Más de la mitad de las mujeres jóvenes ha tenido sexo sin deseo

El estudio ‘La sexualidad de las mujeres jóvenes en el contexto español’ refleja la supervivencia de estereotipos, ideas y conductas patriarcales que chocan con un cambio generacional

Manifestación del 8 de marzo de 2021, en Barcelona.
Manifestación del 8 de marzo de 2021, en Barcelona.Albert Garcia

Sacrificio, presión, insistencia. Son palabras que no cuadran, o no deberían, con una relación sexual y, sin embargo, siguen apareciendo en los relatos. Los de las mujeres. En este caso, en el de las más jóvenes, las que tienen entre 18 y 25 años. Más de la mitad de ellas (57,7%) han tenido sexo alguna vez sin ganas o por compromiso. Sin deseo. Son cifras del estudio La sexualidad de las mujeres jóvenes en el contexto español, del Instituto de las Mujeres, presentado este martes. Y aunque no media violencia física —la más visible—, sí subyacen a veces otras, como la psicológica; y siempre, concepciones de las relaciones en las que los hombres tienen prioridad. “Se perpetúa el deseo propio como elemento secundario y la idea de disponibilidad”, explicaba en la presentación de ese estudio Toni Morillas, la directora del Instituto.

Una situación que supone la vivencia “de la gran mayoría de participantes” una o varias veces en su vida, según la investigación. Aunque no siempre de la misma forma: puede darse en contextos muy diferentes. “Resulta que yo sí que me sentía superpresionada, yo no quería, pero sí me sentía muy presionada porque él me estaba insistiendo, insistiendo y dije vale. La cosa es que se acabó la relación sexual y yo me quedé con un vacío interno impresionante, como ¿qué acabo de hacer? ¡Es que soy estúpida, basta!”, explicaba una de ellas durante las entrevistas para el estudio. “Ocasionalmente en pareja no me apetece, pero lo hago un poco como sacrificio...”, contaba otra.

El análisis señala que “una cosa es mantener relaciones sexuales sin ganas con la pareja y otra muy distinta con desconocidos o parejas sexuales puntuales o esporádicas. Qué es lo que mueve a las mujeres a hacerlo en uno y otro caso puede variar: desde el afán por complacer al otro o de sacrificarse por el placer del otro, hasta no ser capaz de resistir la presión y las insistencias de la otra persona”.

En todo caso, “el tema del sexo sin deseo evoca todo un arco de situaciones que van desde el estereotipo de la mujer sumisa y complaciente hasta los márgenes más oscuros del desmedro de consentimiento femenino en la relación sexual”. Cuestiones vinculadas “a roles y patrones de género” que atraviesan todo el estudio, realizado por Sigma Dos para el Instituto de las Mujeres, con una muestra representativa de 1.516 entrevistas, hechas entre el 5 y el 18 de julio de este año a mujeres de 18 a 25 años, cuya edad media de entrada a las relaciones con penetración son los 16 años y medio, y casi siempre con una pareja (un 72,1%); también con esas ideas que siguen encajando con una concepción patriarcal y heteronormativa de las relaciones.

Se percibe en ámbitos como la violencia sexual. “La centralidad del miedo” es uno de los “hallazgos” de este análisis: “Evocar la situación de haberse sentido acosada de alguna manera fue más la norma que la excepción”. El 60,7% de las mujeres declaran haber sentido miedo de que alguien pudiera ejercer algún tipo de violencia sexual sobre ellas en espacios públicos; el 41,6% lo ha experimentado en lugares de ocio nocturno; el 8,3% con su propia pareja; y alrededor del 5% en el trabajo, en clase o con alguien de su familia.

Y ese miedo, que explicaba Silvina Vázquez, la responsable del estudio, se colaba a través de comportamientos como “llevar llaveros que hacen ruido o el móvil siempre abierto en la pantalla de llamadas”, y ya supone una forma de sometimiento: limita el movimiento y el espacio de las mujeres, y restringe su libertad. Junto a ese concepto, “emergieron otros de manera secundaria”, como acoso, agresión, abuso, víctimas, machista, consentimiento, violación o género. También “menciones a La Manada, el 25-N, denuncia o policía, y referencias a términos como sola y calle —aludiendo a escenarios de temor—”, que a veces se materializan.

