Alejandra Gavidia: Miss El Salvador, activista asexual, proaborto y funcionaria de Bukele

La representante del país centroamericano en Miss Universo reivindica el papel de las mujeres que participan en los concursos de belleza con un mensaje feminista

Alejandra Gavidia, representante de El Salvador en Miss Universo, en una imagen cedida.
Alejandra Gavidia, representante de El Salvador en Miss Universo, en una imagen cedida.CORTESÍA

Alejandra Gavidia dice que lo suyo no es una contradicción, aunque así parezca. Fue coronada como Miss El Salvador y habla abiertamente del aborto, su asexualidad y la violencia feminicida en su país, bajo el Gobierno de Nayib Bukele, para quien trabaja como funcionaria. Dice que ser reina, activista y funcionaria le da la posibilidad de hacer algo para cambiar lo que no le gusta de su país. “No lo conozco personalmente”, aclara rápidamente sobre el mandatario.

Se vinculó a una dependencia que gestiona proyectos para las mujeres y los niños casi como llegó a ser reina: porque estaba desempleada y quería hacer algo -cualquier cosa- que le permitiera hablar de lo que le preocupa. Cuando se reconoció como una persona asexual no encontró nada en internet que le hiciera creer que había alguien igual a ella en su país. “Me sentí muy sola y pensé que era una rara”. Abrió una página en Facebook para comprobar si había alguien más como ella y descubrió que eran muchos. Desde el año pasado lidera la fundación Asexuales El Salvador que reúne a quienes, como ella, no sienten deseo sexual. “Los asexuales somos invisibles, somos los fantasmas de la comunidad LGBTIQ+”. Son ese + en la sigla que reúne a pansexuales, agéneros y asexuales, de los que casi nunca se habla y poco se sabe.

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La organización, que visibiliza a esa minoría dentro de la minoría, le ha dado muchas satisfacciones, le ha permitido reunirse con jóvenes como ella y ya sabe que en ese camino todavía tiene mucho para aportar. Pero necesitaba trabajo y, aunque jamás se le ocurrió ser reina y asegura que en su adolescencia sufrió mucho por su sobrepeso, decidió enviar su currículum cuando vio que buscaban a alguien para representar a las mujeres de su país. “¿Por qué no? Una reina no es solo una cara y un cuerpo y yo tengo mucho por decir”. No creyó que la llamaran, pero la buscaron y quedó. No sabía -todavía le cuesta- ponerse pestañas postizas o caminar en tacones, pero en la entrevista demostró que tenía un discurso y varias causas. “No pensé en ser reina para ser famosa sino para tener un megáfono para hablar de lo que somos quienes no encajamos en lo establecido”, señala.

Alejandra Gavidia, en su adolescencia.
Alejandra Gavidia, en su adolescencia.

Gavidia se convirtió en reina mientras se abría un espacio en el Gobierno para trabajar en lo que siempre quiso. Estudió Administración Pública, después hizo una pasantía en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil) en Costa Rica y luego regresó a El Salvador con ganas de ayudar a las encarceladas por abortar. Por eso aceptó un lugar en la secretaría de innovación social en donde -repite- no tiene contacto directo con el presidente, pero sí con su esposa, con quien trabaja en temas de género.

“Estando en mi pasantía, lejos, empecé a escuchar las historias de mujeres que salían de la cárcel tras haber estado presas injustamente por emergencias obstétricas”, recuerda. También de las que seguían entrando porque, a pesar de los llamados de instancias internacionales para que el Gobierno suavice las leyes que hacen de ese país un infierno para las que deciden no ser madres, poco ha cambiado y las mujeres se siguen enfrentando a un sistema judicial que las persigue.

Alejandra Gavidia sonríe mientras borda.
Alejandra Gavidia sonríe mientras borda.CORTESÍA

Gavidia, de 25 años y con varios títulos profesionales encima, ha demostrado en poco tiempo que las reinas no son lo que parecen. Ya ha puesto en marcha un proyecto de profesionalización para las mujeres, otro para las personas transexuales y, aunque no pasa mucho en ese país, cada vez que una mujer sale de la cárcel tras haber entrado por abortar lo siente como una victoria.

“El debate ya no es si el aborto sí o no. Esa discusión es obsoleta. El debate debe estar en garantizarlo y de forma legal y segura mientras siga habiendo muertas por abortos clandestinos”, sentencia. Dice además que no basta con una ley que permita la interrupción del embarazo, también hay que robustecer a las instituciones para que brinden un servicio que garantice que todas, en cualquier parte del país, puedan abortar sin arriesgar la vida.

Alejandra Gavidia no quiere que la llamen la “antirreina”. Todo lo contrario, quiere redimir a las reinas. “Nadie sabe lo difícil que es pararse ante una multitud que solo mira tu físico para intentar demostrar que además tienes algo en la cabeza”, asegura.

En el certamen de Miss Universo, que ya ha tenido una participante transexual y otras que han usado el micrófono en los segundos que les dan para denunciar feminicidios, Gavidia intentará demostrar que en El Salvador hay mujeres valientes y con ganas de cambio. “Si es difícil que te escuchen como mujer, mucho más difícil si la que habla es una reina”, dice dos meses antes de su viaje a Israel, en donde no pretende ser elegida “la más bella del universo”. Con que su discurso resuene estará satisfecha.

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Sobre la firma

Sally Palomino

Redactora de EL PAÍS América desde Bogotá. Ha sido reportera de la revista 'Semana' en su formato digital y editora web del diario 'El Tiempo'. Su trabajo periodístico se ha concentrado en temas sobre violencia de género, conflicto armado y derechos humanos.

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