La crisis del coronavirus

El delito de tocar a los monos de Gibraltar

El Gobierno del Peñón protege con multas de 4.400 euros a sus 300 macacos de Berbería para evitar que se contagien de coronavirus

Uno de los monos de Gibraltar, en una imagen de archivo.
Uno de los monos de Gibraltar, en una imagen de archivo.Ziga Plahutar / Getty Images/iStockphoto

Las riñas de soberanía no van con ellos, más que nada porque ellos sí que estaban en esa roca desde mucho antes de que españoles e ingleses siquiera empezaran a poblarla. No tienen más ideología ni bandera que la de vivir plácidamente en la cima de Gibraltar, alimentarse de lo que encuentran y asustar a algún turista. Pero, ni los icónicos macacos de Berbería de la colonia han podido escapar de las consecuencias de la crisis del coronavirus que sufre el mundo. El Gobierno del Peñón ha decidido convertir en delito los intentos de los visitantes de tocarles para evitar que puedan contagiarse con el virus.

El Ejecutivo de Gibraltar ha decidido modificar la Ley de Animales (Animals Act) del Peñón, para minimizar el riesgo de que “contraigan la enfermedad y se pongan enfermos o mueran” por la covid-19, según ha asegurado este viernes la administración en un comunicado de prensa. Para ello, ya ha publicado un proyecto de ley en el que se recoge que tocarles será un delito que podrá acarrear penas de hasta 4.000 libras (4.442 euros). Con este refuerzo de la norma, cuando la colonia recupere las visitas turísticas que ahora están interrumpidas por el confinamiento, los macacos contarán con una protección extra que les blindará frente a los visitantes que suelen subir a verles. La norma entrará en vigor después de un periodo de exposición pública, de en torno a un mes.

Hace tiempo que el ejecutivo de Gibraltar se propuso dejar en paz a los casi 300 monos que componen actualmente la colonia que vive en las zonas más altas y agrestes del Peñón. De hecho, la multa que sancionará a los posibles infractores tiene la misma cuantía que la que la Animals Act ya establecía para quien se atreviese a alimentar a los traviesos animales, una actividad ya penada desde hace años. “La línea oficial durante muchos años ha sido aconsejar a los visitantes que no toquen o interfieran en el comportamiento natural de los animales, dado que no solo perjudica su salud y su estructura social, sino que se les expone a contraer enfermedades humanas”, aseguran desde el Gobierno.

En Gibraltar tienen constatado, de hecho, que el contacto con los hombres ya llevó a sus icónicos monos a enfermar de hepatitis A. En el caso del coronavirus, aseguran también que “en otros lugares ya se ha comprobado que los primates son una especie vulnerable”. Con todo, hasta ahora los macacos de Berbería del Peñón han escapado indemnes de una pandemia que ha afectado ya a 161 gibraltareños y transfronterizos que acuden desde España a trabajar en la ciudad. “Ante la escasa incidencia del virus en Gibraltar y el pronto cierre de los emplazamientos turísticos, podemos decir prácticamente con certeza que los macacos no han contraído la covid-19”, apuntan desde el Gobierno.

En el Ejecutivo quieren que siga siendo así cuando la restauración de la movilidad en la frontera y su puerto permita recuperar las visitas de foráneos, que son los que suelen subir Queens Gate, la zona donde se encuentra el refugio oficial de los macacos. Los monos de Gibraltar —o Macaca sylvanus, su nombre científico—son un icono tan reseñable del Peñón que no hay tienda de souvenirs de Main Street que no los venda en forma de peluches o impresos en tazas, platos, camisetas o imanes.

La vinculación de estos cuadrúpedos de pequeño tamaño y humor variable con Gibraltar data, al menos, de la llegada de los árabes que se asentaron en el Peñón entre el año 700 y 1492, según apuntan algunos estudios científicos locales. Escritos históricos también relatan su presencia a principios del siglo XVIII, antes de que los británicos llegasen a la Roca. El cariño de los gibraltareños por sus macacos llega al punto de que, entre 1915 y 1991, fue la Royal Navy la que se encargó de su mantenimiento y alimentación. El Ejército tenía designado incluso a un oficial que debía asegurarse de que no les faltase comida.

Ahora es el Gobierno y su departamento de Medio Ambiente el que se encarga del bienestar de los monos. Más allá de garantizarles su bienestar y dieta, empleados de esta institución vigilan a los más traviesos para que no bajen hasta la ciudad y controlan que no sean víctimas del comercio ilegal o la domesticación como mascotas. Desde ahora, en el ejecutivo se encargarán también de que estos mamíferos no acaben infectados por coronavirus.

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