Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

Una vitamina para acabar con las ojeras

Evita las hemorragia y disimula el cansancio. Cinco claves sobre un compuesto tan poco popular como necesario

1. ¿Para qué necesitamos la vitamina K?

No es tan popular como la C, la B o la D, pero es fundamental para preservar nuestra integridad física. Conocida también como antihemorrágica, gracias a la vitamina K se llevan a cabo los procesos de coagulación de la sangre. Y es la primera vitamina que reciben los recién nacidos (para prevenir hemorragias). Evitar su exceso es importante en las personas que toman anticoagulantes del tipo antivitamina K (el famoso Sintrom). También es necesaria para mineralización de los huesos y está relacionada con la salud cardiovascular, ya que puede proteger de la diabetes del adulto y mantener la elasticidad de venas y arterias. Hay de dos tipos: K1, presente en verduras de hoja verde (esta es la que se usa en cosmética) y K2, que se sintetiza en el intestino.

2. ¿Qué síntomas alertan de su carencia?

“La manifestación más importante es el sangrado”, indica Pascual Marco, vicepresidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), y añade que “la causa más frecuente de su déficit es tomar fármacos anticoagulantes que compiten con ella, aunque es un efecto previsto”. Según Aniceto Charro, jefe de Endocrinología del Hospital HM Madrid, “su carencia es muy poco frecuente, pero hay que vigilar a las personas que se han sometido a una operación para perder peso (cirugía bariátrica) y a las que tienen enfermedades intestinales ya que pueden padecer diarreas grasas con pérdida de esta vitamina”, explica. Tomar antibióticos también repercute en la cantidad porque “al destruirse la flora intestinal se puede alterar la producción de vitamina K”.

3. ¿Qué cantidad diaria hay que tomar?

En España, la cantidad diaria recomendada (CDR) de vitamina K es de 75 microgramos, un objetivo fácil de alcanzar con una alimentación variada. Charro afirma que “la dieta es suficiente para mantener los niveles adecuados porque está muy repartida en los alimentos, con especial abundancia en los vegetales de hoja verde, aceite de oliva y soja, mantequilla y leche”. Las hortalizas verde oscuro (lechuga romana, espinacas, col rizada, brócoli, endivias, perejil) tienen más de 40 microgramos por 100 gramos, al igual que el aceite de oliva, margarina, piñones o kiwis.

4. ¿Para qué se utiliza en dermocosmética?

Ojeras, hematomas producidos por cirugía o enrojecimiento facial pueden mejorar con esta vitamina. “Se debe a su capacidad descongestiva y reductora de la pigmentación causada por el acúmulo de hemosiderina que aparece en ojeras y hematomas”, detalla Natalia Jiménez, del Grupo de Dermatología Pedro Jaén. Se comercializa en forma de serum para ojeras, y en gel o crema para la cara. La duración del tratamiento varía desde semanas en hematomas, hasta meses para reducir su color.

 5. ¿Son seguras las cremas?

A pesar de sus propiedades antihemorrágicas, la dermatóloga Natalia Jiménez destaca que “los productos tópicos comercializados tienen baja concentración de vitamina K, por lo que es excepcional que causen problemas en el organismo relacionados con la coagulación”. Insiste en la seguridad de los productos comercializados ya que su “actuación se limita a la piel”, siempre que se apliquen “siguiendo las pautas médicas”.

 

Más información