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La expansión del coronavirus acelera la carrera por la vacuna

El uso de "plataformas" o modelos ya utilizados en otros patógenos como el MERS permite acortar plazos

Trabajadores del Instituto de Virología de la Universidad Philipps de Marburgo (Alemania), que investiga una vacuna contra el coronavirus de Wuhan.

La imparable propagación del virus de Wuhan ha disparado la atención sobre la carrera para conseguir una vacuna. Al menos media docena de empresas, universidades e instituciones han anunciado en los últimos días que están en la senda para desarrollar el fármaco, en algún caso con la promesa de tener las primeras dosis en unos meses.

“Estamos mejor preparados que nunca para conseguir la vacuna”, asegura Jaime Pérez Martín, de la junta directiva de la Asociación Española de Vacunología (AEV), que sin embargo considera que con el fragor de la competencia “se han exagerado un poco los tiempos”.

Aunque “el plazo promedio de desarrollo de una vacuna es de 10 años”, según Ignacio Sáez-Torres, director general de Sanofi Pasteur Iberia, “el panorama de financiación e investigación ha evolucionado mucho” en los últimos tiempos. 

Todas las fuentes destacan el gran hito que ha supuesto la Coalición para Innovaciones para la Preparación ante Epidemias (CEPI, en sus siglas en inglés), creada en 2017 para acortar los plazos de desarrollo de las vacunas y financiada con fondos públicos y privados.

Científicos franceses del Instituto Pasteur desarrollan una vacuna contra el coronavirus. REUTERS

La CEPI ha elegido apoyar tres proyectos aún en sus fases iniciales. Dos de ellos —de las estadounidenses Moderna Therapeutics e Inovio Pharmaceuticals— están basados en “plataformas”. “Es algo novedoso, similar a lo que se hace con la gripe cada año, que solo cambias la cepa. Sobre la plataforma ya desarrollada para el virus del MERS [siglas en inglés de Síndrome Respiratorio de Oriente Medio] y la secuencia genética del de Wuhan, es posible desarrollar la nueva vacuna sin empezar de cero todo el proceso”, explica Pérez Martín.

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La CEPI ha aportado por ahora 8,1 millones de euros al programa de Inovio y financiará el desarrollo de la plataforma de RNA de Moderna.

El tercer proyecto apoyado por la CEPI está basado en proteínas virales y surge de la Universidad de Queensland (Australia). A los anteriores, la CEPI sumó este lunes un nuevo participante: la farmacéutica británica GlaxoSmithKline (GSK). “La empresa aportará sus adyuvantes, que son unas sustancias que potencian la respuesta inmune del organismo. Su gran ventaja es que reducen la carga antigénica a inocular en cada paciente y multiplican las dosis disponibles”, añade Pérez Martín.

El laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), dirigido por Luis Enjuanes, impulsa otro proyecto de vacuna mediante una combinación de síntesis química e ingeniería genética. Este sistema desmenuza “todos los fragmentos del genoma del virus” para luego “ensamblarlos sin genes que le dan virulencia”.

“Su gran ventaja es que es un sistema basado en virus atenuados, que dan una mayor inmunización y no requieren revacunaciones”, explica Enjuanes. “Tendremos el primer prototipo en tres o cuatro meses. El problema viene luego con los ensayos clínicos, que requieren un gran presupuesto”, añade.

El Instituto Pasteur de Francia y otras empresas y universidades han dado a conocer en las últimas semanas otros proyectos. Todos hablan de unos pocos meses para tener los primeros prototipos, aunque Pérez Martín estima que “llegar a una fase avanzada requerirá no menos de medio año”.

“Luego habrá que probar su eficacia y seguridad. Y por último, poner en marcha el sistema de fabricación, algo muy complejo”, añade este experto, que ve muy difícil sacar la vacuna al mercado en menos de un año.

 

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