienes y autonomía de gestión

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