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Manuel A. Hidalgo | Economista

“Las universidades no potencian las habilidades que pedirá el mercado”

"Lo que se va a demandar se aprende cada vez menos en un aula", sostiene este profesor de la Universidad Pablo Olavide

El profesor Manuel A. Hidalgo, en el Colegio de Arquitectos de Madrid.
El profesor Manuel A. Hidalgo, en el Colegio de Arquitectos de Madrid.

El empleo del futuro ya está aquí. Los cambios importantes ocurren a lo largo de décadas y la tecnología lleva ya años introduciendo robots en fábricas -aunque cada vez son más y más sofisticados-, las plataformas digitales experimentan ya con nuevas relaciones laborales y la inteligencia artificial empezará pronto a ser masiva.

Manuel A. Hidalgo, profesor de Economía de la Universidad Pablo Olavide, acaba de publicar El empleo del futuro (Deusto) para explicar básicamente dos cosas: uno, el cambio tecnológico no es terrible y a lo largo de la historia ha demostrado varias veces cómo la sociedad en general acaba sacando rédito de las novedades, y dos, esos cambios no son indoloros y la mejor manera de minimizar las amenazas laborales de la tecnología es con políticas específicas desde la administración y otros agentes sociales, lo que, lamenta, de momento en España no ocurre.

Pregunta. ¿Qué recomendará a sus hijas pequeñas que estudien?

Respuesta. No les recomendaré qué estudiar sino que estudien, que se preparen. Hay ciertos tipos de estudios más cualificados para acertar en el reto, como son los científicos. Pero lo que va a demandar el mercado de trabajo cada vez se aprende menos en un aula. No porque se aprenda en la calle, sino porque las aulas no están preparadas para enseñar este tipo de habilidades.

P. ¿Y qué deben hacer entonces los padres?

R. Ofrecer a tus hijos el más amplio abanico de posibilidades. Que no tengan restricciones a la hora de ser lo que quieran ser. No tengo que pensar qué es lo que quiero que estudien, sino saber que tienen que pasar por una serie de fases educativas y que adquieran esas habilidades. Es probable que esas habilidades no dependan de aprender muchos datos, sino de saber plantearse y expresar las cuestiones.

P. Los profesores deben pasar de ser "sabios en la tarima" a "guías junto al pupitre", según dice en el libro.

Yo les digo que no se preocupen porque después el mercado de trabajo les da dos palizas y aprenden

R. Intento aplicarlo en mis clases, pero es muy difícil. El primer día los alumnos te preguntan qué libro vas a usar y cómo será el examen. Yo digo que no hay libro y que el examen ya me lo pensaré. Cuando llegas a clase y empiezas a hacer preguntas, nadie responde. Yo les digo que no se preocupen porque después el mercado de trabajo les da dos palizas y aprenden. Pero es mucho mejor salir preparado y más cuando el mercado va a cambiar rápido.

P. Una tendencia reciente entre grandes tecnológicas, como Google o Apple, y otras corporaciones es que ya no exigen una licenciatura a sus futuros empleados.

R. Las universidades no potencian las habilidades que pedirá el mercado. El 90% de los que han triunfado en Google no tienen carreras que nosotros asociaríamos con una empresa así. Lo importante no es qué estudias sino si estudias. Y no necesariamente una carrera. Estoy por ejemplo muy a favor de la formación profesional.

P. A pesar de las dudas sobre la educación, es optimista sobre el empleo del futuro.

R. Recojo el guante de los que ven el futuro de modo apocalíptico. Yo digo que no será así. Ahora bien, todo cambio tecnológico tiene unos costes que hay que asumir. Sería muy ingenuo pensar que no hay que hacer nada y todo será rosa.

P. Aunque el futuro ya está aquí. Un paper de profesores de Oxford de julio dice: "El apoyo a Donald Trump fue significativamente más alto en mercados laborales locales más expuestos a a la adopción de robots".

R. La ansiedad de la perdida de trabajo puede estar afectando a ámbitos que no sean solo los laborales, como los procesos democráticos. Puede cambiar el perfil del votante. Porque llega alguien con un mensaje populista que vende una milonga y tú la compras a pesar de que te está engañando. Hay que pensar en las herramientas. Soy defensor del Estado del bienestar y de la capacidad de la sociedad para compensar estos costes. Frente a estos retos hay instrumentos que necesitan voluntad política para usarlos. Las consecuencias del cambio tecnológico llevan aquí mucho tiempo, pero la gran recesión ha desnudado los problemas. Estados Unidos es un país poco interventor donde las políticas públicas son mínimas y los efectos son visibles desde mucho antes.

Es indudable que los sindicatos son tan o más importantes que antes, pero necesitan modernizarse

P. ¿Qué papel deben jugar los sindicatos?

R. Cada vez tengo más referencia de sindicatos que se han tomado esto en serio. Cuesta trabajo quitarse la mochila del siglo XX. Es indudable que los sindicatos son tan o más importantes que antes, pero necesitan modernizarse.

