Derechos civiles

Afganistán va a incluir el nombre de las madres en el carné de identidad

La medida supone reconocer la identidad individual de las mujeres en un país que ha considerado tabú su presencia en público

Dos niñas afganas cargan ladrillos en una fábrica a las afueras de Kabul.
Dos niñas afganas cargan ladrillos en una fábrica a las afueras de Kabul.HEDAYATULLAH AMID / EFE

El Gobierno de Afganistán se propone incluir el nombre de la madre en el carné de identidad, junto al del padre que era el único que figuraba hasta ahora. El proyecto de ley, que está pendiente de la aprobación del Parlamento, es algo más que un gesto simbólico en un país con una larga tradición de ocultamiento y discriminación de las mujeres. “Supone el reconocimiento de nuestra identidad”, resume la diputada Fawzia Koofi, una de las activistas que reclamaban la medida.

La idea de ver impreso el nombre de la madre resulta casi revolucionaria cuando buena parte de la sociedad aún considera un tabú la presencia de las mujeres en público. Una mezcla de usos tribales y selectivas interpretaciones religiosas no sólo ha mantenido a las afganas encerradas en sus hogares o bajo el opresivo burka, sino que les ha negado la identidad individual. De ser ‘hija de’ pasan a convertirse con el matrimonio en ‘mujer de’ sin que nadie pronuncie su nombre en público; tampoco sus hijos. A menudo, ni siquiera se escribe en la tumba cuando mueren.

“La inclusión del nombre de la madre junto al del padre en el carné de identidad no es solo una demanda de las feministas, sino una necesidad social y legal para las mujeres en Afganistán, porque las guerras han dejado a muchas al frente de la familia y se enfrentan a problemas muy graves para establecer su identidad cuando reclaman las propiedades que les pertenecen o la custodia de sus hijos. No se trata solo de algo simbólico, sino de un requisito para establecer la identidad de la mujer. Es un gran paso adelante”, explica Koofi, desde Kabul donde se recupera del atentado sufrido hace dos semanas y que le ha causado graves heridas en la mano derecha.

Un comité legal ha preparado el borrador de ley tras consultar “con dignatarios religiosos e instituciones de la sociedad civil”, según anunció el vicepresidente Mohammad Sarwar Danish el pasado miércoles. “Es un gran paso hacia la igualdad de género y la protección de los derechos de la mujer”, tuiteó Danish, que ha encabezado el comité. El Gobierno responde así a la demanda de las activistas y de las organizaciones de la sociedad civil que hace tres años lanzaron una campaña bajo el lema “¿dónde está mi nombre?”

“Entonces, cuando tramitamos la ley del censo, ya pedimos esta enmienda, pero no logramos suficiente respaldo parlamentario. Y todavía es un proyecto de ley que no sabemos si será aprobado o no, aunque el hecho de que el Gobierno lo haya incluido es un reconocimiento de su necesidad”, precisa la diputada.

En el mismo sentido se ha pronunciado la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán. “Es un primer paso para determinar la identidad [de las mujeres] y reconocer la de las madres”, ha dicho Shabnam Salehi, una de sus integrantes, citada por la cadena de televisión ToloNews.

Tras su aprobación por el Consejo de Ministros, la ley tiene que ser revalidada en la Asamblea Nacional, donde Koofi, que es también una de las vicepresidentas, teme el rechazo de los diputados conservadores. “Se oponen a cualquier cambio legal que favorezca a las mujeres”, señala recordando como frenaron su ley para penalizar la violencia contra la mujer. No obstante, ve un resquicio en aquella experiencia. “Logramos que se aprobara como un decreto presidencial. En este caso, también esperamos que, si no se aprueba en el Parlamento, donde estoy segura de que va a afrontar muchas dificultades, el presidente emita un decreto que la imponga”, concluye.

La decisión adquiere especial significado en vísperas del inicio de las conversaciones del Gobierno con los talibanes, los islamistas radicales que cuando estuvieron en el poder (1996-2001) confinaron a las mujeres a sus hogares y les impidieron estudiar y trabajar fuera de casa. Desde su derribo por la intervención de Estados Unidos, la situación de las afganas ha mejorado sobre todo en las ciudades, pero las activistas se quejan de que aún existe una misoginia muy arraigada en la mayoría de la sociedad.

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