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La Europa del Sur tiene cada vez menos hijos

En 2050 los ciudadanos de la UE representarán el 5% de la población global frente al 7% actual

Una mujer pasea con su bebé por Barcelona.
Una mujer pasea con su bebé por Barcelona. Getty Images

“El mundo es cada vez mayor y nosotros somos cada vez más pequeños”, se lamentaba el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, durante el discurso sobre el Estado de la Unión de hace dos años y medio. En un tablero global donde ganan peso gigantes como China, India o Brasil, las previsiones dicen que en 2050 la Unión Europea —ya presumiblemente sin Reino Unido entre sus miembros— representará el 5% de la población total. El declive es lento pero imparable: hoy la UE supone el 7% de los habitantes del planeta, y en 1965 era el 13%. Esa cifra depende de tres factores: mortalidad, migración y nacimientos. Y los datos de Eurostat publicados este martes sobre esa última variable apuntan a que la tasa de fecundidad continúa estancada: la media en 2017 fue de 1,59 hijos por mujer en edad fértil, el último año del que hay datos, una cifra ligeramente inferior al 1,60 del ejercicio anterior.

Aunque percibido todavía como un fenómeno lejano y difuso, la futura pérdida de relevancia de la UE como actor global es una de las pesadillas de los dirigentes que planifican el porvenir de los europeos desde Bruselas. A la vez, la amenaza de la insignificancia en un planeta de grandes bloques sirve a esos líderes de argumento contra los que amagan con imitar la tentación de caminar en solitario nacida del Brexit a lomos del ideario nacional populista.

La Europa del Sur tiene cada vez menos hijos

Como sucede en otros temas candentes de la agenda comunitaria como el crecimiento económico o la recepción de inmigrantes, también en esto Europa se mueve a varias velocidades. Según datos de Eurostat publicados este martes, el flanco Sur del continente agrupa a los países con la proporción de hijos por mujer más baja: Malta, España, Chipre, Italia, Grecia y Portugal cierran la clasificación por ese orden, todos por debajo de 1,4 hijos por mujer.

En el Este, llevando la contraria a sus socios, los nacimientos aumentaron. Países como Hungría o Polonia, liderados por gobiernos ultraconservadores, han recurrido en fechas recientes a políticas natalistas. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha ofrecido ventajas fiscales y préstamos en condiciones muy favorables a las parejas que se animen a tener hijos. Orbán contrapuso el mes pasado su modelo al de otros países de la UE con su habitual sello xenófobo. “En Europa nacen cada vez menos niños. Para Occidente, la solución es la inmigración. Los húngaros pensamos diferente, no necesitamos cuadrar números, necesitamos niños húngaros”.

Como se encargó de recordar este martes la agencia estadística comunitaria, España se sitúa en el grupo de cola en el continente donde nacen menos niños del planeta. ¿Hay motivos para la alarma? Para Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, la respuesta es no, si se trata de garantizar las pensiones o de evitar la despoblación, pero sí lo ve preocupante por atentar contra el proyecto vital de decenas de miles de ciudadanos: “Es motivo de alarma si la gente no tiene los hijos que desea. Más de la mitad de las mujeres que no van a ser madre hubieran querido serlo. Algunas han esperado mucho y han tenido problemas, otras no han encontrado buenos trabajos o en un entorno de precios de la vivienda altos no han logrado emanciparse a la edad adecuada”, explica.

¿Por qué coinciden geográficamente tantos países europeos con baja fecundidad? Para Esteve, el retraso en dejar el hogar familiar es clave. “En los países del Sur la emancipación es tardía, y los jóvenes dependen del apoyo que les puedan dar sus familias. Además, cuando te emancipas no tienes hijos inmediatamente. Empiezas una relación de pareja y hay un tiempo de prueba hasta saber si es la ideal para ser el padre o madre de tus hijos”

EDAD AL TENER SU PRIMER HIJO

Fuente: Eurostat.

Teresa Castro, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas experta en natalidad cree que Europa ha vivido un vuelco respecto a la tendencia de décadas atrás. “Los países del Sur tienen más paro juvenil, más precariedad y eventualidad en el trabajo, más desigualdad hombre-mujer porque hay menos políticas de conciliación. Y son también los que menos invierten en políticas de infancia y ayuda a las familias. Todo esto hace que estén a la cola pese a ser una zona que tradicionalmente, por religión y porque las mujeres entraron más tarde al mercado de trabajo, tenía una fecundidad más alta”.

En el otro extremo, Francia y Suecia encabezan la lista, pero ambas retroceden respecto al año anterior. “Tienen más ayudas, en el sur nos apoyamos más en los padres. Hay mucha gente que empieza muy tarde a buscar hijos o directamente no los tiene”, coincide Julio Pérez, experto del CSIC. La tendencia apunta que en cuestión de nacimientos, Europa está virando hacia el Este. Aunque todavía no ocupan las primeras posiciones, e incluso algunos están por debajo de la media, Bulgaria, República Checa, Hungría, Polonia, Rumanía, Eslovenia y Eslovaquia son los únicos países donde la fecundidad creció en 2017, y todos ellos acumulan ya varios años con un alza en la cifra de nacimientos.

El primer hijo, con 29 años

El mapa no cambia demasiado cuando se observa la edad a la que las mujeres europeas tienen su primer hijo. Italia (31,1 años), España (30,9), Luxemburgo (30,8) y Grecia (30,4), ocupan las últimas posiciones. De nuevo el omnipresente y cansado Sur frente al empuje y la mayor juventud en la maternidad en el Este: las mujeres de Bulgaria (26,1), Rumanía (26,5) y Letonia (26,9) fueron las más precoces, seguidas de otros Estados de la misma zona.

En total, en 2017 nacieron en la UE 5,075 millones de niños, 73.000 menos que un año antes. Eso aleja a Europa de la llamada tasa de reemplazo, de 2,1 hijos por mujer, que no alcanzó en 2017 ni siquiera Francia (1,9). El retraso de la maternidad sigue sin tocar techo. El primer hijo de las mujeres europeas llega de media a los 29,1 años frente a los 28,7 de 2013. Un factor más en la tormenta perfecta de la baja natalidad. “Las parejas deciden retrasar el primer hijo hasta los 29, 30 ó 31 años, y si tienen la mala suerte de vivir en países de alto desempleo, no acaban de reunir las condiciones materiales que les ayuden a dar el paso para ser padres”, advierte el investigador Albert Esteve.

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