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El visionario de la sostenibilidad

Javier Goyeneche ha situado Ecoalf en la vanguardia de la investigación textil. Sus prendas elaboradas a partir de residuos ya han conquistado EE UU

Ahora comienza su expansión por España

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Javier Goyeneche (Madrid, 1970) fundó la marca Fun & Basics con 24 años, y hace cinco puso en marcha Ecoalf, una firma de prendas y complementos elaborados a partir de materiales reciclados.

Marc Jacobs, Gwyneth Paltrow y Will.i.am tienen dos cosas en común. Tres, si incluimos el pasaporte. Son estadounidenses, iconos de estilo y clientes de una marca española: Ecoalf. Especializada en prendas y complementos fabricados con materiales reciclados, en cinco años ha conseguido situarse a la vanguardia de la moda sostenible y hacerse un hueco dentro de la industria general. Sin adjetivos ni etiquetas. Y todo gracias a una botella de PET (un tipo de plástico), el primer residuo que su fundador, Javier Goyeneche (Madrid, 1970) consiguió convertir en tejido y luego en bolso. Después llegaría toda una gama textil elaborada a partir de redes de pesca, neumáticos, algodón posindustrial y café. Piezas que ya se venden en 11 países y que comienzan a distribuirse ahora en España. Porque, en este y otros aspectos, Ecoalf ha demostrado que salirse de la norma no solo es posible sino necesario.

La facturación en España supone el 9% del volumen de negocio de la compañía. Su primer mercado es Estados Unidos, donde solo en un año y medio ha cerrado siete alianzas estratégicas. Entre ellas, una con Gwyneth Paltrow, junto a la que han diseñado un anorak que se agotó dos días después de ponerse a la venta en la web de la actriz, Goop. También han realizado un tejido sostenible para Marc Jacobs, y parte de la primera colección de Ekocycle, una marca participada al 50% por el rapero Will.i.am y Coca Cola, que busca concienciar a la sociedad sobre las bondades de lo sostenible. Este proyecto se presentará el próximo 5 de febrero en Harrod’s, los grandes almacenes londinenses, donde el vestuario creado por Ecoalf permanecerá a la venta durante dos años en un espacio exclusivo de 750 metros cuadrados.

Su primer socio en EE UU no tiene nada que envidiar al gigante de los refrescos. La directora de distribución de Apple se puso en contacto con ellos tras descubrir la marca en una página japonesa de coolhunters [cazadores de tendencias]. “No podíamos creerlo. Nos encargó una línea de fundas para sus ordenadores, que hoy pueden encontrarse en 250 tiendas estadounidenses de la compañía informática”, recuerda Goyeneche.

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Javier Goyeneche, fundador de la firma, rodeado de parte de su equipo, que cuenta con una ingeniera química dedicada en exclusiva a la gestión de tintes para las prendas.

Esta colaboración no solo les abrió las puertas del mercado internacional, sino que lo hizo en el momento adecuado. Era mayo de 2012 y un mes antes el empresario madrileño había terminado de reunir el capital necesario para poder dar a la compañía el impulso que exigía. “En 2009, pensamos que encontraríamos tejidos sostenibles en el mercado para empezar a desarrollar nuestro concepto. Pero solo había telas recicladas en un 15% y con un tacto pésimo. Así que tuvimos que fabricar las nuestras: tres variedades de PET 100% reciclado con las que elaboramos una colección de bolsos que nunca dejamos de vender”, apunta.

Después, Goyeneche pasaría casi tres años buscando proveedores, productores e inversores. También gestionando la liquidación y venta de Fun & Basics, la marca que fundó con 24 años, y que en aquel momento atravesaba su segundo concurso de acreedores. “En 2006 empezamos una expansión demasiado rápida, abriendo tiendas en locales con un alquiler de miles de euros al mes. Entró un fondo de capital riesgo. Llegó la crisis. Los bancos cortaron las líneas de importación. Las ventas bajaron y nos vimos con un problema de circulante enorme”, resume. Lección aprendida. Ecoalf solo cuenta con una boutique propia en Madrid, aunque está presente en más de 330 comercios multimarca.

Finalmente, el grupo propietario de la firma El Niño adquirió Fun & Basics. Y el reconvertido, en esta ocasión, fue Goyeneche. Decidió centrarse en la marca que había ideado para llevar su primera compañía “al mundo verde”. Su objetivo: “Crear el Ferrari del reciclado”.

El empresario confiesa que le “encantan las complicaciones”. Imposible negar la evidencia. Tras las botellas PET, firmó dos acuerdos con sendos puertos de Corea para utilizar sus redes de pesca, tejidas en nailon 6,6 –“el mejor del mercado”–. Un material que les permitió desarrollar mayor variedad de texturas para sus productos. Porque el fundador de Ecoalf insiste en que el diseño es igual de importante que la sostenibilidad para el futuro del proyecto. “Por muy bonita que sea la historia que les cuentes, la gente no va a comprar ese traje de baño si no les queda bien o no les gusta el color. El patrón y la calidad son lo primero. Nuestra filosofía va por debajo, porque queremos competir en igualdad de condiciones con las marcas de moda, digamos, normales”, aclara.

