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Pekín aprende a vivir sin carbón

El Gobierno quiere reducir la contaminación asfixiante y la gran boina gris

Un suburbio de Pekín (China), envuelto en una nube de contaminación.
Un suburbio de Pekín (China), envuelto en una nube de contaminación.

Quienes recuerdan el Pekín tradicional antes de la modernización china hablan de su cielo azul. Muchos alaban los cambios rampantes que han visto, exaltando las mejorías en infraestructura, con líneas de metros que recorren toda la ciudad, modernas estaciones de trenes y la atrevida arquitectura que se ha visto en ciertas zonas. Pero cuando analizan el impacto del desarrollo, miran al cielo y la nostalgia se marca en sus ojos. Ya se han resignado a vivir en una ciudad gris, con un aire irrespirable.

“Tengo 70 años y vivo en Pekín desde que nací. Cuando era pequeña el aire era limpio y bueno, y vivíamos bajo un cielo azul. En las noches podíamos ver la luna y las estrellas. Pero hoy... eso es cosa del pasado”, cuenta Zhao, una mujer que vive en las casas tradicionales de Pekín a lo largo de los hutong, pequeños callejones en el centro de la ciudad.

Ella es una de los millones de habitantes de Pekín que durante muchos años han utilizado el carbón para encender sus estufas y chimeneas para sobrevivir al duro invierno y que se han nutrido de alguna de las cuatro plantas de carbón que alimentan la capital. Pero esta semana, con la noticia de que será prohibido el uso de carbón en Pekín, Zhao tiene una nueva esperanza. “Estoy totalmente de acuerdo con la medida. En mi zona hay muchos ancianos que hemos usado el carbón y esto influye en la salud de todos”, cuenta. Pero afirma que tanto ella como sus vecinos tardaron en darse cuenta del impacto negativo. “Yo dejé de usarlo desde que mi nieto comenzó a tener dolor de cabeza, vómito y náuseas por el humo”.

Zhao vive en el distrito Dongcheng, una de las áreas que en los últimos cinco años han visto una transición de los sistemas de calefacción a base de carbón a otro de radiadores eléctricos; un cambio que responde al plan ambiental de la municipalidad de Pekín, que busca combatir la contaminación.

Fan, una de sus vecinas, cuenta que al inicio pensaba que el cambio iba a ser más costoso. “Creía que gastaría más con el gas natural. Pero es casi lo mismo, con la ventaja de que además no debo levantarme a poner más carbón a media noche, cuando bajaba la temperatura de la casa”, relata.

Ellas no conocen el concepto de huella de carbono, ni los estudios que afirman que el 22,4% de la contaminación de la ciudad se debe al uso del carbón. Pero no dudan en achacar a sus chimeneas la contaminación de la ciudad. “Hoy el aire de Pekín es así por culpa del humo del carbón”, dice Fan.

Pekín es una de las ciudades con peor aire en el mundo. La capital china registra un promedio diario de 89,5 microgramos por metro cúbico de partículas finas o PM2.5, una cifra que duplica el estándar máximo aconsejado por la Organización Mundial de la Salud, según datos del instituto municipal de investigación para la protección medioambiental de Pekín.

Un día malo puede llegar incluso a superar los 700 microgramos, como ocurrió en enero de 2013, cuando se registraron 825 en un monitor ubicado en la Embajada de Estados Unidos, que algunos consideran más fiable que los monitores municipales.

Salir a la calle cuando el aire está en sus días pesados es enfrentarse a una nube espesa que parece neblina, pero con un hedor químico, que hace difícil la respiración. Las máscaras anticontaminación son parte del ajuar de los pequineses, que usan desde las básicas que se venden en las farmacias, que son económicas, hasta las más costosas que aplican tecnología mediante filtros y capas para bloquear las partículas.

La mala calidad de aire se ha vuelto ya un tema común entre las personas. Si un dicho tradicional en China es “¿comiste?”, ya muchas veces viene seguido de “¿en cuánto está hoy la contaminación?”. Y la mayoría de las personas saben la respuesta, gracias a aplicaciones en el móvil que recogen los niveles de los medidores oficiales chinos y el de la Embajada de Estados Unidos.

En 2013 se registraron más días de polución que limpios: 189 días grises contra 176 días azules, según datos de la Oficina Municipal de Protección Ambiental de Pekín. La cifra ha ido empeorando en los últimos años. En 2009 dos fotógrafos pekineses, Lu Weiwei y Fan Tao decidieron registrar los días azules de su ciudad para comprobar la veracidad de las fuentes oficiales. En el proyecto Diario visual del cielo azul de Pekín queda registrado que desde mayo de 2009 a mayo de 2010, la ciudad contó con tan solo 180 días azules reales, 100 menos de los que dijeron las cifras oficiales, y tan solo seis más que en 2012. Una cifra estable y que, según cifras oficiales, solo empezará a ver cambios después de 2020, cuando Pekín será una ciudad libre de carbón.