La crisis del coronavirus

El coronavirus ha repuntado en 30 provincias: el mapa con la situación de los contagios en cada una

En el último mes han aumentado los casos y las hospitalizaciones en media España

Los positivos por coronavirus han vuelto a crecer en España. Han aumentado los ingresos en hospitales y se disparan los positivos, que a nivel nacional han pasado de 250 diarios en junio a más de 1.500 esta semana. El repunte es generalizado, como muestra el mapa: los casos están aumentando al menos en 30 de las 52 provincias españolas.

Es importante no comparar las cifras absolutas con las de marzo o abril. La detección hoy es mucho mejor y se estará registrando un porcentaje más alto de los contagios que realmente se producen. Por ese motivo, entre otros, también es lógico que ahora la proporción de casos graves sea inferior. Pero controlar la epidemia exige estar atentos a los rebrotes en cualquier caso, porque como explica Ignacio Rosell, especialista en salud pública, “si entra en las residencias de mayores o se extiende en personas vulnerables, por supuesto, aumentarán los casos graves”.

A las cifras de contagios y hospitales se suman dos datos negativos: la positividad de las pruebas de diagnóstico y las métricas de rastreo de contactos. El porcentaje de pruebas PCR que dan positivo ha subido del 1% en junio al 2,6% en julio, según datos de Our World in Data. Es una mala señal. Si el aumento de casos se debiese a un aumento del número de test, ese porcentaje bajaría. Pero ha ocurrido lo contrario, la positividad aumenta, que es lo que uno espera que pase cuando el virus se expande: más gente cae enferma, acude al médico con síntomas y efectivamente da positivo.

La segunda mala noticia es que las tareas de identificación y seguimiento de contactos no han mejorado apenas en estos meses. A mediados de junio se identificaban tres contactos por cada infectado y esa cifra solo ha subido a cuatro a nivel nacional. En Cataluña, Madrid, Asturias o Castilla-La Mancha los datos oficiales dicen que se identifica un contacto por cada infectado. Son cifras muy bajas, así que los datos están mal o sencillamente no hay rastreo.

La debilidad del rastreo es una crítica que hacen expertos como Helena Legido-Quigley, profesora asociada de la London School of Hygiene and Tropical Medicine: “La mayoría de las comunidades no han preparado bien sus programas de seguimiento de infectados y sus contactos. La idea de estar confinados también era darles tiempo. Muchas no han hecho los deberes”.

Legido-Quigley también cuestiona decisiones del Ministerio de Sanidad: “No entiendo cómo el Gobierno ha dejado pasar de fase a las comunidades sin tener estos sistemas preparados”. Los sistemas de rastreo eran de lo primero que se debía desarrollar. “Seguir a los contactos de personas infectadas, hacer test, aislarlos y hacer un seguimiento. Los países asiáticos lo han hecho desde el principio de la pandemia”. El personal de rastreo parece haber sido insuficiente. En muchas comunidades hay menos de un rastreador por cada 10.000 habitantes, cuando en países como Alemania se usa el umbral de uno por cada 4.000 y otros cálculos recomiendan uno por cada 5.000 o 6.000.

Transmisión comunitaria en Cataluña, Aragón y Baleares

Lo que empezó con brotes entre temporeros en empresas hortofrutícolas del Segriá, ha derivado en una transmisión comunitaria en varios municipios. En Lleida, Huesca y Zaragoza la incidencia supera los 100 casos por millón de habitantes y en Barcelona ronda los 60.

Hay focos conocidos en la comarca leridana, en el área metropolitana de Barcelona y en el municipio gerundense de Figueres. La Generalitat ya ha aplicado restricciones sociales para contener la expansión del virus, incluso, de movilidad (en Lleida ciudad y otros seis municipios colindantes). El Govern también ha reforzado su sistema de detección y rastreo después de las críticas vertidas por su falta de previsión: han incorporado unos 500 administrativos a la atención primaria para ser los llamados “gestores covid”, que servirán de refuerzo a la atención primaria y vigilancia epidemiológica para rastrear los contactos de los casos positivos.

También preocupa Barcelona, donde el Govern reconoce que hay transmisión comunitaria. En la capital y otros 13 municipios de la primera corona metropolitana se han impuesto fuertes restricciones para intentar contener el virus: los bares tienen limitaciones de aforo, igual que las playas; el ocio nocturno está cerrado; los eventos culturales y deportivos están suspendidos, y no es posible reunirse con más de 10 personas. Este viernes la Generalitat anunció que cerrará todos los locales de ocio nocturno al menos durante 15 días.

