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La fiebre del petróleo revive en Burgos

Una empresa intenta comprar tierras bajo amenaza de expropiar para extraer gas por ‘fracking’

Ortiz, con su padre, en el terreno que amenazaron con expropiarle.
Ortiz, con su padre, en el terreno que amenazaron con expropiarle.

Janet Ortiz, ganadera de 34 años, recibió el pasado 14 de mayo una carta que la dejó boquiabierta: un abogado la instaba a llegar a un acuerdo para vender la finca de 3,5 hectáreas que posee en La Aldea, cerca de Villarcayo, al norte de la provincia de Burgos, dado que ésta corría el riesgo de ser objeto de un “expediente de expropiación forzosa”. Tras hablar con el citado abogado, consiguió averiguar que quien estaba detrás de la operación era BNK Petroleum, empresa norteamericana de hidrocarburos que pretende extraer gas mediante la agresiva técnica del fracking, a la que se oponen muchos de los municipios ubicados en un primer mapa de posibles afectados.

Colgó la carta en las redes sociales y su caso empezó a correr de boca en boca por los pueblos de Las Merindades, comarca situada al norte de Burgos, una zona especialmente rica en hidrocarburos que la industria viene explorando desde principios del siglo XX. De hecho, a unos 60 kilómetros de la finca de Janet, en Ayoluengo de la Lora, se encuentra el campo petrolífero de Ayoluengo, donde el 6 de junio de 1964, hará 50 años, se descubrió petróleo y se vivió una efímera fiebre del oro negro en territorio burgalés. Pues bien, el movimiento de Janet y de los vecinos de Las Merindades forzó una rectificación del abogado, que dijo que debía haber utilizado el término “ocupación forzosa”; y unas disculpas de la empresa gasística BNK. “La carta de Janet nos ha puesto a todos con las orejas tiesas”, manifiesta Pepe Casado, concejal de la plataforma ciudadana Iniciativa Merindades en Villarcayo, “ahora nos damos cuenta de que la fiera está aquí”. La presión social ha empujado, de hecho, a que el Ayuntamiento de esta localidad gobernada por el PP se declarara libre de fracking, a regañadientes, el pasado 23 de mayo. Un gesto sin validez jurídica, pero que le reclamaban desde hace tiempo.

La carta es, para muchos vecinos de la comarca, la primera señal de un proceso que se veía lejano, pero que ya está más cerca: las empresas que quieren extraer gas tienen que presentar informes de impacto ambiental para hacer pruebas sobre el terreno que les permitan evaluar el potencial de gas del subsuelo; y dado que el fracking genera rechazo social, y las ocupaciones forzosas no son plato de buen gusto, la opción de comprar terrenos para hacer las pruebas se ha convertido en una buena posibilidad para las empresas gasísticas. BNK, de hecho, reconoce que está a la compra de suelo. “Hay una alarma social justificada”, señala José Ignacio Angulo, portavoz de 150 asociaciones (culturales, de ganaderos, de cazadores, de padres, de hosteleros) que el pasado 2 de mayo firmaron un manifiesto oponiéndose al desembarco del fracking en Las Merindades.

Inyectar una mezcla de agua, arena y productos químicos para liberar el gas que se puede encontrar a 3.000 metros de profundidad: en eso consiste el fracking o fracturación hidráulica. Una técnica muy extendida en Estados Unidos, que ha incrementado notablemente sus reservas de hidrocarburos, pero que también ha desatado críticas. El estudio Repercusiones de la extracción de gas y petróleo en el medioambiente y la salud humana realizado en 2011 por el Parlamento Europeo señala algunos de los peligros que puede encerrar: contaminación de acuíferos, contaminación atmosférica y generación de seísmos.

