Preocupación en la pasarela de moda de París

Tres marcas han suspendido sus desfiles, no hay compradores asiáticos y en las gradas circula el líquido desinfectante

Una pareja luce máscaras sanitarias faciales para protegerse del coronavirus, en un desfile de Dolce & Gabbana.
Una pareja luce máscaras sanitarias faciales para protegerse del coronavirus, en un desfile de Dolce & Gabbana.MATTEO BAZZI / EFE

Apenas se ven mascarillas y todo transcurre con aparente normalidad en la semana de la moda de París. Pero una preocupación de fondo va creciendo según avanzan los días: se gastan menos bromas y hay más gel desinfectante. La epidemia del coronavirus se hace notar fundamentalmente en la ausencia de periodistas y compradores asiáticos. Tres marcas han decidido suspender sus desfiles hasta la fecha: A.P.C., Angès B. y Sandro. Pero la lista de presentaciones y aperturas de tiendas canceladas va engrosándose día a día. Hugo Boss, Ralph Lauren, Messika y hasta la todopoderosa Cartier han decidido posponer sus eventos hasta nuevo aviso.

En las gradas de los desfiles circula el líquido desinfectante con más alegría que en bares, transportes públicos y tiendas, donde se respira un ambiente distendido. No hay showroom ni presentación que no tenga gel higienizante. Y, a juzgar por el estado de los envases, se usa con fruición. Al fin y al cabo, muchos de los periodistas y compradores que están ahora en París acudieron la semana pasada a la pasarela de Milán, incluidos, claro está, los propios medios y equipos de marcas italianas que desfilan o muestran sus colecciones en la capital francesa.

Según avanza la cita parisiense, la gente deja de saludarse estrechándose la mano para hacerlo con un arqueo de cejas o, en el caso de los más efusivos, con un ligero movimiento de cabeza. Solo los españoles continúan besándose entre ellos y, en alguna ocasión, a algún otro invitado extranjero que reacciona con gesto de inquietud. Las toses comienzan a provocar giros de cabeza más bruscos que Gigi Hadid envuelta en transparencias. Casi resulta un milagro que no haya una epidemia de contracturas cervicales.

Las bromas que al principio de la semana se gastaban con ligereza hace ya unos días que se han convertido en preocupadas conversaciones sobre los efectos que el contagio tendrá en la industria del lujo: la ralentización del consumo, la congelación del turismo asiático, y la decisión de algunos grupos internacionales de suspender cualquier tipo de viaje prevén una caída en las ventas y los ingresos que acarreará recortes y cambios estructurales.

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