Cuando los ovnis abdujeron EL PAÍS
Fundado por científicos e intelectuales como José Ortega Spottorno, el periódico siempre buscó el rigor académico, aunque hubo excepciones marcianas: noticias sobre abducciones alienígenas

José Ortega y Gasset ya era un filósofo célebre cuando le recomendó a su hijo pequeño que estudiara una carrera técnica. El joven José Ortega Spottorno eligió la ingeniería agronómica, pero enseguida se dedicó “no a las hojas de las plantas, sino a las hojas de los libros”, como recordó en una entrevista el 16 de mayo de 1976. Una docena de días antes había fundado EL PAÍS, con una Redacción de 60 periodistas, casi todos veinteañeros. Dos semanas después, escribió una carta abierta a los universitarios para que se sumasen al proyecto, con el encabezamiento: “Distinguido profesor”.
“Después de cinco años de trabajo, un grupo de 500 españoles interesados en la información libre y en la creación de un periódico culto y moderno hemos logrado publicar EL PAÍS”, comenzaba Ortega Spottorno. “Entre nuestros accionistas figuran cien catedráticos y profesores de distintas disciplinas. […] Como presidente, estoy empeñado en que [esta representación de la Universidad] se mantenga y se aumente. Por esta razón me dirijo a usted”, proseguía el editor.
El nuevo diario, en su primer aniversario, reveló los nombres de los entonces 1.096 propietarios de la sociedad PRISA, editora de EL PAÍS. “Muchas veces los lectores se preguntan sobre los dueños de la prensa y quién está detrás de los periódicos. Pues aquí están los dueños de EL PAÍS”, proclamó. El listado estaba lleno de profesores, ingenieros, científicos. Aparecían el ginecólogo José María Dexeus, uno de los pioneros de la fecundación in vitro; el médico Joaquín Mouriz, referente en la lucha contra la hipertensión; Flora Morata, editora de la Enciclopedia pediátrica, o Pedro Laín Entralgo, el gran historiador de la medicina.
Incluso antes de que naciera, ya había cachondeo con aquel supuesto “periódico para catedráticos”, como contaban las historiadoras María Cruz Seoane y Susana Sueiro en su libro Una historia de EL PAÍS y del Grupo Prisa (Plaza & Janés, 2004). El periodista Pepe Oneto vaticinaba que el diario fracasaría, que sería un “coñazo”, elitista, “con artículos sobre el bimilenario de Heródoto”. El éxito popular del periódico desde su lanzamiento demuestra que se equivocó.
EL PAÍS nació protagonizado por la información, con un solo columnista: el escritor Francisco Umbral. Tras su primera década, Umbral publicó una declaración de amor por el diario. Todo “joven revolucionario científico”, proclamó, “se serena mucho el corazón y se refresca el seso leyendo EL PAÍS”, un “periódico sin supersticiones”. Sin embargo, algunas noticias pseudocientíficas se colaron en aquellos primeros años, como ocurrió el 25 de octubre de 1983.
Aquel día, el periódico dedicó su última página a Próspera Muñoz, una vecina de 44 años de Jumilla (Murcia). Según el relato recogido en el diario, había sido “visitada por seres presumiblemente extraterrestres” y había subido a su nave. “Allí, en una especie de mesa camilla, medio desmayada, los que ella califica de humanoides, que tenían solo cuatro dedos en las manos, le inspeccionaron la vagina y no recuerda si también la cabeza”, relataba Próspera Muñoz a EL PAÍS. “Parece inteligente y el relato de sus experiencias, obtenido en ocasiones por medio de la hipnosis, suscita gran credibilidad”, subrayaba el periodista.
Aquellas informaciones sobre llegadas de alienígenas a la Tierra, en un periódico impulsado por profesores universitarios, solo se entienden ahora si se tiene en cuenta el contexto internacional de la época, con una fiebre de platillos volantes en todo el mundo. El 10 de octubre de 1989, en la página 35, se publicó una breve noticia firmada en Moscú con este titular: “La agencia Tass informa que científicos soviéticos estudian el aterrizaje de un ovni”. El 13 de octubre de 1978, escondida en la página 19 del periódico, se publicó esta otra noticia a dos columnas: “Un ser vivo extraterrestre, capturado y estudiado hace dieciocho años”. En el texto, la corresponsal en Portugal detallaba el hallazgo en Évora de un organismo milimétrico “dotado de una fuerza y resistencia descomunales”, tras el paso de un ovni.
Esos supuestos noticiones, sin embargo, no constaban en la primera página del periódico. El día del aterrizaje alienígena en Moscú, el diario informaba en portada de que los científicos estadounidenses John Michael Bishop y Harold Varmus habían ganado el Nobel de Medicina por descubrir genes relacionados con el cáncer. El día del extraterrestre de Évora, EL PAÍS dedicaba una fotografía de su primera página al microbiólogo suizo Werner Arber, que acababa de ganar el Nobel por descubrir en las bacterias una especie de tijeras moleculares capaces de cortar el ADN. El periódico, salvo chocantes excepciones, seguía siendo “un continente de racionalidad”, como dijo Umbral.































































