Big data
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Compartes tu resumen de Spotify, pero ¿mostrarías también el de Google o Facebook?

Los usuarios de la plataforma exhiben alegremente estos días parte de la información que la empresa recoge de ellos. Pero hay otros datos que también tienen y que quizás no nos guste tanto airear

Spotify en un teléfono móvil.
Spotify en un teléfono móvil.Unsplash / Spotify

Las redes sociales se inundan estos días de una explosión de colores, formas geométricas y postureo. La gente comparte las capturas que más le interesan de Spotify Wrapped, el resumen anual del consumo que elabora para cada usuario la plataforma de streaming musical. Las motivaciones son diversas: sentirnos únicos, mostrar que nuestros gustos son lo más, llamar la atención.

Hay que reconocer que lo que ha conseguido Spotify tiene mucho mérito. Sus usuarios exhiben con orgullo algunos de los datos que la compañía ha extraído de sus hábitos de escucha, haciéndoles de forma gratuita una tremenda campaña de marketing. El fenómeno tiene implicaciones desde el punto de vista de la privacidad. Quienes comparten su Wrapped no solo saben que Spotify recoge y analiza datos sobre su vida (cantidad de horas y en qué momentos del día en que se escucha música, bandas y podcasts favoritos, estilos preferidos), sino que además no tienen reparo en hacerlos públicos.

¿Harían lo mismo con el resto de información que almacena Spotify, pero que no muestra en el resumen anual? La plataforma no solo sabe el nombre, dirección o edad de sus acólitos. Los gustos musicales dicen mucho de las personas. Más de lo que puede parecer. Si durante todo el día escuchas heavy metal pero por la tarde prefieres canciones infantiles, muy probablemente estamos ante un padre o madre. Si el streaming deja de funcionar a la hora del partido, es posible que tengamos delante a un aficionado al fútbol. Si a primera hora o por la tarde se escucha música muy rítmica que rompa con el consumo habitual, el sujeto puede ser un runner o deportista.

La compañía de origen sueco hace lo que en su política de privacidad califica como “inferencias”: a partir de tus patrones de consumo musical y estilos preferidos, los analistas de datos y sociólogos de la empresa desarrollan perfiles con determinados rasgos de carácter. Puede determinar cuántas probabilidades tiene un usuario de ser atrevido o tímido, más o menos sociable o hasta si es de izquierdas o derechas. Llega a estas conclusiones con enrevesados modelos estadísticos basados en correlaciones de datos muy variados.

Spotify elabora análisis matemáticos de las canciones, examinando ritmos, tempos y melodías, e investiga qué valores se asocian a cada banda o tema disponible. Asigna de ese modo un valor a cada tema, que a su vez da lugar a otro valor cuando se combina con el de las canciones incluidas en las listas de los usuarios. Toda esa información se cruza con los datos recogidos sobre el usuario por la propia plataforma o por terceros, como Facebook. Una investigación del New York Times reveló en 2018 que la red social de Mark Zuckerberg compartía datos sensibles de sus usuarios con unas 150 compañías, entre ellas Spotify.

¿Y por qué hace todo esto? Spotify, como tantas otras tecnológicas, analizan y ordenan todo ese torrente de información de sus usuarios para que los anunciantes puedan mostrar su publicidad a un público que encaje con lo que venden. Así funciona la llamada publicidad segmentada o dirigida, la piedra de toque de la economía digital moderna.

Spotify comparte por defecto tus datos con Facebook, a menos que le digas que no. También usa la información sobre tu consumo de música para servirte publicidad personalizada. Esta opción se puede desactivar también, aunque no del todo: la plataforma dejará de compartir con los anunciantes datos “acumulados” sobre ti, pero se te seguirán mostrando anuncios “basados en la información de registro de Spotify y en tus datos de uso en tiempo real”.

Hay un indicador que sirve para hacerse una idea de la sofisticación de los análisis de datos personales que hacen las tecnológicas: la extensión de los términos y condiciones del servicio. El texto que figura encima de esa pestaña que solemos aceptar sin leer cada vez que instalamos una aplicación. Spotify ofrece un documento de 8.600 palabras, lo que equivale a unos 35 minutos de lectura. El doble que Facebook, Amazon o YouTube, tres veces más que Instagram o Netflix y muy por delante de Twitter, LinkedIn o Tinder. Solo le supera Microsoft, que marca récord con 17.000 palabras y más de una hora de lectura.

Pero el furor de los Wrapped de Spotify plantea otra pregunta interesante. Quienes lo comparten en redes, ¿harían lo mismo con el resumen anual que elaboraran otras grandes plataformas? Google tiene mucha información sobre ti. Una vez más, la usa para servirte anuncios que te puedan interesar. Pero también sabe dónde y con quién estuviste anoche, qué tipo de porno te gusta y si realmente te fuiste de viaje de empresa esos días que estuviste ausente. Meta, empresa matriz de Facebook, Instagram y Whatsapp, conoce tu rango salarial y si votas a la derecha aunque pretendas ser de izquierdas.

Las fichas resumen podrían salir de lo más entretenidas. Servirían para entender hasta qué punto estamos escrutados en la era digital. Y quizás también habría gente dispuesta a compartirlas.

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Sobre la firma

Manuel G. Pascual

Es redactor de la sección de Tecnología. Sigue la actualidad de las grandes tecnológicas y las repercusiones de la era digital en la privacidad de los ciudadanos. Antes de incorporarse a EL PAÍS trabajó en Cinco Días y Retina.

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