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Voluntario en la UE, ¿vía de escape o trampolín?

No es una salida laboral, pero define al candidato a un empleo como un joven dispuesto a aprender

En dos años, casi 2.000 españoles entre 18 y 30 años han tomado esta iniciativa

Un voluntario alemán de 20 años alimenta a un superviviente del Holocausto en Ramat. Ampliar foto
Un voluntario alemán de 20 años alimenta a un superviviente del Holocausto en Ramat.

“No tenía nada que hacer en España. Estaba en punto muerto y sin trabajo ¿Qué hacía aquí, aparte de consumir?”. Como Pedro, de 24 años, siete de cada 10 jóvenes en España consideran poco o nada probable encontrar empleo en el próximo año y se ven en una encrucijada. Casi los mismos, un 62%, valora irse al extranjero en busca de oportunidades, según un estudio publicado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

Desde el inicio de la crisis, decenas de miles de españoles han hecho la maleta. Pero no todos los que se marchan lo hacen por un empleo remunerado. Hay otras opciones, como el Servicio de Voluntariado Europeo, que ha experimentado un notable éxito. Conocido por sus siglas, el SVE, es un programa creado y financiado por la UE y gestionado en España por el Injuve y los institutos de la juventud autonómicos. Desde 2007, 3.784 jóvenes españoles menores de 18 a 30 años han recurrido a él. La mitad de ellos entre 2012 y 2013. En cuestión de siete años, la demanda se ha multiplicado por tres. Pero, ¿ofrecen este tipo de alternativas una solución a largo plazo o una vía de escape?

El programa cubre el 90% de los gastos de desplazamiento y estancia

En primera instancia, este programa europeo les cubre económicamente el 90% del desplazamiento y la estancia —alojamiento, comida, seguro médico, apoyo lingüístico, transporte local, formación— en periodos que van de los seis a los 12 meses. Los participantes también reciben un pequeño montante en concepto de dinero de bolsillo que gira en torno a los 100 euros al mes. Los proyectos, que se desarrollan en cualquiera de los Estados miembros y sus países vecinos, se enmarcan dentro de diversas áreas de cooperación: medio ambiente, mujer, menores, cultura, discapacidad, arte o multimedia, por lo que además pueden seguir ganando experiencia.

José Ramón Moreno, director de la Cátedra de Cooperación para el Desarrollo de la Universidad de Zaragoza, destaca que el voluntariado sugiere, al igual que puede hacerlo una beca Erasmus, una cierta garantía de que el aspirante a un puesto tiene un perfil “de joven-joven”, es decir, “inquieto, activo, dispuesto a aprender y entregado”. A pesar de ello, Moreno incide en que es peligroso tomarse este tipo de experiencias como “trampolín hacia el mercado laboral”.

En la misma línea se expresa el director de la Cátedra de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Córdoba, Javier de Prado Rodríguez. “El voluntariado internacional rara vez es una salida laboral, ya que en la mayoría de los casos supone un gasto o solo cubre su estancia”, destaca. Cree que ofrece una forma de realizarse personalmente ante la falta de recursos y el estancamiento de las vidas laborales, pero no lo califica como una “alternativa al paro, ya que no supone un trabajo remunerado que otorgue independencia”.

En Intermón Oxfam creen que se toma esta opción sobre todo por principios

En Oxfam Intermon otorgan un papel decisivo a las convicciones de los aspirantes. El responsable del programa de voluntariado de Oxfam-Intermón, Santiago Bolíbar, valora que cada vez más jóvenes ofrezcan sus conocimientos y se animen a aportar a la sociedad como voluntarios. “Creo que la gente sigue demandando hacer voluntariado más por principios que por otra cosa, aunque claro, los jóvenes que tienen ya una formación buscan actividades que les puedan servir para seguir formándose”, apunta Bolíbar. En la asociación Intercambia, centrada en reducir el racismo y promover la tolerancia entre diferentes culturas, insisten en que un servicio de voluntariado europeo no es un curso de idiomas o una forma de pasar el verano, sino un ejercicio de “solidaridad ciudadana” que va en beneficio de la sociedad.

Según el informe del sector elaborado por la Coordinadora de ONGD-España, existen 27 asociaciones sin ánimo de lucro en España que ofrecen programas de voluntariado en el extranjero. Una de ellas es Farmacéuticos sin Fronteras que, con su Proyecto Boticarios, se dedica a formar licenciados para que luego trabajen sobre el terreno en India, Haití, Perú o Mozambique. Desde la ONG afirman que la mayoría son jóvenes recién licenciados que aprovechan la oportunidad para especializarse en el área de cooperación. En Jóvenes y Desarrollo, organización salesiana, también han notado un incremento de jóvenes parados que se quieren unir a sus proyectos para buscar después un contrato laboral en el país en el que desarrollen su labor.

