La crisis del coronavirus

El plan de vacunación lanza su última fase: la hora de los adolescentes

La mayoría de las comunidades ha iniciado ya los pinchazos de los menores de 20 años, un grupo que también se inmunizará en la mayoría de países europeos

Un adolescente recibe su primera dosis contra la covid-19 en el centro de vacunación de la Fira de Barcelona.
Un adolescente recibe su primera dosis contra la covid-19 en el centro de vacunación de la Fira de Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI

Los centros de vacunación de media España ya están poblándose de adolescentes que, acompañados por sus padres, acuden a recibir la primera dosis para inmunizarse contra la covid-19. Diez comunidades han comenzado con el último tramo del plan: los chavales de 12 a 19 años. Son 3,8 millones de personas, de las que un 17,9% ya ha recibido al menos un pinchazo, a un ritmo que hace prever que a lo largo de septiembre, al tiempo que comienza el curso escolar, se completará la pauta de la mayoría de esta franja de edad.

Este grupo se solapa con los de edades superiores, que continúan avanzando hacia el segundo pinchazo (caso de los que tienen entre 30 y 50) o con los que están recibiendo mayoritariamente el primero, como sucede con los veinteañeros, de los que más de la mitad tiene una dosis. España continúa entre los países con más porcentaje de personas completamente vacunadas: un 58,6% de la población.

Las inmediaciones del punto de vacunación contra la covid-19 en la plaza de España de Barcelona parecían este miércoles una especie de versión de la película El curioso caso de Benjamin Button, cuyo protagonista, en vez de envejecer, nace anciano y rejuvenece conforme pasa el tiempo. Tras dar cobijo a colas de cabezas canosas, gente de mediana edad, jóvenes que ya no lo son tanto y otros que pronto dejarán de serlo, es el turno ahora de los adolescentes de 12 a 15 años, cuya vacunación acaba de empezar en Cataluña. Las únicas comunidades que quedan sin abrir turnos de forma masiva para menores de 20 son Cantabria, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia y La Rioja.

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En la Fira de Barcelona, la cola avanza rápido y la escena la componen chavales que vienen acompañados de sus padres y de sus hermanos pequeños. Uno sale del recinto con una tirita en el brazo y hablando por teléfono, presumiblemente con alguno de sus abuelos: “Sí, ya me han vacunado; no, no me ha dolido. Pues bien, he ido de campamentos, y ahora vendremos al pueblo”.

Los expertos que asesoran al Gobierno en el plan de vacunación han tenido pocas dudas a la hora de incluir a este colectivo en la estrategia, algo que también han hecho la mayoría de países europeos, así como Estados Unidos. Más reticente ha sido el Reino Unido. A pesar de que fue uno de los primeros países en comenzar a inmunizar a su población, de momento solo se ha pinchado a los menores con patologías que les hacen más vulnerables a la covid. El ministro de Universidades, Michelle Donelan, ha anunciado este miércoles que se comenzará a vacunar de forma “inminente” a los que tienen 16 y 17, pero no está claro si se hará con los menores de esa edad. Los expertos de este país consideran que la evaluación de riesgo-beneficio para ellos no es claramente favorable.

El peligro de que los adolescentes sufran complicaciones con la enfermedad es muy remoto, pero no están exentos en casos excepcionales. Según los últimos datos del Instituto de Salud Carlos III, que todavía requieren una actualización para incluir buena parte de los de la quinta ola (la consolidación va con semanas de retraso), desde el 22 de junio de 2020 han sido hospitalizados a causa del coronavirus 2.878 chavales de entre 10 y 19 años; 160 de ellos requirieron cuidados intensivos y 17 perdieron la vida.

Ángel Hernández Merino, del Comité Asesor de Vacunas de la Sociedad Española de Pediatría, opina que es un número “muy bajo”, si se compara con el de edades superiores, pero “muy alto” en términos de coste social. Por eso, con la gran ola en curso, que afecta mayoritariamente a la población más joven, el criterio en la mayoría de países occidentales es vacunar a los adolescentes.

