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Roman Polanski: “Hoy se arruinan reputaciones y vidas con un tuit”

El director rechaza en Paris-Match las nuevas acusaciones de violación que pesan contra él y considera que el #MeToo es “peor que el macartismo”

El cineasta Roman Polanski el pasado abril. En vídeo, tráiler de J’accuse, su última película.

Roman Polanski se defiende. Y, a la vez, acusa. No le gusta dar entrevistas. Menos aún desde que otra mujer, la exmodelo y fotógrafa Valentine Monnier, afirmara que el realizador franco-polaco la violó y golpeó en su chalé en Suiza en 1975, cuando tenía 18 años, una acusación pública —el delito ya ha prescrito— que coincidió la salida de su última película, J’accuse, que ha tenido mucho éxito en Francia a pesar del llamamiento al boicot de varios grupos feministas. En la revista Paris-Match, que le dedica su última portada y las páginas centrales en una larga entrevista, el director, de 86 años, niega este jueves esta y las anteriores acusaciones de abuso de mujeres jóvenes, que califica de “falsas” y “aberrantes”, y arremete a su vez contra quienes, dice, quieren hacer de él un “monstruo”, un “leproso”. Echa de menos, afirma, la sociedad previa al #MeToo, que considera “más libre y tolerante” que los tiempos actuales. Y se siente víctima, “una presa fácil”, como se describe a sí mismo, de una nueva sociedad, esa surgida del movimiento feminista que empezó por acusar de agresiones sexuales al productor de cine estadounidense Harvey Weinstein hace dos años y que desde entonces se ha extendido por todo el mundo, cambiando profundamente la percepción en muchos hombres —que no en todos, visiblemente—sobre lo que es abuso sexual. Una época que para Polanski es “peor” que el macartismo de los años 50 en Estados Unidos.

“Si se puede condenar a alguien solo con un tuit, eso es peor que el macartismo, donde al menos había una comisión de investigación”, afirma Polanski ante la pregunta de si suscribe la definición que su amigo, el filósofo Pascal Bruckner, hizo al presentar su película de la situación actual como un “macartismo neofeminista”. “Se lo llamó una ‘caza de brujas’, pero incluso las brujas de la Edad Media tenían derecho a un proceso. Hoy en día, se arruina reputaciones, carreras y vidas en unas palabras. En ese lote, ¿cuántos inocentes hay? Claro que hay acusaciones justas, pero no buscamos ya distinguir lo verdadero de lo falso. Y eso es aterrador”, agrega en la revista.

Polanski no oculta que añora los viejos tiempos. Aquellos años 60, 70 y hasta la década de los 80 en los que no se le juzgaba por salir con una menor de 15 años —Natassja Kinski— cuando él había rebasado ya los 40.

“Todo era sencillo entre hombres y mujeres: nos encontrábamos en un local, cenábamos, volvíamos juntos, era normal”, afirma. Ahora, continúa, “las costumbres han cambiado profundamente. Olvidamos hasta qué punto nuestra sociedad era más libre, más tolerante. Lo que nos parece hoy inconcebible corresponde a lo que el mundo consideraba justo en otra época”. Polanksi equipara incluso el #MeToo con movimientos conspiracionistas. “Tuve la suerte de vivir en una sociedad infinitamente más libre. En los años 1960, todo se desbloqueaba: la palabra, la música, las costumbres. Jamás habríamos imaginado ver a grupos de manifestantes delante de un cine o un museo para prohibir una proyección o una exposición. Hoy en día, todo se ha vuelto posible. Y absurdo. Despedimos al jefe de McDonald’s porque ha mantenido una relación consentida con una empleada, a un ministro de Defensa porque, hace 15 años, le habría puesto la mano sobre la rodilla a una periodista”, enumera. Es una época en la que “cuestionamos la evolución, la existencia de los dos sexos, las vacunas, el hecho de que la Tierra es redonda. Nos sumergimos en una especie de neoscurantismo”.

El cineasta asegura que no rehúye sus errores del pasado, en referencia al caso que lo persigue desde hace cuatro décadas: el de Samantha Geimer, que lo acusó en los años 70 de haberla drogado y violado en la casa del actor Jack Nicholson cuando ella tenía 13 años. Un hecho por el que la justicia estadounidense lo reclama desde 1977, aunque la propia víctima ha pedido en los últimos años que se cierre el caso.

“Claro que soy responsable (…) Me declaré culpable de una relación ilícita con una menor. Solo Samantha y yo sabemos qué pasó ese día. De todos modos, es profundamente lamentable (…) En 1977 cometí una falta y es mi familia la que paga el precio casi medio siglo más tarde”, responde Polanski en Paris-Match. “Los medios se han lanzado contra mí con una violencia insólita. Se abalanzan sobre cada nueva acusación falsa, incluso absurda y sin fondo, porque les permite reanimar esa historia. Es como una maldición que vuelve y contra la que no puedo hacer nada”.

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