Crisis del coronavirus

Roma solo para romanos

Italia reabre comercios, bares y restaurantes, pero las fronteras seguirán cerradas hasta el día 3 y las zonas más turísticas sufren enormemente la falta de visitas

Una pareja toma un café delante del Panteón romano.
Una pareja toma un café delante del Panteón romano.ANDREAS SOLARO / EL PAÍS

La pandemia ha dado a luz un fenómeno extraño en Italia que se ha manifestado este lunes con toda su virulencia en el centro de Roma. Ya se puede salir a la calle, ir de compras, prescindir de permisos especiales o justificantes, hincar el codo en la barra de bares o restaurantes y quedar con los amigos. La vida, después de diez semanas de confinamiento, 250.000 contagios y 32.000 fallecidos, vuelve a ser algo parecido a la vida. Y hasta el 3 de junio, cuando Italia reabra sus fronteras con el resto de países de la Unión Europea, después de haber sido el primero del mundo en confinar a su población, se puede hacer todo lo anterior sin ver a un solo turista por la calle. En lugares como Roma, donde el centro de la ciudad cada vez pertenece menos a sus habitantes, el espectáculo ha sido algo jamás visto. Hasta Francesco Totti, histórico capitán de la Roma, confinado por la naturaleza de sus heroicidades en su casa, ha querido acercarse al Panteón y a la Fontana di Trevi.

Los alrededores del Vaticano, donde normalmente el ímpetu de los guías ilegales por persuadir a algún turista perdido puede llegar al dislocamiento de hombro, están vacíos. En la cola para entrar en la basílica de San Pedro a las 15.30 en esta época del año suele haber varios miles de personas sudando bajo el sol. El lunes, tras superar un pequeño control de temperatura y ser advertido de la obligación de llevar una mascarilla, solo hay unas 30 personas esperando para entrar de uno en uno en el imponente templo. Dentro, La Piedad de Michelangelo está más sola que nunca tras sus cristales y el desafío de los 551 escalones hasta la cúpula, sin tener que hacer cola, representa solo una cuestión de fe en uno mismo.

Los museos pueden abrir ya sus puertas. Pero la mayoría, también los Museos Vaticanos o la gran exposición del 500º aniversario de Raffael en las Escuderías del Quirinal, lo harán a partir de la semana que viene o a desde del 1 de junio —con un sistema de cita previa— porque no ha habido tiempo de prepararse ante el adelanto de fase que el primer ministro, Giuseppe Conte, firmó este fin de semana. Una jugada política contra el criterio de su comité científico que ha traspasado toda la responsabilidad a las regiones. Desde este lunes, y siempre que los datos sanitarios estén controlados, cada gobernador podrá decidir libremente la velocidad a la que reabre su zona. De este modo Conte se sacude la presión de los empresarios y de la oposición, que durante la última semana le han sometido a una campaña de acoso y derribo para volver antes a la normalidad.

La alegría va por barrios durante la reapertura. Literalmente. En los más populares de Roma la vida transcurre con cierta normalidad. En el centro, en cambio, muchas tiendas y restaurantes continúan cerrados. No salen los números. Sin turistas y con las restricciones de espacio impuestas, es mejor seguir con la persiana bajada, cobrar las ayudas del Gobierno e intentar evitar el pago del salvaje alquiler. En lugares como Piazza Navona, abarrotada de palos selfie y viajeros con la guía en la mano cualquier día del año, el restaurante Tucci era este lunes uno de los pocos abiertos. “Es muy duro, pero lo hemos probado para recuperar un poco la vida y la sensación normalidad. Pero la mayoría de clientes son turistas y ahora no hay ninguno. Seguiremos abiertos, es la decisión que hemos tomado. Esperamos que el día 3 la cosa cambie un poco”, señala Renato Baigami, responsable del local.

La desolación de algunas partes del centro contrasta con la densidad del tráfico o las largas colas en centros comerciales y cadenas de marcas de ropa en barrios como San Giovanni o Trieste antes de que abriesen. Donde no llega la corrosión de la masificación turística, la reapertura tiene en Roma un aspecto menos dramático. Pero el sector representa un 13% del PIB y nadie está dispuesto a darlo por perdido todavía.

Italia se prepara para salir al rescate de su temporada estival y ha autorizado también la apertura de playas, chiringuitos y terrazas de verano. La exención de impuestos para este tipo de infraestructuras y una partida de 4.000 millones de euros que incluye créditos a familias italianas tratarán de potenciar el turismo interior, lo más parecido a lo que hacen este lunes los romanos con su propia ciudad. Esta vez sin la necesidad de portar la dichosa autocertificación llena de borrones para corregir la fecha y poder reutilizarla cada vez que se salía de casa sin tener que pasar por la fotocopiadora.

Los romanos son prácticos a la hora de reciclar permisos, pero la estética es sagrada. Y una de las reaperturas más esperadas este lunes era la de las peluquerías. Muchas no han tenido tiempo de desinfectar los locales y adaptarse a la normativa, que obligará a entrar de uno en uno y a llevar mascarilla y visera a los empleados. “Ha sido todo demasiado precipitado, y no será que no hayan tenido tiempo de pensar”, se queja Umberto, dueño de una peluquería junto al Campo dei Fiori. Más allá de este hito, el 25 de mayo se abrirán gimnasios, centros deportivos y piscinas y desde el 15 de junio teatros y cines. Y solo cuando el 3 de junio los italianos vuelvan a ver entrar a los primeros turistas, se podrá pensar en algo así como la normalidad.

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