La crisis del coronavirus

Johnson retrasa cuatro semanas el final de la desescalada en el Reino Unido para intentar frenar la variante india del virus

El Gobierno británico aspiraba a recuperar la normalidad plena el 21 de junio. Se mantendrá el límite de seis personas en reuniones en interiores y la recomendación de trabajar desde casa

Clientes del pub Fox on The Hill, en el sur de Londres, en una terraza el 12 de abril.
Clientes del pub Fox on The Hill, en el sur de Londres, en una terraza el 12 de abril.ANDY RAIN / EFE

Boris Johnson empieza a darse cuenta de que la libertad, tal y como la concebía, queda todavía muy lejos. El primer ministro británico ha comparecido este lunes ante los medios, acompañado de sus dos principales asesores médicos durante la pandemia, para anunciar un retraso de hasta cuatro semanas del Día de la Libertad. En el plan de desescalada diseñado por Downing Street, el 21 de junio era la última etapa, el momento en el que los ciudadanos recuperarían su plena normalidad y se levantarían de modo casi completo las restricciones sociales. La variante india (o delta), que se extiende por el país a un ritmo preocupante durante las últimas semanas, ha trastocado los planes. El Reino Unido ha registrado este lunes 7.742 nuevos casos y tres muertes. En promedio, el número de nuevas infecciones es un 45% superior al de hace una semana. El ritmo de hospitalizaciones también se acelera, y ya supera en un 50% al de los días previos. Y afecta sobre todo a los menores de 40 años. De hecho, la incidencia a 14 días por 100.000 habitantes ha pasado de rondar los 40 hace un mes a más de 130 con los últimos datos de la web del Gobierno. En España está en 104.

Boris Johnson, primer ministro británico. En vídeo declaraciones de Boris Johnson en rueda de prensa este lunes. EFE

“No podemos eliminar simplemente de un modo definitivo la covid. Debemos aprender a convivir con ella”, ha explicado Johnson. Con la nueva variante, ha afirmado, “el vínculo entre contagios y hospitalizaciones se ha debilitado, pero no se ha frenado del todo”. Ahora se mantendrá el límite de seis personas en reuniones interiores y la recomendación de seguir trabajando desde casa. Johnson ha ofrecido el consuelo de levantar el límite actual de 30 personas para las bodas, aunque los locales deberán seguir imponiendo normas de distanciamiento social y se prohibirán los bailes posteriores. Los teatros, discotecas y festivales musicales seguirán prohibidos.

Los viajes internacionales se verán afectados por la decisión, aunque Johnson no ha querido aventurar ningún cambio. Todos los países europeos, España incluida, permanecen en la “lista ámbar”. El Gobierno británico recomienda no planear vacaciones en los destinos de esa lista y obliga a quienes regresen de ellos a someterse a una cuarentena de diez días y tres pruebas PCR. “Ajustémonos a nuestro sistema de listas verdes, rojas y ámbar. No puedo añadir mucho más al respecto”, ha resumido Johnson, para responder a la creciente frustración de la industria turística.

El primer ministro británico se enfrenta a un doble dilema para cuya resolución necesitará unas semanas extra. Los expertos que le asesoran quieren comprobar la verdadera eficacia de las vacunas para frenar los casos de enfermos graves infectados por la nueva variante. Y, a pesar del éxito de la campaña de vacunación, las cifras todavía no llegan a construir una barrera de tranquilidad. Un estudio publicado por la revista científica The Lancet ha concluido, con datos recabados sobre todo en Escocia, que el riesgo de hospitalización derivado de la variante india, que ya se ha convertido en la predominante en todo el Reino Unido, duplica al de la variante anterior, conocida como británica. La doble dosis de vacunas se ha mostrado algo menos resistente contra la nueva amenaza, pero todavía ofrecen mucha esperanza. Dos inyecciones del compuesto de Pfizer ofrecen una protección del 81%. En el caso de AstraZeneca, la más distribuida en el Reino Unido, la protección es del 60%.

El Gobierno británico dispone de cuatro semanas adicionales para acelerar el ritmo de vacunación y lograr un objetivo triple: que todos los mayores de 50 años hayan recibido las dos dosis y haya pasado el tiempo necesario para que hagan efecto; incrementar la velocidad de la campaña de inmunización de los mayores de 40 años; y, finalmente, reducir para todos ellos de 12 a 8 semanas el intervalo entre dosis. Un 57% de la población adulta del Reino Unido ha recibido ya las dos inyecciones, frente a un 79% que ha recibido únicamente la primera. La cifra clave sería la del 70% con tratamiento completo a finales de julio y esa es la meta de Downing Street. “Para el 19 de julio habremos construido un muro de inmunización para toda la población. Confío en que ese día podamos regresar a la normalidad”, ha dicho el primer ministro.

Pero Johnson se enfrenta además a una complicada situación política. Una y otra vez ha insistido en que la vuelta a la normalidad, después de someter a una montaña rusa de tensión a los ciudadanos con confinamientos que aparecían, desaparecían y volvían a aparecer para ser aún más duros, sería “irreversible”. Los datos científicos actuales no concluyen que el 19 de julio tenga que ser, necesariamente, el nuevo “día de la libertad”. La incertidumbre se puede prolongar aún mucho tiempo y la paciencia de los británicos acabar colmándose con nuevas expectativas frustradas. Junto a esa tensión psicológica, está la revuelta política.

El presidente de la Cámara de los Comunes, Lindsay Hoyle, ha calificado este lunes de “completamente inaceptable” que Downing Street hubiera anunciado previamente a los medios la decisión que estaba a punto de adoptar Johnson sin que los diputados tuvieran nada que decir. “No lo acepto, y me encuentro en una fase en la que comienzo a plantearme otras posibilidades, si el Gobierno no está dispuesto a tratar esta Cámara de un modo más serio”, ha dicho Hoyle en un comunicado incendiario. Todo el asunto tiene más de ofensa formal que de crisis constitucional en ciernes. Es tradición que los anuncios relevantes del Gobierno británico se hagan en primer lugar en el Parlamento, aunque desde hace años los inquilinos de Downing Street filtran antes a los periodistas las grandes decisiones. Johnson, sin embargo, ha superado con creces a sus predecesores en esta práctica. Este lunes, el ministro de Sanidad, Matt Hancock, tenía en agenda explicar en Westminster lo que su jefe ya había desvelado tres horas antes.

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