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sábado, 16 de enero de 1999

Fallece Aldo van Eyck, arquitecto clave del estructuralismo holandés

Deslumbrante y polémico, encarnó el espíritu de los años sesenta

El arquitecto Aldo van Eyck falleció el pasado jueves, a los 80 años de edad. La figura más representativa del llamado "estructuralismo holandés" fue un arquitecto deslumbrante y un polemista abrasivo que encarnó el espíritu sociológico de los años sesenta, y que mantuvo la energía crítica y creativa hasta sus años finales.

Hijo del poeta y filósofo Pieter Nicolaas van Eyck y de Nelly Estelle Benjamins, una mujer de origen judío y latino que se había criado en Surinam, Aldo nació en Holanda el 16 de marzo de 1918, pero al año siguiente la familia se trasladó a Gran Bretaña, y allí pasó su infancia y primera juventud, modelado a la vez por la erudición humanista del padre y por la vitalidad tropical de la madre. Después de completar su educación secundaria en La Haya entre 1935 y 1938, se formó como arquitecto en la prestigiosa ETH de Zúrich, titulándose en 1942. La guerra le retuvo los años siguientes en la neutral Suiza, y allí se integró en el círculo de artistas de vanguardia formado en torno a Carola Giedion-Welcker (esposa del historiador Sigfried Giedion), cuya poderosa personalidad influyó decisivamente en la carrera de Van Eyck; también en Zúrich conoció a la arquitecta Hannie van Roojen, con la que contrajo matrimonio en 1943, y que sería su colaboradora durante la última etapa de su vida.Tras regresar a Holanda en 1946, Van Eyck trabajó en el Departamento de Obras Públicas de Amsterdam, construyendo más de medio centenar de parques de juegos infantiles, donde pudo experimentar las combinaciones formales y la coreografía optimista que impregnarían su trabajo posterior. La estrecha relación con los artistas del grupo CoBrA y los viajes por el continente africano alimentaron su visión crítica del racionalismo arquitectónico, por entonces ya anquilosado y burocrático, y con cuyos líderes colaboraba en el marco de los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna). El décimo de estos congresos, celebrado en 1956, fue organizado por un grupo de jóvenes radicales entre los que estaba Van Eyck, que adoptaron el nombre de Team X (por el CIAM X) y que aprovecharon la oportunidad para demoler desde el interior un edificio intelectual que juzgaban caduco.

Los CIAM se disolvieron finalmente en 1959, y a partir de entonces el liderazgo de la vanguardia arquitectónica pasó a los jóvenes turcos del Team X: Alison y Peter Smithson, Candilis, Bakema y Van Eyck. Los dos últimos se hicieron cargo en esa fecha de la revista Forum, que actuaría como portavoz del movimiento en los años siguientes, los más fructíferos de la trayectoria de Van Eyck, cuya proyección pública a través de los proyectos, los polémicos textos y la docencia lo convertiría en un inexcusable punto de referencia durante los sesenta, y en la figura que mejor expresó la sensibilidad ideológica del 68. Su fascinación por la construcción vernácula y su malestar con el eurocentrismo homogeneizador le hicieron preconizar una arquitectura que aspiraba a sustituir el espacio y el tiempo por "el lugar y la ocasión", y la fusión de esa dimensión antropológica con la tradición neoplástica de los Países Bajos cristalizó en lo que después se llamaría estructuralismo holandés, en el que el orden geométrico está al servicio de la forma azarosa y cambiante de la comunidad.

La "claridad laberíntica" de este estructuralismo, que orquesta con elementos rítmicos la libertad imprevisible del movimiento humano, se expresa admirablemente en el orfanato de Amsterdam. Esta obra maestra, terminada en 1960, alberga a los niños en una aldea geométrica e inabarcable, racional e inesperada a la vez, cuya belleza emblemática proviene tanto de la reiteración musical de las bóvedas como de lo que el conjunto tiene de manifiesto humanista y libertario. La iglesia Pastoor van Ars de La Haya y el pabellón de esculturas de Arnhem, construidos ambos en los años sesenta, emplean también esa gramática que combina el orden de los pequeños elementos repetidos con el azar de los acontecimientos imprevistos, pero ningún proyecto posterior alcanzaría la pureza retórica del orfanato.

En los setenta Van Eyck construyó la residencia para madres y niños de Amsterdam, un proyecto de complicadas geometrías y vivos colores, que llegarían al paroxismo durante los ochenta con la sede para la Agencia Europea del Espacio en Noordwijk, en la que combinó un extravagante orden endecagónico (basado en el polígono de once lados) con todo el registro cromático del arco iris. Provocador en su arquitectura, y dulce en su trato, con Aldo Van Eyck mueren también un poco las esperanzas de una década inocente y optimista.

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