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Los niños no son calculadoras

Participar en el Robomath Challenge es una motivación para los jóvenes que llegan de todas partes de México

Niños mexicanos, en una feria de Robótica.
Niños mexicanos, en una feria de Robótica.

Comencemos por algo básico: las matemáticas no son aburridas ni un dolor de cabeza para todos. Y luego digamos otra obviedad: “los niños a los que les gustan las matemáticas no son calculadoras humanas que memorizan todo como robots”. Así es como José Luis Campos Cardona entrena a sus estudiantes en Ciudad Juárez, Chihuahua.

El equipo de los Olímpicos de matemáticas que vendrán a Guadalajara está conformado por 18 jóvenes que participarán en cada una de las seis categorías que tendrá el concurso nacional más importante del país: Robomath Challenge.

Campos Cardona cuenta el día a día de un equipo de alto rendimiento que está entrenando para competir y llevarse algo más que un trofeo. “Nosotros les decimos a los muchachos que una competencia es una oportunidad de aprender. De convivir y de divertirnos”.

Con más de seis años como entrenador de matemáticas, ve en los jóvenes una oportunidad de generar una actividad racional que no siempre es valorada. “Ser (miembro de un equipo) olímpico de matemáticas no es una manera de vida. Es un escalón para llegar a hacer algo en la vida”.

Lo que más nos importa es que los chicos aprendan a analizar las situaciones, dice Campos Cardona. “Un examen de matemáticas tiene dos o tres o más problemas, pero en realidad no es importante el resultado sino lo que haces para llegar a él”.

Padres de familia, un soporte psicológico

Todos los sábados y domingos, los niños que conforman la selección de Chihuahua para las pruebas de matemáticas llegan temprano para entrenar.

A las nueve de la mañana, acompañados de sus papás, llegan estos deportistas que tienen en su cerebro al mejor de sus músculos. Seis horas después, el entrenamiento termina. Así es el fin de semana de cualquier mes del año para estas familias.

“Son niños que están viajando mucho, que deben tener el apoyo de sus padres. Nosotros les decimos que nos ayuden a motivarlos. Quizá los papás no van a entender qué es lo que están haciendo sus hijos, pero aunque no lo sepan, ellos son el mejor motor e impulso de sus hijos”.

Los niños que se entrenan en Chihuahua tienen entre 9 y 16 años. Terminan el proceso apenas siendo unos adolescentes que adoran la complejidad de los números. Muchos de ellos se quedan a seguir entrenando a las nuevas generaciones. Otros se van. Y también hay quien se pierde en el camino.

“Los padres de familia son los psicólogos de los niños. Sí nos ha pasado que hay chicos que ganan una competencia y pierden el piso. Ahí lo que hacemos es hablar con ellos y con los padres”.

Para que los niños entiendan la vida, los concursos de matemáticas también son una buena herramienta: a veces puedes perder, pero si te esfuerzas mucho tampoco hay garantía de que vas a ganar. “Siempre habrá alguien mejor que tú, pero en un examen puedes tener las circunstancias a tu favor y es cuando ganas”.

Antes de colgar la llamada, José Luis menciona que las autoridades “siempre enfocan los presupuestos en los niños rezagados, pero no hay programas suficientes para los niños sobresalientes. Robomath es un programa excelente”.

Hay algo que quizá no hemos visto: los niños sobresalientes no siempre lo son a los ojos de los maestros. “Pero para sus padres y sus entrenadores, luchar por lo que quieren los hijos, es un esfuerzo que vale la pena hacer”.

Esta noticia, patrocinada por Talent Land, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.