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Las vitaminas del zumo no se van

Analizamos quince 'frases de madre' que trufaron nuestra infancia. ¿De verdad había que beberse el jugo con tanta rapidez?

Las vitaminas del zumo no se van

Aclarado de una vez (en este mismo medio) que el famoso corte de digestión es una leyenda urbana tejida a lo largo de décadas por padres deseosos de dormir una siesta de dos horas sobre la tumbona de la piscina, analizamos otras aseveraciones con las que los progenitores tejieron nuestra infancia. Estas son algunas de las frases más repetidas a diario (aún hoy) en los hogares españoles. ¿Pero cuánta verdad hay tras ellas? La doctora Marta Rodríguez, médico internista de la Clínica Cima-Sanitas de Barcelona, y el doctor Moisés Robledo, médico de familia del Centro de Salud Contrueces de Gijón y secretario de información de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, las analizan una a una.

1. "Sécate bien el pelo antes de irte a la cama o vas a pillar un catarro".

Pues resulta que no. “Aunque desde luego no es agradable hacerlo, este hecho solo contribuirá, como otros factores ambientales y el propio estado del sistema inmunológico, a que se manifiesten con más facilidad virus de los que ya somos portadores”, explica la doctora Rodríguez. Se trata de un factor que puede contribuir, junto con otros, a disminuir las barreras frente a las infecciones, pero el hecho de irse a la cama con el pelo mojado por sí solo no produce catarros. Tampoco caminar descalzo.

2. "Abrígate, que estás sudando".

Mejor esperar un poco, sobre todo si es después del ejercicio. Lo explica el doctor Robledo: "La sudoración es un proceso necesario durante el cual se reduce el calor del cuerpo. Una vez termina la actividad física, es cuando cambia la producción de calor y hay que taparse. Pero siempre cuando el sudor se haya secado, para minimizar la pérdida de calor”.

3. "Si te tragas un chicle, se queda pegado en el estómago para siempre".

La de noches de insomnio que habremos pasado pensando en el dichoso chicle creciendo y echando raíces en las paredes de nuestra tripa. Totalmente innecesario. “Para eso tenemos los jugos gástricos, que absorben una parte". ¿El resto? Tendrá el mismo cruel destino que la fibra que contienen los alimentos: “Pasar a formar parte del bolo fecal para ser expulsado”, detalla la doctora.

4. "Pídete el refresco del tiempo, que frío te provocará anginas".

Tampoco. Como indica la internista, “aunque cada persona tiene una tolerancia o una sensibilidad diferente frente al frío, una vez más este no deja de ser un elemento solo coadyuvante de padecer una amigdalitis aguda, que solo será provocada por un virus o una bacteria”. Lo más importante para defenderse de las bajas temperaturas es el estado inmunológico de la persona.

5. "Te vas a quedar sordo con la música tan alta".

Da igual que retumbe la minicadena o el sonido se focalice en unos auriculares. Moisés Robledo da la razón a las madres. “El umbral de audición tiene que ser el adecuado para cada persona. Y está probado que los individuos que desarrollan trabajos de alta contaminación y volumen acústico (probadores de armas, construcción, etcétera) pueden padecer enfermedades auditivas propias”. En conclusión, si los umbrales son muy altos hay riesgo de aparición de lesiones. “Existen casos en los que el oído se acostumbra a tonos muy altos y le cueste reconocer o escuchar correctamente los normales”, añade el especialista.

6. "Si te muerdes las uñas, se deforman".

En este caso, también hay que obedecer a las madres. Lo indica la doctora Rodríguez: “Se ejerce una acción mecánica repetida que acabará provocando lesiones en el lecho ungueal [tejido bajo la uña]. Esto se puede ver agravado por infecciones en la zona circundante”. Las manicuristas saben reconocer a la perfección unas uñas que han sido mordidas durante años y, en ocasiones, lo tienen muy difícil para trabajar sobre ellas.

7. "Si no bebes leche, no vas a crecer".

