El Kremlin libra a los informáticos del servicio militar ante su marcha masiva del país

Rusia se queda sin especialistas en tecnologías de la información ni repuestos para sus redes de telecomunicaciones

Un pelotón ruso, durante el desfile militar del Día de la Victoria de 2019 en la Plaza Roja de Moscú.
Un pelotón ruso, durante el desfile militar del Día de la Victoria de 2019 en la Plaza Roja de Moscú.YURI KOCHETKOV (REUTERS)

Decenas de miles de ingenieros informáticos abandonan Rusia mientras se agotan las piezas de repuesto de sus redes de telecomunicaciones y estas podrían empezar a fallar a partir del verano. Este es el panorama que dibuja el sector ante las sanciones impuestas por Occidente tras el inicio de la guerra contra Ucrania. Como respuesta, el Kremlin ha ofrecido a los programadores no hacer el servicio militar obligatorio, y negocia con los gigantes tecnológicos una serie de ayudas para cerrar la fuga de cerebros. Los próximos meses serán clave para la industria.

Entre 50.000 y 70.000 trabajadores del sector de las telecomunicaciones abandonaron Rusia en las primeras semanas de la guerra y se espera que otros 100.000 lo hagan en abril una vez hayan reorganizado sus cuentas bancarias para hacer transferencias al exterior ―Visa y Mastercard ya no operan en el país― y se normalicen los precios de los vuelos, la mayoría de ellos bloqueados con Europa por las sanciones.

Estas estimaciones fueron ofrecidas al Parlamento el 22 de marzo por el presidente de la Asociación de las Comunicaciones Electrónicas de Rusia, Serguéi Glupotarenko, quien abogó por crear un sindicato sectorial y promover la relocalización de los trabajadores a países amistosos mientras no se calme la situación. “Por ejemplo, a Armenia, Kazajistán o China. Pactemos con ellos, propongamos unas reglas para su reubicación allí”, dijo ante un comité para las tecnologías de la información de la Duma estatal.

Natalia Kasperski, fundadora del gigante tecnológico InfoWatch y dueña del antivirus al que da nombre su apellido, reconoció en el mismo encuentro que ha habido una “huida masiva” de ingenieros tras comenzar la guerra, aunque cree que es posible convencerlos para que regresen. “Todo esto no depende de un factor material, sino de la sutil mentalidad de nuestros especialistas. Son jóvenes, están conectados en muchos aspectos con Occidente, trabajan con software occidental, y esta ruptura del sistema les hizo temblar”, afirmó la empresaria, que abogó por la propaganda y una campaña de relaciones públicas para convencerlos de que se abren nuevas oportunidades en el país.

Lograrlo parece difícil ante la tormenta que se observa en un horizonte próximo, según vaticina el propio sector. La Unión de los Empresarios e Industrias de las Telecomunicaciones de Rusia advierte de que su infraestructura empezará a fallar a partir del verano, pues las compañías solo disponen de reemplazos para sus equipos electrónicos “para cuatro o seis meses”, según un informe al que tuvo acceso el diario Kommersant.

No solo Occidente se niega a entregar piezas a las empresas rusas, sino también China. Según la organización, los mayores fabricantes de equipamiento de telecomunicaciones y electrónica del mundo han suspendido el envío de suministros, lo que afecta a dos tercios de las redes fabricadas con ellos, y las firmas chinas se han sumado al boicot porque algunos componentes de sus equipos son de fabricación o diseño estadounidense.

El sector, que además paga un sobreprecio por las piezas que puede adquirir ante la gran demanda y la falta de divisas extranjeras, ha pedido ayudas y deducciones fiscales al Kremlin. Mientras tanto, el Gobierno también pone parches a la pérdida de trabajadores. El servicio militar es obligatorio en Rusia entre los 18 y los 27 años, y ahora, a principios de abril, toca un nuevo alistamiento de reclutas, el primero desde que comenzó la guerra. La ley prohíbe enviar al frente a quien hace el servicio militar, salvo que firme un contrato laboral con las Fuerzas Armadas, por lo que la exención concedida a partir de ahora a los programadores jóvenes parece más una ayuda a las empresas que se han quedado en cuadro que un incentivo a los trabajadores.

El primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, firmó esta semana el aplazamiento del servicio militar para los menores de 27 años que hayan completado la formación superior y trabajen en empresas tecnológicas desde hace al menos un año, así como para los especialistas sin empleo que cuenten con un año de experiencia laboral y al menos un curso.

Esta exención del servicio militar obligatorio se aplicará en total a más de 60 disciplinas. Además de la informática, entre ellas figuran las matemáticas, la cartografía, la electrónica, la robótica y las ingenierías aeronáutica y naval.

Además, en su lucha contra las sanciones, el primer ministro anunció este miércoles que el Gobierno permitirá las “importaciones paralelas” sin el permiso de los propietarios de las marcas, mientras que el presidente, Vladímir Putin, firmó un decreto que prohíbe a los organismos estatales el uso de software extranjero en infraestructuras críticas a partir del año 2025.

Movilidad

Por su parte, algunos gigantes tecnológicos como Yándex (la alternativa rusa a Google), las compañías de comercio electrónico Wildberries y Ozon (la versión nacional de Amazon) y otras firmas también han reclamado exenciones fiscales para los miles de trabajadores que han trasladado temporalmente a países “aliados”. Muchas de estas empresas ya han movido a sus empleados a Bielorrusia, Kazajistán y Armenia.

La fuga de cerebros es un quebradero de cabeza para Rusia. Esta semana, el Servicio Público de Noticias realizó una mesa redonda con varios expertos titulada “Cómo detener la fuga de especialistas de las telecomunicaciones”. “Antes se iban 100.000 a lo largo de un año, ahora se han ido más en un mes”, advertía Evgueni Mitrofánov, jefe del departamento de Tecnologías Digitales de la Universidad Estatal de Humanidades y Economía de Moscú. Además de la inestabilidad, el experto advertía del desplome de los salarios en el cambio del rublo, y resaltaba que tras la pandemia, muchos trabajaban a distancia, “lo que ha facilitado su recolocación”.

En contra, el vicepresidente del comité de Información de la Duma, Oleg Matvyeichev, afirmaba que esta fuga “está relacionada con el cambio radical en la forma de vida. Si con las corporaciones occidentales giraba todo como los planetas en torno al Sol, y de pronto escuchan que hay un conflicto global y Rusia estará aislada, los informáticos entran en pánico. Muchos volverán en un par de meses”.

En otro debate del mismo canal, el demógrafo y colaborador de numerosos medios Alexéi Raksha advertía de que reindustrializar el país y sustituir los productos extranjeros, tanto software como hardware, “será mucho más difícil que hace 30 años” por dos motivos: hay menos jóvenes que antes y harán falta “inversiones colosales” y una planificación a muy largo plazo.

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