Aníbal Ollero: ‘‘Nuestros pájaros robóticos se podrán comprar dentro de unos años en las tiendas’’

El padre de la investigación en drones en España defiende la importancia de contar con la aceptación de toda la sociedad para poder implementar cambios tecnológicos de gran calado

Aníbal Ollero posa con uno de sus pájaros aéreos en Sevilla.
Aníbal Ollero posa con uno de sus pájaros aéreos en Sevilla.PACO PUENTES

El Premio Nacional Leonardo Torres Quevedo en el área de Ingenierías de 2021, otorgado por el Ministerio de Ciencia e Innovación hace unas semanas, lleva el nombre de Aníbal Ollero. Este sevillano, que prefiere no decir su edad (’'soy un veterano’', aclara), es el padre de la robótica aérea en España. En los años noventa viajó a Estados Unidos para investigar en ese campo y, con los conocimientos adquiridos, de vuelta en Sevilla impulsó el desarrollo de los drones en la universidad de su ciudad. Es responsable del laboratorio de robótica y sistemas inteligentes de dicho centro, que se va a transformar próximamente en instituto, y también es asesor científico del Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales.

En una entrevista realizada por videollamada, explica que, dentro de unas horas, viajará con su equipo a una refinería de Francia donde van a probar uno de los drones que han desarrollado durante los últimos tiempos. Este aparato en concreto permitirá trabajar en tuberías en altura que se encuentran sometidas a corrosión y, por seguridad, debe revisarse el grosor de sus paredes de forma periódica. El robot aéreo va a aterrizar sobre ellas y a rodar mientras realiza mediciones a lo largo de miles de kilómetros (pueden llegar a ocupar unos 40.000, suficientes para dar la vuelta al mundo). Ollero no duda, antes de nada, en defender el papel internacional de Andalucía en general y de la Universidad de Sevilla en particular en el mundo de la robótica aérea. Asegura ser el autor con más publicaciones en este campo a nivel mundial, junto con dos de sus compañeros, que se encuentran en el top 10.

Pregunta: Cuando volvió de Estados Unidos, ¿en qué estado se encontraba la investigación en robótica aérea en España?

Respuesta: Entonces no había nadie en España trabajando en eso. Había gente que hacía vehículos aéreos no tripulados, pero no existía la robótica aérea. De alguna manera lo impulsamos nosotros. El primer proyecto de la Comisión Europea que coordiné fue de 2002 a 2005. Teníamos una flota de drones de diferentes características y la utilizábamos para la detección y monitorización de incendios forestales. Hicimos unas demostraciones en Portugal. En aquella época fue muy novedoso.

P: ¿Cómo han tratado de impulsar este campo y de involucrar a los estudiantes para que se especialicen en esta área? ¿Ha percibido un aumento en el interés por los drones en los últimos años?

R: Sin duda. Para lograr nuestros resultados hace falta financiación, que sobre todo obtenemos de la Comisión y de las empresas, y en segundo lugar tenemos que tener gente que participe en nuestros proyectos. Por eso, una tarea muy importante es motivar a nuestros alumnos. Uno de nuestros proyectos más importantes es Aerial-Core, en el que aplicamos técnicas de inteligencia artificial para que los drones puedan volar más tiempo y ayuden a los trabajadores en tareas en altura, por ejemplo, y en él hay muchos estudiantes involucrados. Muchas veces las empresas aplican esas tecnologías antes de que acabe el proyecto. El otro gran proyecto es Griffin, con el que estamos intentando desarrollar una nueva generación de vehículos aéreos no tripulados inspirados en los pájaros, que sean capaces de batir las alas y de posarse automáticamente en una cornisa, o incluso en un cable, como hacen las aves. Somos los primeros en el mundo que lo estamos logrando.

Aníbal Ollero posa con otro de los drones de la Universidad de Sevilla.
Aníbal Ollero posa con otro de los drones de la Universidad de Sevilla.PACO PUENTES

P: ¿Cuánto tiempo llevan trabajando en Griffin?

R: Tres años. Y nos quedan otros dos. Confío en que al final de este proyecto estaremos cerca de generar productos que puedan ser vendidos y que, igual que ahora se compran en un supermercado los drones con que trabajábamos hace años, nuestros pájaros robóticos se podrán comprar dentro de unos años en las tiendas.

P: ¿Cómo ve ese futuro más o menos próximo de los pájaros, de los drones de reparto o de los aerotaxis, sobre todo en términos de legislación?

R: Se ha progresado mucho. Cuando nosotros empezamos a hacer esto no había legislación. Estábamos siempre en una zona gris en la que no se podían pedir permisos. Vista la madurez tecnológica y el interés de las empresas, se empezó a legislar en cada país. A principios de este año se puso en marcha una nueva normativa europea. Esto es evidente que se va a necesitar. Para ello, estamos trabajando en incrementar la seguridad de los drones, en integrarlos en el espacio aéreo y en potenciar las infraestructuras en tierra, para que puedan despegar, aterrizar, cargar…

P: ¿Qué le diría a quienes tienen el temor de ver drones volando por las ciudades?

R: Existió en otras épocas una persona que iba con una campana delante de los automóviles advirtiendo que venían detrás, y aquello se consideró una medida de seguridad. Cada vez que se produce un avance tecnológico de gran magnitud se presentan dudas sobre su seguridad. Esta misma cuestión se presenta ahora con los vehículos aéreos no tripulados, hasta que, de alguna manera, pueda madurar no solamente la tecnología, sino también la percepción que se tiene de ella. Nosotros propugnamos que se favorezca el entendimiento y la aceptación del gran público de nuestras tecnologías, y creo que hay que seguir trabajando en ello para no tener que ir como el de la campana.


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