P. ¿Defienden más el empleo que al trabajador?

R. Ahora vamos a tener un empleo más flexible, más dinámico. Es más difícil disparar a algo que se está moviendo. Pero seguimos obsesionados con defender el puesto de trabajo y que despedir a un trabajador tenga un coste. No digo que despedir deba ser libre pero me preocupa más que si te despiden –aunque te paguen 12.000 euros–, al día siguiente la administración pública pueda ofrecerte una política activa de empleo para que tengas un empleo mejor.

Estamos obsesionados con impedir movimientos que son prácticamente imposibles de frenar.

P. ¿Al sindicato le preocupa solo el coste del despido?

R. Y a la sociedad en general. Estamos obsesionados con impedir movimientos que son prácticamente imposibles de frenar. Alguien que trabaja fijo en una empresa y recibe una oferta mejor de otra hoy la legislación le penaliza: si llevas 7 años en tu empresa y te vas, pierdes todos tus derechos. ¿Por qué? Porque lo importante es el puesto, y no tú. No digo que la empresa no pague, pero cuando te vayas, debes llevarte esos derechos.

P. La famosa mochila austriaca. No parece que tenga muchos votos en el Congreso.

R. Y no lo entiendo, porque encaja muy bien con el cambio tecnológico.

P. ¿Estos cambios tienen culpables?

R. Nadie tiene la culpa de que el mundo del empleo haya cambiado. Buscar culpables es connatural al ser humano. Pero nuestro papel es intentar evitar que los costes sean profundos. Tenemos que permitir que la tecnología siga avanzando y recortar los flecos que suponen costes para la sociedad. Y se puede hacer ya.

P. Es especialista en el futuro del empleo. ¿Hay mucha gente con responsabilidad preguntándole qué debe hacerse?

R. No. Mi sensación es que las cosas van a seguir tal cual. No se plantean un futuro.

P. ¿Da por hecho que las relaciones laborales de los próximos 25 años van a ser las actuales?

R. Sí, van a ser estas. Y ojalá no fueran ni estas, porque tampoco son buenas. El mercado laboral en España es un caso raro. Tendríamos que encontrar la voluntad política para cambiarlo y además el cambio tecnológico va a venir pegando.

Un político que quiera hacer todas las reformas que yo haría, dura tres meses en el gobierno

P. ¿Los políticos tienen pocos incentivos para cambiar? No existe este debate.

R. Ese es el problema. Un político que quiera hacer todas las reformas que yo y otra mucha gente haríamos, dura tres meses en el gobierno. Yo estoy convencido de que te sientas a cenar con Rajoy, Pedro Sánchez o Zapatero y les planteas cuáles son los problemas y las soluciones de este país. Compartirían el 90%. De hecho, yo me he sentado con políticos y me han dicho “sí, sí, sí” y cuando hemos llegado al final, me han dicho: “Ya, pero tú sabes”. Y al final no sale. No hay incentivos.

P. ¿Por qué?

R. La mayoría de votantes no ve peligrar sus derechos. Imagina que yo me presento con un mensaje como: "Se nos viene un futuro malo, tenemos que hacer grandes sacrificios y grandes reformas". Y enfrente el rival dice: "No os preocupéis, yo os voy a dar todo lo que necesitáis". ¿Quién gana? Trump.

P. Parece escéptico.

R. Soy pesimista. Los retos exigen protagonistas, personas de carne y hueso que se pongan a funcionar para aceptar esos retos. Parte de las soluciones tienen que estar centralizadas por la administración o los agentes sociales. Si aquí el centro del debate es si has plagiado una tesis, pero te olvidas una y otra vez de una agenda tecnológica que sea un compendio de políticas transversales que permita que la sociedad acepte el reto del cambio tecnológico y consiga avanzar, estás perdido. Porque entonces los costes del cambio tecnológico serán más grandes.

P. Ahora hay debate sobre los derechos de los repartidores de plataformas digitales como Amazon o Deliveroo.

R. No hay que luchar contra eso. Son opciones laborables. Lo que hay que hacer es asentar esas nuevas formas de empleo en nuestros espacios de seguridad laboral que hemos construido después de muchas décadas de lucha o discusión. Lo que no puedes hacer es prohibir este tipo de empleos porque, de hecho, según algunas encuestas hay empleados de esas plataformas que lo tienen como una opción interesante. El problema es cuando esto puede caer sobre una gran cantidad de trabajadores. Se nos salen del Estado del bienestar. Entonces sí que habría que intervenir. Soy muy reacio a prohibir y prefiero intervenir para ordenar.

P. ¿Alguien se beneficia de la falta de legislación específica?

R. Hay dos tendencias preocupantes: la externalización y el auge del corporativismo. Eso supone la transferencia de rentas desde la fuerza laboral a la empresarial. Esto no es decisión de nadie, no hay una conspiración global. Pero es una tendencia que lleva a una dinámica y en parte el cambio tecnológico está detrás. Tenemos que ponernos enfrente de esa dinámica perniciosa. Provoca que trabajadores puedan verse abocados a menos crecimiento de salario. Eso no es de desear. Tenemos que compensar esa tendencia. Necesitamos voluntad política, pero es ajena.

P. Hasta que no nos estrellemos.

R. Así avanza la política. Hasta que no tienes un problema. Hay ejemplos en Europa. Solo tenemos que copiarlos.

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