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“Tener miedo te mantiene alerta ante el cáncer”

La deportista se prepara para competir en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro

Silvia Elvira, atleta paralimpica.
Silvia Elvira, atleta paralimpica.Massimiliano Minocri (EL PAÍS)

La deportista paralímpica Silvia Elvira (Barcelona, 1974) va a por todas, tanto en la vida como en el deporte. Hace tres años empezó a practicar el paracanoe, después de que le amputaran una pierna a causa de un cáncer. Ahora se entrena diariamente para poder participar en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro en 2016, donde esta disciplina se estrenará en el programa. Si se clasifica, tiene claro que irá “a competir y a hacer podio”. “Eso de que lo importante es participar es mentira. Cuando compites y pones el cuerpo al límite es cuando mejoras”, asevera.

La vida de Silvia Elvira ha sido una continua lucha y una carrera de superación. Rebosa pasión y fuerza cuando habla de sus retos. Desde hace unos años es —eso sí, con el permiso de sus hijos gemelos— el paracanoe.

Su lucha contra esta enfermedad empezó cuando solo tenía 18 años. Fueron tiempos convulsos, de múltiples operaciones porque el sarcoma reaparecía con frecuencia. Cuando se producía una de estas crisis, debía interrumpir sus estudios o, más adelante, dejar el trabajo. “En esos momentos solo pensaba en que tenía que continuar mi vida”. Y así acabó Fisioterapia y posteriormente Naturopatía. Siempre ha sido amante, confiesa, de todo lo relacionado con la ecología. “Me gusta saber lo que como y lo que comen mis hijos. Soy de esas personas que en el supermercado miran las etiquetas de los productos”, cuenta. Desde hace pocas semanas también debe vigilar el tipo de comida porque le han detectado cierta intolerancia al huevo y al gluten. “¡Con lo buena que está la tortilla!”, lamenta al ver una en la vitrina de la cafetería.

Las continuas operaciones le dejaron una pierna inutilizada. Cuando se la amputaron hace 11 años asegura que fue “una liberación”. Entonces pensó que había pasado página a la enfermedad, hasta que le apareció un sarcoma en la piel. “Lo mío es una predisposición a tener cáncer, cosa que me ha hecho vivir siempre con el miedo, a ver qué me va a salir ahora. Pero tener miedo es bueno, te mantiene alerta. A la mínima que aparece un bulto vas rápidamente al médico y así te lo pueden coger a tiempo”, tercia mientras sorbe un poco de té verde. Nunca le gustó el café.

Ella es una amante de la naturaleza y le apasiona el deporte, pero nunca había imaginado dedicarse de forma profesional. “Lo único que siempre he tenido claro era que quería ser madre”, afirma con orgullo explicando que tiene dos gemelos de seis años “que dan mucho trabajo”. “Compiten por la madre, hay mucha rivalidad”, ríe. Su vida no es fácil, empezando por detalles cotidianos como vestirse, ducharse o trasladarse al centro de entrenamiento. “Una persona se viste y sale de casa, yo tardo 10 minutos en ponerme la prótesis. Es un desgaste físico y mental”.

Al estar divorciada adapta su jornada deportiva al horario escolar sus hijos. Esto es algo que marca la diferencia entre los paralímpicos y el resto de atletas, “normalmente más jóvenes y sin responsabilidades familiares”.

Pero la vida también le ha deparado sorpresas inesperadas. Conoció a su patrocinador —una farmacéutica que fabrica genéricos para el tratamiento del cáncer— en una cena benéfica para la investigación de esta enfermedad. Gracias a esos fondos —difíciles de encontrar para un paralímpico— puede preparar el camino hacia Río 2016 y ha abierto un blog para explicarlo.

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