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Tu coche ya es un ordenador con ruedas: qué datos recoge y para qué se utilizan

Cómo y cuándo conduces, a dónde vas, con quién… Tu coche lo sabe todo de ti, y utiliza esa información para mejorar la conducción, calcular la póliza del seguro o venderlos a terceros 

Hombre viaja con la ayuda del sistema de navegación GPS.aire images (Getty Images)

Sensores, cámaras, conexión permanente a Internet, GPS en tiempo real, micrófonos y sistemas telemáticos… Hace tiempo que el coche dejó de ser únicamente un medio de transporte para convertirse en algo muy distinto: un auténtico ordenador con ruedas repleto de tecnología capaz de producir y transmitir datos de forma constante. Y sí, tu coche sabe mucho más de ti de lo que imaginas.

De hecho, distintos estudios del sector estiman que un vehículo conectado moderno puede llegar a generar hasta 25 gigabytes de datos por hora: hablamos de información suficiente como para reconstruir buena parte de la vida cotidiana de su conductor. Estos datos incluyen rutas y ubicación en tiempo real, horarios habituales, información relacionada con la conducción —como la velocidad, los patrones de frenado y aceleración o el estilo al volante—, así como diagnósticos técnicos del vehículo, entre ellos el estado del motor, el desgaste de los neumáticos o la presión de los frenos.

A todo esto se suman las interacciones que realizamos con el sistema de infoentretenimiento —búsquedas, llamadas, música, contactos sincronizados desde el móvil— y los datos relacionados con las redes y dispositivos conectados dentro del coche. Es decir, más allá de saber simplemente a dónde vas, tu coche puede llegar a registrar auténticos patrones de vida: dónde comes con frecuencia, dónde aparcas, cuánto conduces de noche, qué días utilizas más el vehículo o incluso con quién compartes trayectos de forma habitual.

¿Para qué sirven todos estos datos?

Lo cierto es que toda esta información sirve para mucho más que para diagnosticar averías o facilitar la navegación. En primer lugar, una parte importante de los datos se recogen con el objetivo de ofrecer servicios que, en teoría, mejoran la experiencia del conductor y la seguridad del vehículo.

Gracias a ellos son posibles las actualizaciones remotas de software (las conocidas OTA), las alertas de mantenimiento preventivo, los sistemas avanzados de asistencia a la conducción o las mejoras continuas en funciones de seguridad basadas en datos reales de uso. El coche es ahora una plataforma en constante evolución capaz de corregir fallos o incorporar nuevas funciones sin pasar por el taller.

Los datos también se utilizan para optimizar rutas, ofrecer información sobre el tráfico en tiempo real o sugerir servicios cercanos de interés, como peajes, estacionamientos disponibles o puntos de recarga para vehículos eléctricos. Todo ello contribuye a una conducción más eficiente, cómoda y, en muchos casos, más sostenible.

Pero el uso de esta información no se queda ahí. El sector asegurador ha encontrado en la conectividad del coche una nueva herramienta para calcular riesgos de forma mucho más precisa. Algunas compañías ofrecen pólizas basadas en el uso real del vehículo, conocidas como seguros telemáticos o “seguros basados en el uso”, que ajustan el precio en función del comportamiento al volante. La lógica es sencilla: si conduces de forma prudente, respetas los límites de velocidad y evitas maniobras bruscas, puedes acceder a descuentos en tu seguro. En cambio, una conducción considerada de riesgo puede traducirse en penalizaciones o primas más altas.

Aunque en España este tipo de seguros todavía no están muy extendidos, ya los ofrecen algunas grandes aseguradoras y se utilizan especialmente en flotas de vehículos de empresa, donde el control de costes y la reducción de siniestros son prioritarios.

Pero el seguro no es el único beneficiado de esta avalancha de datos. Alrededor del coche conectado se ha creado todo un ecosistema de empresas y actores interesados en esta información. Fabricantes de componentes, empresas de navegación, gestores de flotas, proveedores de servicios digitales y terceros especializados en el análisis y comercialización de datos forman parte de esta cadena.

En algunos casos, estos intermediarios elaboran perfiles de conducción que pueden acabar en manos de terceros, incluidas agencias de marketing o corredores de datos, lo que abre un debate cada vez más intenso sobre los límites de este modelo y el grado de control real que tiene el conductor sobre la información que genera su propio vehículo.

¿Qué ocurre con la privacidad?

En Europa, el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) considera que toda esta información, al estar vinculada directa o indirectamente a una persona identificable, es dato personal. Su tratamiento exige una base legal clara, transparencia y, en muchos casos, el consentimiento explícito del usuario.

Sin embargo, la práctica no siempre es tan clara como la teoría. La realidad es que cuando aceptas los términos de conectividad de tu coche —algo habitual al comprarlo o al activar servicios digitales— puedes estar cediendo derechos importantes sobre tus datos sin ser plenamente consciente de ello. Las políticas de privacidad suelen ser largas, técnicas y poco comprensibles para el usuario medio.

De hecho, diversos organismos europeos de protección de datos han advertido de que muchas de estas políticas no son lo suficientemente claras ni accesibles. El principio de transparencia exige que los conductores sepan qué datos se recogen, con qué finalidad concreta y con quién se comparten, algo que no siempre queda bien explicado. Muchos fabricantes permiten limitar o desactivar el envío de determinados datos desde la unidad de control del vehículo o a través de la aplicación móvil asociada al coche, siempre que exista esa opción. El problema es que esta decisión suele tener un coste: renunciar a determinadas funcionalidades como la navegación en tiempo real, los servicios remotos o algunas mejoras de seguridad.

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