La crisis del coronavirus

São Paulo avanza en la desescalada con la reapertura de los cines

Más de 13.000 personas han muerto en la ciudad, uno de los puntos más afectados por el coronavirus en Brasil

Una sala de cine en São Paulo este sábado.
Una sala de cine en São Paulo este sábado.SEBASTIÃO MOREIRA / EFE

São Paulo ha pasado de fase. La mayor ciudad de Brasil y otras cinco regiones (Campinas, Sorocaba, Piracicaba, Taubaté y Baixada Santista), que en conjunto representan el 76% de la población del Estado de São Paulo, han pasado este viernes de la fase amarilla a la fase verde —la segunda menos restrictiva— del plan de desescalada creado por el Gobierno del Estado para combatir el coronavirus en una pandemia que ya ha dejado más de 13.000 muertos y al menos 340.000 casos confirmados de covid-19 en la capital.

En la práctica, eso significa que, a partir de este sábado, las actividades culturales como cines, teatros, museos, eventos y convenciones estarán de vuelta. Pero los parques municipales solo estarán abiertos durante la semana y no hay planes para reanudar proyectos como el “Paulista Abierta”, que prohíbe la circulación de coches en la avenida los fines de semana. El Ayuntamiento considera que es muy difícil controlar el acceso de un número limitado de personas a estos lugares y evitar las aglomeraciones.

Los espacios que han reabierto podrán funcionar solo con el 60% de aforo, tendrán que controlar el acceso y solo se podrá entrar con reserva. Otros lugares tradicionales de entretenimiento en São Paulo, como centros comerciales, comercios y servicios, incluidos los gimnasios, pueden funcionar durante 12 horas al día. Los restaurantes y bares pueden permanecer abiertos hasta las once de la noche, pero se puede consumir solo hasta las diez, para la tristeza de los bohemios. Las actividades y locales que generan multitudes, como fiestas, discotecas, estadios y conciertos con el público de pie, están prohibidos.

Sin bajar la guardia

Es un momento decisivo para la ciudad, que entró en cuarentena, junto con el resto del Estado, el 21 de marzo, cuatro días después de registrar la primera muerte por coronavirus en el país. No deja de ser una buena señal para la ciudad que se ha convertido en la más afectada por la covid-19 y el epicentro de la pandemia en Brasil. Mientras tanto, el desarrollo de una vacuna sigue siendo incierto. El Gobierno del Estado apuesta por la colaboración entre el laboratorio chino Sinovac y el Instituto Butantan de São Paulo para la fabricación local de la llamada Coronavac, pero encuentra dificultades técnicas y políticas: el gobernador João Doria es adversario del presidente Jair Bolsonaro, que prefiere poner sus fichas en la colaboración entre la Fundación Oswaldo Cruz y la universidad inglesa de Oxford. El resultado es una especie de carrera entre São Paulo y Brasilia para desarrollar la vacuna, una disputa que acaba perjudicando a ambas partes. Durante la rueda de prensa en la que anunció la entrada en la nueva fase, el propio Doria admitió que tiene un plan B en caso de que el Ministerio de Sanidad se niegue a comprar Coronavac para distribuirlo en la sanidad pública: negociar su venta directamente a otros Estados brasileños, como si fuera una especie de Ministerio de Sanidad paralelo.

Sin embargo, nada de esto significa, ni mucho menos, que São Paulo se haya librado del coronavirus. Todavía no se ha llegado a la nueva normalidad —o Normalidad Controlada, como la llama el Gobierno de São Paulo—, que equivaldría a la Fase Azul. Ahora la capital entra en la Fase Verde, denominada Apertura Parcial, la cuarta de las cinco fases diferenciadas por colores: Roja, Naranja, Amarilla, Verde y Azul, de más a menos restrictiva.

