Medicina

Vera Gedroitz, la princesa cirujana que revolucionó la medicina de guerra

Doctora, profesora y escritora, se convirtió en la primera mujer cirujana militar de Rusia y salvó cientos de vidas

Vera Gedroits, en el centro de la imagen.
Vera Gedroits, en el centro de la imagen.

La infancia suele servir para acumular experiencias y recuerdos selectivos, pero en muchas ocasiones también es una fuente de traumas que después nos acompañan toda la vida. A Vera Gedroitz, la muerte de uno de sus hermanos, al que se encontraba muy unida, la llevó desde niña a querer estudiar Medicina para salvar vidas y paliar el sufrimiento. Tal era el amor por su hermano Sergei, que también inspiró el seudónimo literario con el que firmó sus obras, de poesía y autobiográficas, a lo largo de su vida.

A pesar de ser descendiente de la realeza lituana, la vida de Vera Gedroitz no fue sencilla. Polifacética y excéntrica, gracias a la medicina se convirtió en un referente en las cirugías de guerra y salvó cientos de vidas en el frente con sus métodos revolucionarios de laparotomías. Fue revoltosa de niña y conflictiva de joven, detenida por sus ideas revolucionarias, se casó por conveniencia para poder estudiar en otro país. Sin embargo, su dedicación a la cirugía y a la docencia la convirtieron en pionera en estos ámbitos y hasta desempeñó su trabajo en el Palacio Imperial ruso.

La princesa Vera Ignatievna Gedroitz, su verdadero nombre, nació tal día como hoy, 19 de abril, hace 151 años, en 1870, en la Gobernación de Oriol del Imperio Ruso -actual Ucrania-. Fue la tercera de cinco hermanos en una familia en la que madre procedía de Alemania y su padre pertenecía a la realeza lituana.

Poco se sabe de la infancia de Vera, aparte de la profunda cicatriz que le produjo la muerte de su hermano Sergei, por el que desarrolló su interés por la Medicina y prometió ayudar a prevenir el sufrimiento. Su abuela la enseñó a leer y a escribir, música, baile y también a hablar en francés.

Vera asistió a la escuela secundaria de mujeres de Bryansk, pero fue expulsada por las continuas travesuras contra sus maestros. Su padre quiso entonces que se iniciara en la medicina como asistente en una fábrica, pero finalmente fue readmitida en la escuela y se graduó con muy buenas notas. Continuó su educación en San Petersburgo, aunque la joven volvió a poner en riesgo su futuro al unirse al movimiento juvenil revolucionario, ya que fue detenida, expulsada de los estudios y devuelta junto a sus padres.

Ansiosa por concluir sus estudios, y ante la imposibilidad de hacerlo ya en Rusia, Gedroitz organizó un matrimonio de conveniencia con su amigo Nikolai Belozerov en San Petersburgo. Vera utilizó su nuevo nombre para obtener un pasaporte y viajó a Suiza para estudiar en la Universidad de Lausana, donde se formó para ser cirujana y se graduó en 1898, de nuevo con calificaciones brillantes que le valieron su título de Doctora en Medicina y Cirugía.

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En Suiza profundizó en sus investigaciones sobre la cirugía, pero en 1900 se vio obligada a regresar a Rusia cuando recibió una carta de su padre en la que le informaba de que su hermana Alexandra había muerto de tuberculosis y que su madre sufría de agotamiento nervioso. Le pidió a Vera que regresara y a cambio le prometió ayudarla a conseguir un trabajo en un nuevo hospital de una fábrica de 10 camas que se estaba construyendo.

A su llegada a Rusia, Gedroitz fue contratada inmediatamente en la Fábrica de Cemento Maltsov y allí empezó a ejercer de cirujana. Cuando solo llevaba un año en el puesto había realizado 248 intervenciones quirúrgicas, incluidas amputaciones, hernias y fracturas, con un mínimo de muertes. Preocupada por la salud general de los trabajadores, Vera elaboró una lista de recomendaciones para los administradores de la fábrica y también comenzó a publicar artículos científicos en revistas médicas rusas, que rápidamente fueron traducidos y tenidos en cuenta a nivel internacional.

