PROGRAMAS TV
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Réquiem por la entrevista de café, copa y puro en televisión

Con estilos y tonos radicalmente distintos, Ángel Casas y Jesús Quintero forjaron carreras paralelas en una televisión que acogió con entusiasmo su trabajo. La escasa distancia entre el fallecimiento de ambos pone en bandeja la metáfora: con ellos se ha ido un subgénero

Javier Anastasio (izquierda) con el periodista Jesús Quintero en la playa de Buzios (Brasil), en 1990.Foto: CANAL SUR

Alrededor de un lustro antes de que Stevie Wonder nos aconsejara, vía campaña de la DGT, no conducir si habíamos bebido, otro músico de primera categoría hizo un particular alegato contra el alcohol en la televisión española. “Yo les recomendaría mantenerse al margen de la bebida”, sentenció Joe Cocker desde la segunda cadena de TVE. La peculiaridad de la sugerencia proviene de su puesta en escena: para pronunciarla, Cocker cogió el botellín de cerveza que tenía en el suelo y lo agarró como si se lo fueran a robar. Era su respuesta a la pregunta sobre su afición a la bebida que con total naturalidad le había formulado Ángel Casas durante la entrevista que le hizo para Musical express (1980-1983), su primer programa como hombre orquesta (presentador, director y guionista).

La primera vez que Ángel Casas se colocó frente a las cámaras de televisión fue en 1974, entrevistado por Moncho Alpuente para el programa Tele-Revista (1974) como el crítico musical respetado que ya era. Dos años después, en 1976, tuvo lugar otro debut en televisión española, que, como todos los históricos, solo se pudo consagrar en retrospectiva. Jesús Quintero, con una ya también consolidada carrera radiofónica, se ponía frente a las cámaras para entrevistar a Paco de Lucía en La hora de. Y le hizo una pregunta que removió algún despacho de Prado del Rey: “¿Qué es más importante a la hora de tocar la guitarra, la derecha o la izquierda?”. El guitarrista respondió que la izquierda era la que hacía música, la creativa, la inteligente y que la derecha era la que ejecutaba. La leyenda dice, tal y como recuerda en su libro El purgatorio Javier Salvago, poeta, guionista y colaborador fiel de Quintero durante más de 30 años, que la paliza que meses después recibió el guitarrista a cargo de un grupo de ultras que le pisotearon los dedos de la mano izquierda para que no pudiera volver a tocar se debió a aquella respuesta.

Con estilos y tonos radicalmente distintos, uno sardónico y erudito, el otro evocador y lacónico, Ángel Casas y Jesús Quintero forjaron carreras paralelas en una televisión que acogió con entusiasmo su trabajo. La escasa distancia entre el fallecimiento de ambos pone en bandeja la metáfora, con ellos se ha ido —lo hizo cuando se retiraron, pero todo tiene solución menos la muerte— un subgénero televisivo, la entrevista de café, copa y puro, una entrevista con cariz de charla de sobremesa, distendida, cercana, cómplice.

Casas y Quintero practicaron la entrevista con curiosidad sincera. Por la entrevista y por el entrevistado. Ambos habían vivido la noche y sus gentes, uno en Barcelona y el otro en Sevilla, a ambos les entusiasmaba lo suyo y los dos hacían gala de un carisma abrumador que, al contrario que otros conocidos entrevistadores devorados por su propio ego, sabían poner al servicio de su entrevistado. Ángel Casas siempre insistió en que no era mitómano, pero sabía más de sus entrevistados que cualquier admirador profundo. A Quintero no le gustaba “convertir el micrófono en una picana, ni la tensión del interrogatorio policial”. El primero le preguntaba a Ray Charles por sus adicciones sin juzgarle ni compadecerle y a Don Johnson por cuando robó un coche a los 12 años. El segundo le sacó a Borges el titular: “Horchata, sí; Gazpacho, no”. Se trataba de, como ha explicado Quintero alguna vez, “conducir gentilmente al otro hacia lo que es”.

No les resta mérito, pero el terreno estaba abonado. Al contrario de lo que predica el adanismo, la historia de la televisión española ha dado grandes entrevistas, grandes entrevistadores y grandes entrevistados, elementos que no siempre confluyen. El género floreció, como casi todos, en las décadas previas a las privadas, cuando TVE no era la televisión que nos merecíamos, era mucho mejor. Y nos dio programas de, o con, entrevistas tan dispares como A fondo, Estudio abierto (sucedido por Directísimo), Si yo fuera presidente, La edad de oro, Rockopop, Buenas noches o Más estrellas que en el cielo. Es difícil ponerse en la época, como bien explicó Elvira Lindo.

La entrevista cómplice ha tenido una muerte degenerativa. En los noventa y primeros 2000, seguimos asistiendo a programas que la ejercían, no hay más que recordar Queremos saber (1992-1994), La noche abierta (1997-2004) o la versión televisiva de El loco de la colina (2006-2007). Ahí estuvieron también Sabor a Lolas o Ay Lola, Lolita, Lola. Y Casas fue alternando programas en TVE y en TV3 hasta 2007. Pero asomarse a la tele de hoy es comprobar que solo quedan vestigios de aquello. La mayoría de las entrevistas se dividen en tres grupos: las promocionales, en las que el personaje casi acaba convertido en un macguffin (El hormiguero), las de pulso con el entrevistado (Évole, Gonzo) y las que solo busca el trending topic. Y luego está la antientrevista de Broncano, como bien la definió en este diario Javier Rodríguez Marcos. Los tímidos intentos de la televisión española por revitalizar el subgénero se han quedado en eso. Tal vez porque no solo ha cambiado la tele, ha cambiado el país que la acoge, los periodistas que se forjan en él, la manera de mirarlo. No es casualidad que su mejor representante contemporáneo sea Milá vs Milá, el programa en el que Mercedes Milá entrevista a personajes a los que entrevistó en sus primeros años y repasa con ellos aquella charla primera. A veces hay que ponerse en esta época. Aunque solo sea para renegar de sus ausencias.

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Sobre la firma

Paloma Rando

Redactora, columnista y guionista de televisión. Empezó a trabajar en el medio en 2006, en el departamento de vestuario de diferentes series, y dio el salto a guion en 2012. Su último trabajo emitido es 'Señoras del (h)AMPA'. Ha desarrollado series para Alea Media, Shine Iberia, Secuoya, Zeta studios y Suma content, entre otras productoras.

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