La crisis del coronavirus

Portugal impone la cuarentena obligatoria a todos los que entren en el país

Suben de tres a seis las víctimas mortales por el covid-19 y los contagiados superan la barrera del millar en el segundo día de estado de emergencia

Terrazas cerradas en el centro de Lisboa.
Terrazas cerradas en el centro de Lisboa.PATRICIA DE MELO MOREIRA / AFP

Portugal madrugó con las calles desiertas y las panaderías atendiendo de uno en uno. Un día después de la apelación del primer ministro, António Costa, a un recogimiento voluntario durante el estado de emergencia, las principales ciudades amanecieron más desiertas que nunca. El parte diario de la dirección general de salud invitaba a obedecer: las muertes se duplican, de tres a seis en un solo día, y los contagiados superan la barrera del millar, 235 más, un incremento del 29,9%. A partir del lunes, todas las personas que entren en el país, sean o no portuguesas, deberán guardar 14 días de cuarentena. En Madeira, sin embargo, ya ha comenzado a aplicarse.

Aunque los picos de incremento llevan varios días por debajo del 30%, las autoridades no dan importancia a estas cifras, a no ser que la tendencia se mantenga durante cinco días. Un estudio matemático realizado en China con proyecciones en 30 países, confirma las precauciones de Sanidad. Según estas estimaciones, Portugal controlaría la epidemia el 5 de mayo y el número de infectados superaría los 2.500. De momento se ha rebasado la cifra del millar en 18 días desde que se detectó el primer caso.

La extensión del contagio a todas las regiones y el aumento de las víctimas ha convencido a la población de que los avisos gubernamentales hay que tomarlos en serio. En los supermercados, las personas guardan una distancia de dos metros; la cadena Padaria portuguesa, solo admite clientes uno a uno y el café se lo tienen que llevar a casa; los restaurantes que permanecen abiertos solo realizan take away. Las únicas reticencias se registran entre la población anciana —la de mayor riesgo— y en aldeas y pequeñas ciudades, donde no se renuncia a los hábitos, tertulia callejera entre jubilados incluida.

En las dos grandes ciudades del país, Lisboa y Oporto, el turismo ha desaparecido mágicamente de un día para otro. Sus calles son irreconocibles sin extranjeros, sin los grupos de chinos, sin las colas en Los Jerónimos o en la Pastelería de Belém. Lugares conquistados por los turistas y abandonados por los autóctonos, ahora no pasean ni unos ni otros. La Torre de Belem, la Baixa de Porto son monumentos fantasmas. De vez en cuando aparece algún forofo del footing y hasta se agradece algo de vida, aunque sea saltándose las recomendaciones.

Los actos de solidaridad se generalizan. Los dentistas, profesionales de riesgo y que optan por cerrar la consulta, ceden mascarillas y guantes a los hospitales; hoteleros de Braga ponen a disposición de los médicos sus habitaciones para que no tengan que regresar a su casa y poner en riesgo a los familiares. El Ejército ha pedido voluntarios entre exmilitares, jubilados y familiares de militares. El presidente del Sporting de Lisboa, médico de profesión, ha dado un paso al frente. También ha ofrecido el polideportivo del club para la instalación de camas o cualquier otra necesidad.

El primer ministro Costa también apeló ayer a la solidaridad de los bancos: “Ya contaron con la ayuda del Estado con ocasión de la crisis económica, ahora es la fase en que salga la banca en ayuda de las empresas y personas que lo necesiten”.

El servicio telefónico de atención logró ayer su récord de llamadas atendidas con 4.110 en 24 horas —al comienzo de la crisis no superaba el millar—, en parte gracias a la incorporación de 40 médicos voluntarios que estaban ya jubilados.

La directora general de salud, Graça Freitas, advirtió ayer a los asilos que “se organicen de alguna manera” para que cualquier interno con síntomas sospechosos sea aislado en una habitación. También avisó que los nuevos ingresos en estos centros de mayores deben guardar obligatoriamente 14 días de cuarentena.

La máxima del primer ministro Costa de actuar con “máxima contención con el virus” y con la “mínima perturbación del día a día” se pone a prueba entre los portugueses en la segunda jornada en estado de emergencia.

La popular lisboeta plaza del Comercio, desierta. En vídeo, el primer ministro portugués, António Costa, decreta el estado de emergencia pero no lo aplica.PATRICIA DE MELO MOREIRA (AFP)/ REUTERS

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