Es cierto que la leche es una buena fuente de calcio (el mineral que necesitan los huesos para desarrollarse y estar fuertes), pero esta frase no es del todo cierta. “La leche no es la única fuente de calcio y si se sustituye por otros alimentos ricos en este mineral se podría hasta prescindir de ella” señala Rodríguez. En el top ten se encuentran las espinacas, la cebolla, las acelgas, el brócoli, todas las legumbres, las nueces, el yogur, los quesos, el huevo, las sardinas, el marisco y las galletas tipo María.

8. "Cierra bien la boca, que te entra aire".

Las madres vuelven a acertar. “La boca abierta, en la calle, permite la entrada del viento, reseca nuestras mucosas, disminuyendo las defensas, y facilita la entrada de posibles virus, aumentando el riesgo de una afección de garganta” señala Rodríguez. El doctor Robledo insiste en la importancia de llevar bufanda: “Siempre hay que adaptar el cuerpo al entorno y taparse la boca puede impedir la entrada de gérmenes”.

9. "Si te frotas tanto los ojos, se te caerán las pestañas".

Lamentablemente, cierto. Y va para todos. “El tejido donde se insertan las pestañas es muy fino y frágil y, además de provocar caída por el propio movimiento brusco de la frotación, también producirá inflamación y posteriormente descamación de la zona, facilitando aún más la caída”, aclara la doctora. Hay que intentar ser conscientes de las consecuencias de este habitual gesto y evitarlo en la medida de lo posible.

10. "Si te pica o escuece, es porque se está curando".

“Se cree que una herida pica porque a la zona acuden células sanguíneas que liberan histamina (una sustancia química y natural que el cuerpo expulsa para ayudar a activar las células que se encargan de cerrar las heridas y crear nuevos tejidos)”, esclarece Rodríguez. Por tanto, mamá (y papá) tenían razón. Y este efecto es sinónimo de que se está produciendo la reacción fisiológica de curación.

11. "Bébete el zumo antes de que se vayan las vitaminas".

El doctor Moisés Robledo insiste en que los alimentos no pierden sus propiedades. Y nos remite al artículo Recomendaciones de manipulación doméstica de frutas y hortalizas para preservar su valor nutritivo, de Revista Española de Nutrición Humana y Dietética, donde los autores subrayan: "Existe la falsa creencia de que la vitamina C del zumo de naranja casero es poco estable, cuando solo condiciones extremas (ejemplo: calentarlo a 120 ºC) disminuyen de forma considerable dicha vitamina, que se conserva perfectamente en el zumo hasta 12 horas después, aunque el sabor puede volverse mas amargo". Definitivamente, madres, no había que beberlo con tanta rapidez.

12. "Ponte recto o te saldrá chepa".

El mensaje es algo exagerado. “No hay consecuencias tan graves como lo que conocemos por chepa. Pero es indudable que llevar habitualmente una actitud postural de hombros caídos si dará lugar a un aumento de la curvatura superior de la espalda, llamada cifosis”, indica Marta Rodríguez.

13. "Si te pegas mucho a la tele te vas a quedar ciego".

El doctor Robledo echa por tierra esta amenaza de ceguera. “Para quedarse ciego es necesaria una lesión de retina. Los ojos son una especie de cámara fotográfica y necesitan enfocar. Aunque no es recomendable, y puede ser síntoma de un problema como la miopía, los niños llevan con mayor facilidad del proceso de acomodación que los adultos, a los que la cercanía sí puede causar dolor de cabeza y fatiga ocular”. 

14. "Come despacio, que te va a sentar mal la comida".

Rigurosamente verdad. “Comer rápido implica una mala masticación y, por lo tanto, una mala preparación del bolo alimenticio para su posterior digestión y absorción en el estómago. Hay que intentar masticar con calma y tomarse su tiempo en la mesa”, aconseja la doctora.

15. "No pongas los ojos bizcos, que te puede dar un aire y quedarte así para siempre".

Solo es una postura ocular desagradable. Y no es de extrañar que se ponga el grito en el cielo ante la visión de un niño bizqueando voluntariamente. Pero es falso que tenga efectos secundarios. “Durante el bizqueo, solo se ejercita un músculo (el de abducción), que posteriormente se moverá con mayor facilidad, incluso de forma inconsciente”, manifiesta Marta Rodríguez.

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