Sala de descanso del centro de vacunación contra la covid-19 de la Fira de Barcelona.
Sala de descanso del centro de vacunación contra la covid-19 de la Fira de Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS

Las dudas para los expertos británicos se suscitan, entre otras cosas, porque en la población más joven se han detectado casos aislados de pericarditis y miocarditis, generalmente leves, tras la vacunación. A falta de establecer relaciones causales contundentes entre las inyecciones y estos efectos adversos, Hernández Merino subraya que el riesgo de sufrir estas dolencias por culpa de la infección del SARS-CoV2 es mucho mayor. “Esto es difícil hacerlo entender a algunas familias porque si piensan que el riesgo de infectarse es pequeño, dan poca importancia a los peligros derivados del contagio”, subraya.

De cualquier modo, este experto opina que la vacunación entre este grupo alcanzará tasas altas. “Suelen estar muy influidos por la opinión de sus padres, que en España suelen tener muy buena respuesta a la vacunación”, explica. Para los menores de 16 años es obligatorio acudir a la inoculación acompañados de un adulto que, con su presencia, da el consentimiento al pinchazo.

Con algún miedo y no exentos de reticencias, a la salida de la Fira de Barcelona, los jóvenes se hacían este miércoles las mismas fotos que las generaciones mayores. Dani Zazo le saca una instantánea a su hija Ariadna, de 14 años y recién vacunada, mientras su hermana pequeña, de ocho, se la mira. “No le hacía mucha ilusión, pero se lo han dicho los papás y es lo que hay”, dice sonriendo el padre. Nada más abrirse la convocatoria, han intentado citarse mediante la aplicación y lo han logrado. La familia valora que todos estén vacunados, no tanto por necesitarlo para las vacaciones, sino para poder llegar al inicio de curso con todos ya inmunizados.

Los hermanos Óscar y Pablo Pons también han recibido el pinchazo, y se van para casa con su madre, quien consiguió cita rápidamente la misma mañana. Tienen 15 y 13 años y los dos caminan apretando con una mano la zona vacunada. “Tenía un poco de miedo al principio, pero todo ha ido perfecto, casi no se nota cuando te pinchan”, dice uno. “Ya teníamos ganas de vacunarnos”, añade el otro. El verano les depara un viaje a Galicia y otro al Pirineo, de momento zonas en las que no se solicita el pasaporte de inmunidad para hacer actividades. “En principio no hace falta, pero bueno, siempre va bien”, destaca la madre.

Un grupo imprescindible para controlar la epidemia

Manuel Franco, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública, sostiene que la vacunación de los adolescentes va a ser importante para una vuelta a las aulas exitosa el próximo curso. “Además, alcanzar la inmunidad de rebaño sin ellos es prácticamente imposible”, subraya.

Lo cierto es que esta meta es complicada incluso con ellos. Las nuevas variantes han provocado que el porcentaje del 70% de personas inmunizadas para alcanzarla quede ya muy lejos y la mayoría de los expertos lo sitúan por encima del 90%. Teniendo en cuenta que no hay vacuna aprobada para niños menores de 12 años (que suponen un 11% de la población), que se estima que un 4% rechaza frontalmente la vacuna, y que hay otras personas que no tienen interés o no pueden acceder a la inyección (ya sea por falta de motivación, por estar fuera del sistema o por problemas de salud), es complicado llegar mucho más allá del 80%. Así que muchos expertos ya no hablan tanto de esta protección de grupo, sino más bien del control funcional de la epidemia: reducir al mínimo los contagios y que muy pocos casos requieran asistencia hospitalaria.

Otro debate que se abre con la vacunación de los adolescentes es el ético. El pediatra Carlos González, autor del libro En defensa de las vacunas, cuestiona que en un mundo que dispone de pocas dosis se pinche antes a jóvenes europeos que a ancianos africanos. “Si hubiera para todos habría que vacunar a todos. Y espero que pronto haya estudios para poder vacunar también a niños. Pero, mientras no las haya, debería priorizarse el vacunar a los grupos de riesgo en otros países”. La Organización Mundial de la Salud ha hecho varios llamamientos en este mismo sentido, insistiendo en que no es necesario vacunar a los más jóvenes, ya que sus vidas no corren gran riesgo.

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