Según los datos, “los tocamientos sexuales no deseados y realizados al descuido (en el transporte público, locales, aglomeraciones, etc.) son también una experiencia frecuente”, un 36,2% manifiesta haberlos padecido en alguna ocasión. Más allá, un 12,7% los ha sufrido por la fuerza y el 9,1% ha vivido algún intento de violación o una violación consumada. “Únicamente el 18,2% de las jóvenes afirma no haber sufrido nunca ninguna de las situaciones previamente descritas”. Según un informe del INE de este pasado septiembre, los delitos sexuales aumentaron en 2021 un 34,6% respecto a 2020 y un 18% respecto a 2019. Un incremento en comparación al año previo que puede estar relacionado con dos cuestiones. La situación excepcional de la pandemia, por un lado, y el aumento de la conciencia sobre estos delitos. “Las activas políticas de concienciación social han provocado una mayor disposición de las víctimas a denunciar estos delitos y a poner sus casos en manos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, reduciendo de esta forma los niveles de infradenuncia que pueden existir en estos tipos penales”, como apuntaba uno de los últimos balances de criminalidad del Ministerio del Interior.

Y esto último tiene un lado positivo que también aparece en el estudio. Por ejemplo, que cada vez son más las jóvenes que consideran las violencias sexuales como un problema social de primera magnitud: sitúan su relevancia en un 8,6 en una escala de 0 a 10, y más de la mitad de las entrevistadas (56,7%) otorga a esta cuestión la máxima importancia. Estos datos “hablan de una clara consciencia colectiva entre las jóvenes de la incidencia y consecuencias de este fenómeno”.

O que empiezan a alejarse “de concepciones del sexo indisolublemente asociadas al amor”. Hasta un 40,6% se manifiesta totalmente contraria a la idea de que para mantener relaciones sexuales sea preciso estar enamorada, y un 24,6% manifiesta estar bastante en desacuerdo. Solo el 14% vincula, de manera necesaria, amor y sexualidad. “La aproximación a las percepciones y actitudes generales de las jóvenes hacia la sexualidad permite tomar el pulso de los cambios —y continuidades— acaecidos en la sociedad española en el curso de las últimas décadas”, dice el estudio.

Toni Morillas, la directora del Instituto, también ha destacado que, pese a los datos negativos en áreas como la violencia sexual, “hay esperanza”, ya que se está produciendo un “cambio”. Se refiere a cómo las propias jóvenes hablan de relaciones “falocentristas”; de su conciencia de que la pornografía está hecha “fundamentalmente para la satisfacción del deseo sexual” de ellos, lo piensa un 52,3% de las mujeres; a que más de la mitad de las entrevistadas se define como “totalmente feminista” (54,2%) y solo un 5,9% dice ser “nada feminista”; o a la cifra sobre bisexualidad, una orientación con la que se identifican el 18,5% de las jóvenes.

“Se ratifica la hipótesis de que el feminismo provoca cambios profundos en los discursos y concepciones de las jóvenes, en particular con lo que tiene que ver la sexualidad, en cómo se desvincula sexo y amor, en cómo son críticas a las relaciones patriarcales y violentas en el porno, también en cuanto a la cosificación del cuerpo de las mujeres y en la apertura y normalización a la diversidad sexual”. También en la necesidad explícita que expresan de una educación con la que atravesar la adolescencia sin que sean sus amigas y las redes sociales sus fuentes de referencia para resolver dudas, como sucede hasta ahora.

Las encuestadas ponen una nota de 4,4 sobre 10 a la formación que han recibido; creen que son los colegios e institutos (un 41,7%) “los principales responsables de impartir la educación sexual”, por delante del personal sanitario (29,9%) y los progenitores o la familia (25,4%); y si se les pregunta por qué temas piensan que sería necesario o les hubiera gustado recibir más formación o información, contestan que sobre violencia y abusos (26,8%), problemas en el sexo (28,4%), prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual (42%) y, sobre todo, sobre “amor y relaciones”, un 49,9%.

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Sobre la firma

Isabel Valdés

Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

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