La crisis del coronavirus

Los expertos cuestionan las restricciones de Madrid: llegan tarde y son insuficientes

“Mi pronóstico es que no se logrará doblegar la curva de crecimiento así”, dice José Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública

Dos personas en el cerro del Tío Pío en el barrio madrileño de Numancia, uno de los afectados por las restricciones de movilidad acordadas por el Gobierno de Madrid.
Dos personas en el cerro del Tío Pío en el barrio madrileño de Numancia, uno de los afectados por las restricciones de movilidad acordadas por el Gobierno de Madrid.Víctor Lerena / EFE

Las medidas restrictivas que aplicará la Comunidad de Madrid a partir del próximo lunes llegan tarde, coinciden los epidemiólogos consultados, con las tasas de contagio ya desbocadas en los barrios que serán confinados perimetralmente (salvo para tareas esenciales como trabajar, estudiar o acudir a centros sanitarios) y en los que se cerrarán parques y se limitarán aforos en bares y restaurantes. Varios de ellos afirman que además son insuficientes y echan en falta medidas como el refuerzo del transporte público, el aumento de la capacidad de rastreo o la habilitación de hoteles o establecimientos en los que se pueda garantizar el aislamiento de los positivos.

El más pesimista es José Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública: “Mi pronóstico es que no se logrará doblegar la curva de crecimiento así”. En su opinión, “las áreas seleccionadas son pocas y las excepciones a la restricción de movilidad son demasiadas”, lo que hará que muchas personas asintomáticas puedan seguir llevando la infección más allá de los barrios en los que residen. Y pone el acento en la capacidad para hacer cumplir esas restricciones. “Al no basarse en la declaración del estado de alarma, su base legal es muy endeble y los efectivos humanos, insuficientes”, asegura. El que fuera secretario general de Sanidad con cuatro ministros cree que “Madrid ha perdido un mes”, durante el que podría haber ido haciendo confinamientos selectivos para tratar de reducir la transmisión en áreas concretas. Su vaticinio es sombrío: “Estamos condenados al confinamiento”.

“¿Y el refuerzo del transporte público? ¿Y los rastreadores?”, se pregunta Jesús Molina Cabrillana, de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph). “La incidencia es muy alta en zonas desfavorecidas”, apunta, lo que hace imprescindible “habilitar áreas para asegurar las cuarentenas”. En esta fase es muy importante que los contactos estrechos de un positivo puedan aislarse correctamente, quizá en hoteles u hostales donde pasar las cuarentenas con cierta supervisión, coincide Joan Ramon Villalbí, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas). Pone el ejemplo de las viviendas en las que reside más de una familia. Molina Cabrillana cree que las medidas “llegan tarde”. “Hace más de una semana que la incidencia estaba disparada”, lamenta.

“Sería bueno tener una estimación de qué proporción de la tasa de contagio en esas zonas básicas de salud es atribuible a su elevada movilidad, y por tanto potencialmente reducible al disminuirla”, apunta Fernando Rodríguez Artalejo, portavoz de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE). Porque, recuerda, la movilidad por motivos laborales, escolares, de fuerza mayor o para realizar trámites con la Administración se va a mantener. Estos desplazamientos, añade, “son probablemente un componente sustancial de la movilidad total en los días de semana”. “La cuestión central es si el conjunto de las medidas son sinérgicas porque cada una por separado puede ser insuficiente. Además hace falta más responsabilidad social porque una parte importante de los casos se producen en ambientes privados”, añade.

Martínez Olmos resalta lo “contradictorio” de cerrar espacios públicos como los parques mientras se mantiene un aforo del 50% en el interior de bares y restaurantes. En esta decisión, asegura, ha primado más el aspecto económico que el epidemiológico. Y recuerda que, al no tratarse de un confinamiento estricto como en marzo, las personas que residen en viviendas pequeñas con varios convivientes, quizá con mala ventilación, van a seguir saliendo a la calle pero no van a disponer de espacios amplios como los parques para pasear. Para él mejorar las frecuencias del transporte público es esencial. “Y para eso no hace falta estado de alarma”, dice. Molina Cabrillana asegura que metros y autobuses en determinadas horas “deberían ir a la mitad de su capacidad para asegurar la distancia, lo que refuerza la protección de las mascarillas”.

Villalbí apunta a que las tasas de contagios de Madrid son similares a las de Israel: “Y allí lo han cerrado todo”. Y recuerda que otras comunidades han tomado estas medidas mucho antes, “cuando había indicios de que los casos iban subiendo”. Cuando investigar, aislar y cuarentenar “no se hace, o se hace poco o mal, al final tocan medidas orientadas a reducir el contacto entre personas”, afirma, ya sea con restricciones de aforo o con cierres perimetrales como ya hubo en Aragón o en Galicia. “La situación de Madrid es peculiar porque parece que durante mucho tiempo no quisieron tomar estas medidas”, reflexiona. ¿Es posible ahora hacer una buena investigación de casos? “Sería importante, pero con el volumen que tienen ya no lo deben de ver posible”, asegura. Pese a ello, las comunidades que aplicaron medidas consiguieron disminuir la transmisión. “Esperemos entre siete y diez días y veamos qué ocurre”.

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