Janet Ortiz nunca se significó por ser una luchadora antifracking, como muchos de los vecinos de su comarca, que el 8 de diciembre de 2012 ya convocaron una primera tractorada de protesta. Pero le ha tocado dar un paso al frente. “Yo quiero reivindicar que vivo de esto y que si me quitan esta finca no podré trabajar”, dice mientras recorre las 3,5 hectáreas que conforman su terreno, que recibe el nombre de El cuadro, una extensión verde en ligera cuesta abajo frente a la imponente sierra de la Tesla. “Aquí brota el agua de forma natural porque debajo hay un acuífero”, señala José Manuel Ortiz, padre de Janet, que muestra el aro que construyó para impedir que las vacas (tienen 75) pisen el manantial que surge en medio de la explotación.

Plataforma de extracción petrolífera de Ayoluengo de la Lora.
Plataforma de extracción petrolífera de Ayoluengo de la Lora.

Agua. El fracking necesita de mucha agua. Ése puede ser uno de los motivos por los que la finca de Janet puede resultar atractiva para una empresa gasística. Una portavoz de BNK que insiste en que la empresa pretendía llegar a un acuerdo y se equivocó en la comunicación, recuerda que, no obstante, los proyectos de investigación de hidrocarburos pueden ser declarados de utilidad pública por la Administración, lo cual puede llevar a ocupaciones exploratorias temporales. “En torno al 20% del gas que hay en España podría encontrarse en el norte de Burgos”, apunta esta portavoz, que señala que en los próximos meses su empresa presentará los estudios de impacto ambiental que se requieren para poder llevar a cabo perforaciones exploratorias en la cuenca vasco cantábrica. Desde BNK se recuerda, además, que la extracción de gas puede conducir a la autosuficiencia energética en España en el futuro: un informe de la consultora Deloitte estima que el potencial petróleo que se quiere extraer en Canarias y Baleares, y la extracción de gas podría generar 250.000 empleos en la economía española.

Aún no hay ningún proyecto de extracción de gas mediante fracking aprobado en territorio español, según informan desde el Ministerio de Industria. Entre 10 y 15 proyectos podrían estar interesados en extracción mediante esta técnica si las pruebas exploratorias se revelan positivas; y ninguna compañía ha solicitado usar el fracking para las catas. Desde la Junta de Castilla y León confirman que el expediente más avanzado en esta zona (que cuenta con dos autorizaciones de investigación) es el de Sedano, ubicado en Burgos. Se está tramitando la evaluación de impacto ambiental —hay otros 12 expedientes en este punto en el resto de España, confirman desde la secretaría de Estado de Medio Ambiente—.

“Hay una alarma social justificada”, señala José Ignacio Angulo, portavoz de 150 asociaciones que rechazan el ‘fracking’

A unos 20 kilómetros de Sedano, precisamente, se encuentra Ayoluengo de la Lora, el lugar donde se descubrió petróleo hace casi cincuenta años. El 6 de junio de 1964 fue el día en que un enorme chorro de petróleo brotó de las entrañas de este páramo burgalés despertando la fiebre del oro negro. Se llegaron a extraer cerca de 5.000 barriles al día. Hoy, la producción apenas ronda los cien. Pero allí siguen las viejas bombas de la marca Lufkin, extrayendo petróleo con ese movimiento de picar el suelo cuales garzas, haciendo un ruido que recuerda al de un motor a punto de calarse, rodeadas de molinos de viento.

Francisco Javier Hidalgo, de 64 años, nació en este pueblo y vivió aquellos días históricos. Con su gorra roja y el paraguas negro con el que ha salido a pasear por la carretera, rememora los días en que desembarcaron los norteamericanos. “En el bar que se montó al lado del pozo número uno corría más whisky que vino”, relata, en medio de una carretera desierta por la que silba el viento. “Pero esto fue muy bueno para 10 o 12”, asegura, “para el resto fue la ruina”. A su padre le expropiaron una finca de cereales. Fue duro. Y total, para que al final el soñado Texas burgalés quedara en poca cosa.

Habrá que ver en qué acaba lo que el prestigioso diario británico The Guardian ha llamado la nueva fiebre energética en España, disparada por las nuevas perspectivas de extracción de petróleo y de gas mediante fracking. Mientras tanto, Janet Ortiz, como muchos otros vecinos de la zona, aún no sabe si su finca será ocupada forzosamente o no algún día.

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