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La línea que divide a izquierda y derecha es de color verde

Las políticas medioambientales concretas marcan claramente las diferentes visiones del mundo

La Carrera de San Jerónimo, una vez en marcha el área restringida de Madrid Central.
La Carrera de San Jerónimo, una vez en marcha el área restringida de Madrid Central. EL PAÍS

Las políticas medioambientales establecen cada día con más contundencia las diferentes visiones del mundo que separan a la izquierda de la derecha. Sabedores de que el medioambiente es una preocupación creciente del electorado, todos los partidos ofrecen políticas grandilocuentes para frenar el cambio climático. A la hora de concretar los planes, sin embargo, la distancia se agranda entre unos y otros. Madrid Central, la operación municipal que ha restringido de manera drástica el tráfico rodado en 472 hectáreas de la capital ofrece, a este respecto, el paradigma de esa división entre progresistas y conservadores.

El partido ultraderechista Vox persigue, según su programa, conseguir la autosuficiencia energética y avanzar hacia una energía limpia. El Partido Popular quiere “impulsar una reducción de emisiones que cumpla los objetivos comprometidos por España para 2030” y Ciudadanos promete impulsar “una transformación hacia un modelo energético basado en energías renovables en 2050”. Tras las elecciones municipales, y ante la posibilidad de que las tres derechas gobiernen la capital, Madrid Central parece, sin embargo, sentenciado. El candidato de Vox, Javier Ortega Smith, ha dado por muerto el experimento. El popular José Luis Martínez-Almeida promete “revertir” la medida y la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís habla de “reformarla”.

Las ciudades son las grandes productoras de aire contaminado debido a su enorme densidad poblacional y de edificación. La batalla por la limpieza atmosférica no puede librarse sin una acción municipal contundente. El C-40, el grupo que reúne a grandes ciudades de todo el mundo, está firmemente comprometido en ello. También la Unión Europea. Solo gracias a Madrid Central y los proyectos medioambientales de la ciudad de Barcelona ha podido España evitar la multa con la que amenazaba la Comisión Europea.

Un reciente informe de Ecologistas en Acción destaca la reducción histórica de emisiones que ha supuesto Madrid Central, no solo dentro de las 472 hectáreas marcadas, sino incluso en las zonas circundantes, gracias al “efecto contagio”. A las medidas establecidas por las administraciones públicas se unen las iniciativas privadas (firmas que explotan coches eléctricos compartidos o que fabrican automóviles más limpios) y la concienciación social. El aire contaminado, dicen los expertos, mata hoy más que el tabaco. El diseño de las ciudades y las normas que las rigen han tendido a facilitar el tránsito rodado en detrimento del ciudadano de a pie; de sus desplazamientos y de su salud. El éxito de los partidos verdes en gran parte de Europa indica la importancia que los electores otorgan a todo esto.

La alcaldesa socialista de París, Anne Hidalgo, que gobierna con el apoyo de los ecologistas, ha sido el blanco de los ataques de los fabricantes de automóviles por sus medidas anticontaminación. Ella, sin embargo, habla del loby del diésel como el más poderoso. El caso es que frente a las drásticas medidas de Manuela Carmena en Madrid, el Partido Popular, que tal vez la sustituya en la alcaldía, rechaza las prohibiciones a los vehículos de combustión. Y la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha sido duramente criticada por expresar la obviedad de que el diésel tiene los días contados.

Dos visiones del mundo se contraponen y son millones los ciudadanos que ya han probado zonas urbanas libres de coches y temen un paso atrás.

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