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Terminó el certamen donostiarra

La ficción teatral se convierte en realidad en "Función de noche"

Encontrarse a través de un personaje». Así podría resumirse en una frase la película de Josefina Molina Función de noche. En ella, la peripecia personal de una mujer de 45 años es contada frente a las cámaras por su protagonista real: Lola Herrera, que ha entrado en crisis al comprobar el paralelismo existente entre su vida y la de otra mujer de su misma edad, Carmen Sotillos, que creó Miguel Delibes, y a la que ella da vida cada día en los escenarios al representar la adaptación teatral de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.

La película tiene su origen, en opinión de sus creadores y protagonistas, en una doble relación de ficción-realidad: la de Carmen Sotillos y Lola Herrera, y la de esta actriz con Josefina Molina y José Samano, directora- adaptadora y productor de la obra de Delibes.Lola Herrera recuerda que en los primeros días de representación en Madrid de su papel en Cinco horas con Mario «odiaba a Carmen», personaje central, la mujer que en un largo monólogo recordará su vida con el marido que acaba de morir y al que vela. «Me parecía una mujer vulgar que nada tenia que ver conmingo. Sin embargo, poco a poco, en frases determinadas de mi monólogo, empecé a ver pasajes de mi vida. El paralelismo entre aspectos de la vida de Carmen y de la mía empezó a ser tan grande que entré en una crisis de identidad. Había descubierto todo lo que de mí había en Carmen y me encontré a través de ella».

Josefina Molina y José Samano, que habían visto a la actriz desmayarse en el estreno en Barcelona, comieron con ella en Madrid el 10 de octubre pasado. La crisis de personalidad de la actriz fue el tema de conversación. «El personaje de Carmen» , les explicó Lola Herrera, «me ha hecho ver los errores de mi vida, y deseo cambiar, vivir, empezar de cero». Directora y productor se miraron entre manteles y copas: «Era la película que llevábamos un año buscando».

Hubo luego un largo período de conversaciones entre la actriz y directora y productor, que trataban sin éxito de reflejar el conflicto de aquélla en un guión. Al final llegaron a la conclusión de que debía ser la propia Lola Herrera quien, ante las cámaras, y en conversación directa con Daniel Dicenta, actor del que se separó hace quince años, descubriera las razones de su fracaso afectivo, acaso la clave de su fracaso como mujer.

En un camerín recreado en estudios y escrutado por ocho cámaras colocadas tras los espejos, dispuestas a filmar sin interrupción -y por turnos- hasta 30.000 metros de película, Lola Herrera y Daniel Dicenta hablaron sin trabas sobre su matrimonio, su separación, sus hijos, su vida en común y por separado. «No tuve duda de prestarme a la conversación», afirma la actriz. «Era importante para mí sacar toda la mierda que llevaba dentro. Aquello no fue para mí un rodaje, ya que conseguí olvidarme de que había cámaras y micros, y fui yo la que hablé ante Daniel, hombre.

El núcleo central de la película será ese diálogo real en el que se han intercalado secuencias en las que se recogen los intentos reales de la actriz para salir de su crisis (petición de nulidad matrimonial, dudas sobre una operación de cirugía estética, paseo con una amiga que ha resuelto su problema, visita a una echadora de cartas y aproximación a sus hijos), que se mezclarán con pasajes de su interpretación en escena del papel de Carmen Sotillos.

En la historia real contada en Función de noche hay también muchos datos de la personalidad de Josefina Molina. «Lola tiene un año más que yo. Las mismas vivencias, aunque distinta trayectoria vital. Conozco a mucha gente como ella. Su historia es la de muchas mujeres de mi edad, reflejo de una generación de un país como España, que han perdido el tren de la vida».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de septiembre de 1981