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la epidemia en áfrica occidental

“El ébola ha paralizado la asistencia para otras enfermedades mortales”

De la Rosa acaba de volver de coordinar en Liberia los trabajos de Médicos Sin Fronteras

Olimpia de la Rosa, en 2012, durante su participación en la respuesta al brote de Ébola desplegada en Uganda en dicho año. Ampliar foto
Olimpia de la Rosa, en 2012, durante su participación en la respuesta al brote de Ébola desplegada en Uganda en dicho año. Médicos sin fronteras

La mochila de Olimpia de la Rosa, responsable médica de la Unidad de Emergencias de Médicos sin Fronteras (MSF), acumula la experiencia de cuatro brotes de ébola: dos en Uganda, uno en la República Democrática del Congo y otro en Liberia. De combatir a este último acaba de regresar, impactada por la agresividad del virus y por cómo la epidemia más letal de esta enfermedad, hasta ahora, ha acabado ya con la vida de casi 1.000 personas. Desde la capital, Monrovia, y el norte del país, esta mujer de 42 años ha coordinado durante tres semanas las labores médicas de MSF en Liberia.

Pregunta. ¿Cómo se afronta sobre el terreno esta epidemia, la más mortal, de una enfermedad sin cura?

Respuesta. En Liberia —uno de los tres países afectados por el brote donde interviene la ONG—, MSF está apoyando a otras organizaciones en la respuesta. Visitamos las ciudades y valoramos las necesidades. Una de las preocupaciones que tenemos es que estamos al límite de nuestra capacidad de despliegue de recursos.

P. ¿Qué se necesita allí?

R. Hacen falta recursos humanos y gente con experiencia en todos los escalones de la respuesta. Se requiere asegurar una buena coordinación. Es cierto que la OMS ha desplegado equipos, pero tienen que asumir realmente su rol de apoyo a los ministerios. Hace falta reforzar esa presencia y con personal más experimentado, que puedan desarrollar actividades más allá del rol técnico. También se necesita personal sanitario para apoyar todo un sistema de salud que, por culpa del brote, está paralizado.

P. ¿Se ha dejado de atender a otros enfermos?

R. La epidemia tiene un efecto directo sobre los infectados de ébola, más de 1.700, y todos los fallecidos. Pero en muchos hospitales no hay personal —decenas de sanitarios los han abandonado— y, además, a ellos no van los pacientes. El sistema de salud está paralizado. Miles de personas no reciben atención medica para otras enfermedades potencialmente mortales.

P. ¿En MSF han tenido casos de infección de ébola?

R. No hemos tenido ningún caso. Ni en este brote, ni en la historia anterior de respuesta a brotes de ébola. —en estos momentos, la ONG ha desplegado a 552 personas (entre ellas, más de 70 extranjeros)—. Siempre se han aplicado protocolos estrictos. En alguna ocasión ha habido un susto, un momento en el que se pensaba que podía haber habido una exposición, pero nunca ha llegado a contaminarse una persona.

P. En su vida cotidiana en los países afectados, ¿qué precauciones adoptáis?

R. En primer lugar, como medida preventiva se minimiza el contacto con un paciente. Además, se fomenta que no haya contacto físico, igual que se le dice a la población. Se intenta evitar que la gente se dé la mano, que se abrace.

De la Rosa se enfunda un traje de protección utilizado durante el tratamiento a los pacientes infectados por el ébola.

P. ¿Han encontrado reticencias de la población local?

R. Uno de los principales obstáculos es que la gente tiene miedo a ir a los centros de salud. Ha habido muchos casos de gente que ha salido de los hospitales y de personal sanitario infectado. La población no quiere llevar a los pacientes a los hospitales. Se quedan en las casas, donde son tratados por los familiares y, por tanto, existe riesgo de contagio.

P. Y otros problemas...

R. La agresión a los equipos de vigilancia o a los que realizan enterramientos. La población todavía no comprende las medidas y hay un rechazo hacia los equipos de respuesta.

P. ¿Por qué ese miedo a ir a los hospitales?

R. La población los ve como lugares de propagación de la enfermedad. No como sitios seguros. Existe también miedo sobre qué ocurre en los centros de tratamiento, aunque se está intentando publicitar qué se hace allí. Ha habido rumores muy extendidos de que el ébola no existe, que es algo que se ha inventado. Corren rumores de prácticas que no son de curación [como rituales caníbales en los hospitales]. Esto hace que la gente se esconda de los equipos y que los enfermos no vayan a los hospitales.

Se ven pacientes con síntomas más evidentes de sangrado, que son ingresados andando y se deterioran muy rápido

P. ¿Qué protocolo sanitario desarrollan ustedes allí?

R. Seguimos unos principios similares a los aplicables en Europa. En cuanto se detecta a un paciente, se le aísla de cualquier contacto con sus allegados y el personal sanitario. Este último debe llevar un traje de protección que le cubra cada milímetro de la piel. Además, se desinfecta cualquier objeto que haya estado en contacto con uno de los pacientes. Los objetos personales, la ropa... ya sea en su casa, en la ambulancia o en los medios utilizados para transportar un cadáver.

P. ¿Y qué factor puede propiciar que esta epidemia sea la más mortal?, ¿qué la diferencia de brotes anteriores?

R. El factor determinante es la agresividad de la cepa del virus. Hablamos del Ébola-Zaire, el más agresivo. Se ven pacientes con síntomas más evidentes de sangrado, que son ingresados andando y que se deterioran muy rápidamente.

P. Acaban de trasladar a España al sacerdote infectado, ¿existe riesgo de propagación en Europa?

R. El ébola es una enfermedad severa y que no tiene cura. Por eso, genera miedo y tiene el impacto mediático que estamos viendo. Pero estamos hablando de dos entornos, África y Europa, muy distintos. Allí la epidemia afecta a países muy pobres, con sistemas de salud donde no hay lo básico: como guantes para tratar a los pacientes. El riesgo de una expansión en Europa no existe si los pacientes son aislados; y si las personas con las que han tenido contactos son seguidos y aisladas si presentan síntomas. Eso en nuestro entorno es fácil. Pero en África requiere un refuerzo de las infraestructuras e invertir nuevos recursos. En nuestro entorno, los hospitales ya ofrecen estas garantías.

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