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Soler recrea la soledad en 'El sueño del caimán'

Hay venganza, pero sobre todo se trata de una historia de soledad, una reflexión sobre la vida, la identidad y el papel de la memoria. Antonio Soler (Málaga, 1956) construye en El sueño del caimán (Destino) una novela de amor inundada de desarraigo por la que transitan sueños y fracasos. "La venganza está en la trama condicionada y determinada por la soledad severa del protagonista", dijo ayer el autor durante la presentación de la obra en Madrid.

La novela se desarrolla en la Barcelona de los años cincuenta, donde un grupo de resistentes al franquismo planea el asalto a un polvorín, y en Toronto (Canadá) en los noventa. Es en esa ciudad donde se produce el inesperado encuentro entre el presunto traidor y uno de los antiguos compañeros, que abre la puerta a un acto de venganza largamente esperado. Por las páginas de esta obra discurren personajes que se exiliaron, que fueron traicionados, que tienen acumuladas en su interior elevadas dosis de venganza y rencor. El protagonista se reencuentra con el pasado y desencadena una historia que estaba en letargo.

Lenguaje sin florituras

Soler, autor de El camino de los ingleses, adaptada al cine por Antonio Banderas, cree que con la nueva novela ha conseguido "un estilo más depurado que en las anteriores". "El lenguaje tenía que ser más directo, sin florituras. La novela es un territorio a explorar y a mí me gusta transitar por caminos desconocidos. El sueño del caimán me ha abierto una puerta para seguir investigando y esta obra tiene un aliento poético notable". El título, según el autor, hace referencia "al caimán que todos llevamos dentro".

El escritor rescata en este nuevo trabajo literario a brigadistas, revolucionarios burgueses y comunistas radicales para poner en evidencia el desencanto que sufren sus protagonistas al ver cómo los ideales defendidos hasta la muerte se van desplomando con el paso del tiempo. Ambientada en la posguerra, Soler niega que El sueño del caimán sea una novela sobre la Guerra Civil. "Aborda las consecuencias de la contienda, el exilio, la posguerra y todo lo que ello provocó en los ciudadanos de este país".

Soler se define como "un pesimista que intenta pasárselo bien en una vida que siempre acaba mal y que tiene unas cuantas bromas pesadas". Como escritor, le gusta indagar en los terrenos de la venganza y la traición, por eso lleva al protagonista al límite. "Fue traicionado en el terreno político y en el sentimental". La venganza en la trama está condicionada por la soledad que sufre el protagonista, un militante antifranquista encarcelado y torturado, que cuando sale de prisión 10 años después y se exilia sigue sin libertad, porque tiene la sensación de que su cadena ya es perpetua. "Él es, en definitiva, uno más de esa legión de ciudadanos españoles que puso su vida al servicio de unos ideales y que vivió esperando que se cumpliesen sus sueños sin que éstos llegasen nunca a lograrse".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de mayo de 2006