Calma tensa en la zona centro. En Castilla y León preocupan Soria y Segovia, dos de las provincias con mayor incidencia en los meses de marzo y abril. La Junta impuso la obligatoriedad del uso de mascarilla el pasado sábado. Además, los datos epidemiológicos que se publicaban semanalmente desde que la epidemia frenó han vuelto a ofrecerse diariamente.

En Castilla–La Mancha el virus repunta especialmente en Ciudad Real y comienza a hacerlo en Guadalajara y Toledo. La mascarilla es obligatoria desde el miércoles y el Gobierno manchego, preocupado por el ocio nocturno, obligará a estos locales a registrar los teléfonos de sus asistentes. Valladolid registró uno de los nuevos primeros brotes tras el estado de alarma, pero los datos en la provincia han vuelto a bajar y los hospitales apenas han notado el repunte. “Antes, en marzo, llegaban a los hospitales casos ya graves”, apunta Cesar Aldecoa, jefe de Anestesia y Reanimación en el Hospital Río Hortega de Valladolid. “Ahora, los pocos que llegan confirman que el virus se está detectando antes. Eran casos que no veíamos: más jóvenes o personas sin riesgo, perfiles que en su momento ni se habrían hecho la prueba”. De cara a lo que queda de año, cuenta con una cola larga de ingresos: “Llegarán más casos, pero creemos que muchos menos y sobre todo no de golpe. Naturalmente, si vuelven a ser 400 a la vez, no hay quien lo aguante”.

Madrid sigue siendo una incógnita. Los datos muestran un pequeño repunte del virus, pero su incidencia sigue muy lejos de la registrada en Barcelona o Zaragoza. Es la única comunidad, junto con Canarias, donde la mascarilla no es obligatoria en todos los espacios públicos.

Preocupación en Galicia y País Vasco. Dos de los primeros rebrotes se dieron en la comarca de A Mariña (Lugo) y Ordizia (Gipuzkoa). El rápido crecimiento de los casos obligó a restringir movimientos en la provincia gallega y a limitar horarios y aforos en la localidad vasca. En Bizkaia un brote en el hospital de Basurto aumentó la incidencia del virus, pero los últimos datos del Gobierno regional apuntan a una situación más tranquila. El Servicio vasco de Salud asegura tener controlados los principales brotes, aunque vigila especialmente el de Eibar. Su principal preocupación son los brotes en reuniones y fiestas juveniles, bares y restaurantes.

En Galicia a partir de la próxima semana toda persona que llegue a la comunidad y haya estado en zonas con alta incidencia deberá comunicar su domicilio a la Xunta para facilitar el rastreo en caso de contagio. El brote de A Mariña se considera controlado.

En Asturias y Cantabria, dos de las comunidades que menos han sufrido por la pandemia, la situación sigue en calma, aunque los casos sí han aumentado. En el Principado estuvieron 25 días sin contabilizar casos, pero desde el 7 de julio se han detectado 19 positivos y en la última semana se registra un ingreso hospitalario casi cada día.

Limitaciones al ocio nocturno en Andalucía y la Comunidad Valenciana. Los datos han repuntado en las provincias andaluzas de Almería, Málaga, Córdoba y Granada. Uno de los brotes más graves de la comunidad está vinculado con la asistencia masiva a un funeral en Santa Fe (Granada), con 61 positivos. El día 15 de julio la Junta aprobó el uso obligatorio de la mascarilla y limitó a 25 personas la asistencia a velatorios. También se está planteando la prohibición de los botellones y la limitación de horarios en locales de ocio nocturno.

En Extremadura, donde desde el fin del estado de alarma se han registrado 11 nuevos brotes, los casos crecen sobre todo en Badajoz, con una incidencia media la última semana de 23 positivos por millón de habitantes.

En la Comunidad Valenciana, que salió relativamente bien parada de la primera ola del virus, los positivos están creciendo provincia por provincia y crece el rastro del virus en los análisis de las aguas residuales de la ciudad de Valencia. La comunidad cuenta con 1.008 rastreadores y hace una semana que impuso la mascarilla en la mayoría de espacios públicos. El alcalde de la capital, Joan Ribó, ha pedido que se restrinja también la actividad de bares y discotecas, pero la competencia es de la Generalitat, que se resiste de momento a generalizar una medida que solo se adoptó con el brote en Gandia. La vicepresidenta, Mónica Oltra, ha reconocido que lo más probable es que las limitaciones vayan endureciéndose.

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Con información de Mikel Ormazábal (País Vasco), Ignacio Zafra (Comunidad Valenciana), Eva Sáiz (Andalucía), Sonia Vizoso (Galicia) y Jessica Mouzo (Cataluña).

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