El 21 de febrero de 1903 Vera recibió la convalidación de su título de Medicina en Rusia, lo que le permitió ejercer como cirujana en todo el país. Un año después, con el estallido de la guerra entre Rusia y Japón, Gedroitz se ofreció como voluntaria para ir al frente con Cruz Roja. En el primer mes de la guerra la primera cirujana en una contienda atendió a 1.255 pacientes, incluidos más de 100 pacientes con heridas en la cabeza y 61 pacientes con heridas abdominales.

Su pericia y profesionalidad le valieron ser nombrada cirujana en jefe del tren hospital, que constaba de un vagón operativo y cinco vagones para pacientes. El vagón de operaciones era una unidad quirúrgica especialmente equipada, suministrada por la nobleza rusa para permitir que la atención a los heridos se realizara en las líneas del frente.

Gedroitz fue la primera en realizar laparotomías en pacientes militares con un método que obligaba a realizar la intervención quirúrgica dentro de las tres horas posteriores a ser herido. Su tasa de éxito fue tan alta que el Ejército ruso y la sociedad rusa de médicos militares adoptaron oficialmente sus procedimientos operativos.

Con la inminente derrota rusa, Gedroitz ayudó a organizar la evacuación del tren hospital, que se realizó bajo fuego de armas porque las tropas se negaron a retirarse hasta que los pacientes fueran trasladados. En 1905 Vera regresó al Hospital de la Fábrica Maltsov como cirujana jefa y fue nombrada jefa médica del Hospital Lyudinovskaya.

Además de hernias y lesiones industriales, las publicaciones de Gedroitz también cubrieron cirugías para obstetricia, la glándula tiroides y varios tumores que había visto en sus pacientes. Sus experiencias de intervenciones quirúrgicas incluyeron heridas abdominales y torácicas, amputaciones, embarazos ectópicos, reconstrucciones faciales y de tendones, resecciones intestinales, histerectomías, trepanaciones del cráneo y fragmentación de huesos.

En 1909 la emperatriz Alexandra Feodorovna convirtió a Gedroitz en la médica residente principal del Hospital de la Corte y primera mujer médica de la casa real, encabezando los departamentos de Cirugía y Ginecología-Obstetricia, además de ser la pediatra de los menores del palacio. Tal era el amor de Vera por la medicina y la cirugía que llegó a involucrar en ellas a la emperatriz Alexandra y a sus hijas Tatiana y Olga enseñándoles lo básico de la cirugía.

Con la llegada de la revolución en 1917 y verse amenazada hasta la propia familia real rusa, Gedroitz volvió a pedir trabajar como cirujana de guerra una vez más. Esta vez se trataba de la Primera Guerra Mundial, aunque en ella no corrió la misma suerte que en su primera experiencia bélica, ya que fue herida y terminó en Kiev.

Allí, una vez recuperada, Vera Gedroitz fue contratada para enseñar cirugía pediátrica y finalmente recibió el título de profesora y desempeñó su cargo en la Universidad de Kiev a partir de 1929. Sin embargo, la medicina no fue su única ocupación. Además de numerosos artículos médicos sobre nutrición y tratamientos quirúrgicos durante su etapa como profesora, su talento como escritora se extendió a la publicación de varias colecciones de poemas y obras basada en hechos reales, entre las que destacan sus memorias, publicadas en 1931 y tituladas simplemente La vida. En ellas cuenta la historia de su viaje personal que la llevó a servir en el frente en 1904.

Gedroitz, conocida por sus excentricidades, su vestimenta masculina y su voz grave, falleció en marzo de 1932, a los 61 años, víctima de un cáncer de útero diagnosticado un año antes. Fue enterrada en Kiev y al parecer su tumba fue atendida durante muchos años por un arzobispo a quien había tratado en su juventud. Cuando murió el prelado eligió ser enterrado junto a ella.

El legado de Vera Gedroitz, a pesar de ser una gran desconocida, continúa vigente con sus procedimientos médicos de principios del siglo XX y su éxito con el tratamiento de heridas abdominales, que jugaron un papel tan relevante en la medicina militar internacional. Fue pionera en la aplicación de laparotomía para el tratamiento de heridas abdominales en el frente de batalla, una de las primeras mujeres de Rusia en trabajar como cirujana, la primera en convertirse en profesora de cirugía y trabajar como médico militar, y la primera mujer en servir como médico en el Palacio Imperial.

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