Para que cada región del Estado pase de un nivel a otro, es necesario que cumpla varios requisitos, como la disminución de las tasas de ocupación de camas de UCI, la cantidad disponible de estas camas por cada 100.000 habitantes y la evolución de las curvas de nuevos casos y muertes durante siete días consecutivos. Pero para pasar a la Fase Azul las reglas pueden ser diferentes. José Medina, coordinador del Centro de Contingencia del Coronavirus en el Estado, explica que las condiciones todavía se están estudiando, pero que podría establecerse como condición la existencia de una vacuna.

Sin embargo, hay expertos que consideran que pasar de fase en este momento puede ser desastroso para São Paulo. Otras ciudades que intentaron retomar las actividades económicas precozmente, como Belo Horizonte y Curitiba, tuvieron que volver a fases anteriores, en una especie de efecto yoyó. Sin embargo, Doria insiste en que el plan de São Paulo es “modestamente, un ejemplo para el mundo”.

Independencia o muerte

Colores aparte, la covid-19 sigue extendiéndose por el Estado de São Paulo, aunque la disminución del número de muertes diarias en la capital esté haciendo bajar la media nacional. El último boletín del Ayuntamiento, del pasado miércoles, registra 40 muertes, un número que solía ser superior a 130 en junio. Aun así, a nivel estatal, ya hay más de un millón de casos confirmados y el número de muertes supera los 37.000. A la vez, Brasil ha superado la barrera de los 150.000 muertos tan solo dos meses después de que se alcanzaran los 100.000, el 8 de agosto. En las últimas 24 horas han muerto 658. Es como si tres aviones siguieran cayendo en el país, día tras día.

Pero incluso eso parece atraer poco la atención de la población de São Paulo, después de casi ocho meses de cuarentena y restricciones sociales. En las calles, poco a poco, las mascarillas empiezan a dar paso a caras desprotegidas. Ver los bares abarrotados fuera del horario establecido ya no es inusual. Las aceras atestadas de peatones, consumidores y transeúntes vuelven a formar parte de la escena urbana, como antes. Este tipo de cuarentena al revés comenzó a tomar forma especialmente después del fin de semana del 7 de septiembre, día de la Independencia de Brasil, cuando se llenaron las playas, los bares y los parques. Es como si la población hubiera decidido declarar su propia independencia de la cuarentena. Con escenas presentes en la memoria reciente como la falta de plazas en el cementerio de Vila Formosa de São Paulo, tiene sentido cuestionarse si este es el camino más sensato.

Además, está la cuestión, cada vez más presente, de la amenaza de una posible segunda ola. Mientras São Paulo cambia de color y relaja el confinamiento, Madrid vuelve a decretar el estado de alarma durante 15 días y París vuelve a imponer algunas restricciones. Es difícil comparar las situaciones en las ciudades, porque utilizan criterios diferentes para adoptar medidas de aislamiento social. Madrid prefiere orientarse por los casos detectados mediante pruebas PCR, un número que ha crecido en los últimos días, como ha indicado la Organización Mundial de la Salud. En São Paulo, en cambio, como no hay un control total sobre los datos de las pruebas, el indicador preferido es el porcentaje de camas de UCI ocupadas por pacientes con covid-19. Actualmente, este número está en torno al 37% en la capital, con tendencia descendente: en junio, llegó a superar el 90%.

Aun así, la posibilidad de una segunda ola preocupa a São Paulo. Es interesante observar que, incluso durante el anuncio del paso a la Fase Verde, el propio Doria comentó que “el verano en Europa ha dejado una lección para el mundo. El descuido con el uso de las mascarillas y las aglomeraciones han generado una segunda ola de infección. Que le sirva de lección a Brasil”, dijo, antes de hacer una enfática advertencia sobre los riesgos presentes en el festivo del 12 de octubre: “El virus no elige a la víctima, ni la edad, ni el sexo, ni el estatus socioeconómico. Piensa en la gente que has perdido en estos ocho meses antes de tomar actitudes equivocadas”.

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