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Entrevista:

"El bolero es producto del mestizaje"

Iris M. Zavala (Puerto Rico, 1936) es profesora de Literatura en la universidad de Utrecht (Países Bajos). Autora de una treintena de obras de crítica literaria, poesía y novela, su último libro, El bolero. Historia de un amor, es un ensayo-ficción sobre esa forma clásica de la música popular latinoamericana que surgió en el Caribe a finales del pasado siglo, al mismo tiempo que el modernismo y el tango. Zavala prepara una segunda edición corregida y aumentada del libro.

Pregunta. En su libro El bolero. Historia de un amor usted escribe sobre el bolero con desparpajo y pasión, incluso con sensualidad. ¿Cómo compagina su vocación de intelectual marxista con las connotaciones noctambularlas y frívolas de los boleros? ¿Es un devaneo?Respuesta. En absoluto. Me ha llevado muchos años dejar la solemnidad intelectual, el corsé de lo académico. Pero mi concepto de la libertad me impulsa a vivir mis vidas. Hay muchos mundos, muchas vidas en cada cual. Y hay que vivirlas. Por otra parte, el bolero, del mismo modo que el tango o el fado, tiene su origen en estratos sociales cercanos al lumpen proletariat, como gran parte de las formas de música popular. Además, por mi labor docente e investigadora, siempre he estado, en contacto con los movimientos románticos, con comuneros, carbonarios, bohemios, libertinos e iluminados. Algo se me habrá pegado de sus arrebatos.

P. ¿Sigue siendo usted marxista?

R. Por supuesto. Sigo pensando que el futuro es nuestro, que la utopía existe. Es una maravilla no ser iguaL Es una maravilla soñar. Si sueñas, estás colaborando a la transformación de la realidad.

P. ¿Cómo se inició en usted esa particular fascinación por el bolero?

R. La verdad es que fui algo precoz. A los nueve años ya leía a Kant y a Unamuno. Pero, a lavez, me dejaba empapar por la otra cultura, por la guaracha, el merengue, el bolero. Recuerdo que siendo muy pequeña, de cinco o seis años, escuché por primera vez Bésame mucho. Así empezó el flechazo. También desde muy niña me percaté de que en la vida hay que bailar, reír y amar. El diablo no sabe amar; la maldad, tampoco. El infierno está lleno de gente solemne y aburrida.

P. En 1991, además del libro sobre el bolero, usted ha publicado otras dos obras, Unamuno y el pensamiento dialógico y La posmodernidad y Mijail Bajtin. ¿Qué método utiliza para escribir tanto y tan dispar?

R. Fundamentalmente, la intensidad. Y, claro, el trabajo Soy muy disciplinada. Trabajo diez o doce horas diarias. Salgo muy poco porque necesito silencio y concentración. Leo mucho, reflexiono mucho. Mi relación con el mundo son los amigos, que son pocos, y se me están muriendo, como Aurora de Albornoz o como Raffi Rodríguez, a quien tanto quise y a quien he dedicado el libro sobre el bolero.

P. ¿Tiene usted muchos amores?

R. Mis grandes amores se llaman Miguel: Bakunin, Unamuno, Bajún y, por supuesto, Miguel de Cervantes.

P. ¿Le da tiempo a escribir con tanto ajetreo sentimental?

R. Acabo de terminar una novela que está a punto de publicarse, El libro de Apolonia o de las islas. Es una historia de las islas del Caribe. Apolonia canta boleros. Y no habla de descubrimiento, sino de conquista. También preparo dos ensayos sobre el tango y el fado, en la misma línea que el libro del bolero.

P. Volviendo al bolero, ¿cuáles son sus temas y sus intérpretes predilectos dentro de este género?

R. El bolero que más me gusta es Perfidia. Y en cuanto a los intérpretes, hay varios. Olga Guillot canta Tú me acostumbraste como una diosa. Toña la Negra no se queda atrás en Arráncame la vida, como Ruth Fernández cuando interpreta Borrachita. Me gusta muchísimo Agustín Lara, no sólo como genial compositor, sino también como intérprete. Y sin olvidar a Lucecita Benítez, y Machín, y Los Panchos, que, más que un trío, son una constelación.

P. Algunos boleros tienen un innegable tufillo cursi o, al menos, amanerado.

R. Ya dije alguna vez que el bolero es algo así como un culebrón escrito por Petrarca. El bolero debe mucho a Rubén Darío y ha colaborado a democratizar el modernismo. Pero sobre todo, una música como el bolero es producto del mestizaje, concepto fundamental en toda gran cultura. La cultura es un encuentro. En este caso, el bolero es un encuentro entre lo caribeño, lo hispano y lo africano.

P. Algunos dicen que un bolero es una bola, una mentira para engatusar a alguien. ¿Cómo se puede decir en serio eso de que solamente una vez amé en la vida?

R. Eso son cosas que a todo el mundo agrada escuchar, aunque sólo sean fruto de un instante pasional.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de diciembre de 1991

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  • Iris M. ZavalaEscritora