Ecoalf elabora prendas a partir de redes de pesca y botellas de plástico. Ha desarrollado tejidos reciclados para Marc Jacobs y LVMH, y el rapero Will.i.am

Para conseguirlo, ha convertido la investigación en materiales en el motor de la compañía. Después de las redes, llegaría el tratamiento del algodón posindustrial –el excedente de las manufacturas–, y una alianza con la cadena de tiendas 7-Eleven de Taiwán para recuperar, tratar y transformar los posos de café. Por si todo el proceso de obtención de recursos no fuera lo suficientemente difícil, Goyeneche ha impuesto una regla de oro que hace de la logística otro gran reto: Ecoalf fabrica donde recicla. Y ahora lo hace en 14 países. De Portugal a Japón, pasando por India y México. También en España. En sus costas toma forma la última “aventura” del empresario: recoger, clasificar y transformar los residuos del mar. Más exactamente, los restos de polipropileno (el material del que están hechas, por ejemplo, las bandejas de fruta), PET y poletileno (bolsas) que quedan enganchados en las redes de arrastre. De momento, ya ha firmado una alianza con las cofradías de pescadores de Levante.

“La nuestra no es una empresa financiera. Si analizas este último plan desde un punto de vista puramente mercantil resulta obvio que no es rentable. ¿Por qué sacar el PET del mar si lo tienes en tierra? Porque nadie lo hace. Eso es Ecoalf”, analiza Goyeneche.

Resulta muy difícil encontrar otra firma de moda en España “que esté involucrada e invierta tanto en I+D+i”, según asegura Marta Calvo Robles, miembro del departamento medioambiental del Centro Tecnológico del Calzado de La Rioja. Sabe bien de lo que habla. Ella ha sido la responsable del proyecto que Ecoalf emprendió en 2012 junto a Signus, la organización de referencia en España dentro de la gestión de neumáticos usados. La misión consistía en fabricar chanclas a partir de ruedas viejas. Un encargo que puede parecer asequible, pero que ejemplifica el nivel de exigencia inherente a la marca . El más difícil todavía como lema vital y empresarial. Si hasta ese momento lo común era recuperar polvo de neumático en un 40%, su primera meta fue hacerlo en un 75%. El modelo final de flip flops que salió del centro alcanzaba el 100% y no incluía ningún tipo de aglutinante ni pegamento.

Durante más de un año y medio, el equipo dirigido por Calvo y compuesto por tres personas testó decenas de tipos de neumáticos e implementó complejos procesos químicos hasta conseguir un producto que satisficiese los estándares de calidad de Ecoalf y se pudiese industrializar. “Una de sus premisas fue que no se notara que era reciclado: nada de grano grueso en los acabados, lo cual nos dio más de un quebradero de cabeza. Además, buscaban que no pesara mucho y que no oliera a neumático. Después de mucho buscar, encontramos un absorbente de aromas que incorporamos en micropartículas”, recuerda la investigadora. Mirando esas sencillas chanclas, nadie podría imaginar que encierran tanto esfuerzo.

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Una bota y una mochila de la colección de Ecoalf para este otoño. La marca provee a los fabricantes de calzado de todos los elementos –desde la suela hasta los cordones pasando por el tejido– para que compongan su colección de zapatos. Las cremalleras, como la que lleva el macuto, son el próximo gran reto de la firma: buscan alternativas para producirlas íntegramente a partir de materiales reciclados.

A Goyeneche le gusta decir que su método de trabajo es exactamente el opuesto al de Zara. Los 51 tejidos reciclados que ha creado hasta la fecha no solo tardan tiempo en desarrollarse, como las flip flops, sino en fabricarse. Mientras que para preparar la colección de otoño/invierno, que se presenta entre enero y febrero, un diseñador normal no necesita comprar las telas antes de junio, en Ecoalf empiezan a trabajar en ellas con casi un año de antelación.

Pero el resultado merece la pena. Su apariencia es prácticamente imposible de diferenciar de las estándar y compiten con las de los grandes productores ecológicos internacionales. Por ejemplo, el tejido elaborado a partir de redes de pesca tiene 20 puntadas por milímetro, “las mismas que el nailon más fino”, según el empresario. Luego no es de extrañar que los materiales hayan terminado convirtiéndose en una nueva división de negocio de la firma. Además de a Marc Jacobs, ya han vendido paños a la española Hoss Intropia. Incluso Louis Vuitton Moët Hennessy les ha encargado un tejido de botellas 100% recicladas para fabricar los saquitos que envuelven sus bolsos y zapatos. Y cuando el grupo más grande del mundo del lujo se convierte en tu cliente, esto no puede interpretarse sino en clave positiva.

Aunque para Goyeneche siempre hay margen de mejora. Empezando por el precio. Recoger los envases de PET, almacenarlos, tratarlos, convertirlos en virutas, luego en hilo y después en tela, transportarla, desarrollar procesos personalizados y poner de acuerdo a los distintos actores que participan en el proyecto resulta más caro que acudir a mayorista y comprar unos metros de algodón. Los bolsos de Ecoalf cuestan en torno a 200 euros y sus abrigos, cerca de 350. “Lo ecológico ha sido históricamente caro: lo es el coche eléctrico y también la comida bio. Este es uno de nuestros grandes retos”. Otro, producir cremalleras recicladas. “Si hiciésemos un pedido lo suficientemente voluminoso su coste sería asumible. Cuando una gran compañía exija a los proveedores productos sostenibles se cuadrarán y todos nos beneficiaremos”.