Algunos países nórdicos ya
los computan
como empleo

Pedro salió de su encrucijada a través del servicio de voluntariado europeo. La encargada de buscar y coordinador su proyecto desde España fue la Asociación Juvenil Intercambia de Málaga. “Lo considero una experiencia a todos los niveles, tanto en idiomas, en trabajo, como en el trato con la gente, pero ahora sigo estudiando”, comenta. Estuvo seis meses en Bulgaria haciendo obras de teatro callejero para niños en una pequeña asociación en la ciudad de Burgas, al sureste del país. Ahora estudia Educación Social en la UNED, pero lo tiene que hacer “poco a poco”, matriculándose de solo algunas asignaturas para poder pagar la matrícula.

José Ramón Moreno cuenta como nuestra sociedad recomienda a las generaciones más jóvenes no conformarse con una formación, aprender idiomas, hacer todo lo que puedan para presentarse ante el mercado laboral bien preparados. “Las oportunidades para trabajar gratis son enormes. Pero si después de todo el esfuerzo invertido, lo único que podemos ofrecerles es una invitación a la emigración…”, reflexiona. Moreno explica que la aspiración más genuina de los programas de cooperación es que desaparezcan las situaciones de necesidad. “La pobreza, la miseria, la desigualdad… cualquier forma de injusticia no es una catástrofe natural inevitable; en la mayoría de los casos podría ser evitada y corregida”, añade.

Polonia, Italia, Alemania y Francia son los destinos más solicitados

De Prado, de la Universidad de Córdoba, incide en que el voluntariado busca un bien común. “Ojalá todas las personas fuesen voluntarias del bien común en lugar del bien individual y de la apatía”, pide.

Pero la realización personal también se puede combinar con la experiencia profesional y conseguir algo de rédito. Isabel Mulas, responsable del Servicio Civil Internacional en España —una organización que lleva trabajando en cooperación desde 1920—, destaca que en algunos países nórdicos se computa como empleo. “Aquí en España vamos aún a la retaguardia en estos temas”, se lamenta.

En 2013, casi 1.000 jóvenes españoles realizaron un voluntariado en Europa a través de este sistema. Los países con mayor afluencia fueron Polonia, Italia, Alemania, Francia y Grecia. Algunos proyectos fuera de Europa no cubren el vuelo y esto supone una barrera económica. “Yo no puedo financiarme un viaje a África”, confiesa Pedro.

Cada vez hay más aspirantes que buscan un contrato en el terreno

Rocío y Alejandro, de 22 y 24 años respectivamente, han encontrado su proyecto soñado. A principios de febrero les confirmaron que se marcharán seis meses como voluntarios a un orfanato de Denpasar, en la isla de Bali (Indonesia). Rocío es educadora social y se embarca en esta aventura rumbo a la Isla de los Dioses por vocación: “Estaba trabajando de lo mío, pero me quedé en el paro. Busco una oportunidad de hacer lo que me gusta”, argumenta.

Según los últimos datos, un 2,2% de jóvenes de Europa de entre 15 y 30 años han realizado una estancia en el extranjero que incluía un periodo de voluntariado en el terreno.

Casi el 58% de los menores de 25 años está en desempleo, según Eurostat

Penélope cumple ahora 11 meses de voluntaria en una guardería en Praga. Tiene 30 años, la carrera de Psicología y el título superior de Danza Española del conservatorio: “Antes de venir llevaba sin trabajar un año y sin encontrar nada, así que a los seis meses de estar en paro me puse a buscar proyectos por toda Europa”, relata. “Es gratificante hacer un servicio de voluntariado y ayudar con tus conocimientos y tus ganas a los demás, sin embargo, no puedo negar que mi situación personal me dio el último empujón para hacerlo”, reconoce Penélope.

Esta voluntaria destaca que hace unos años nadie sabía nada de becas y voluntariados, mientras que, de un tiempo a esta parte, hay cada vez más gente interesada en hacer algo así intentando crearse una alternativa. “Asistí a un encuentro para conocer a todos los voluntarios del servicio de voluntariado europeo en República Checa y la mayoría éramos españoles. Según me cuentan por aquí, hasta hace un par de años, los españoles no éramos mayoría en este tipo de programas”, comenta. Penélope quiere volver a España y empezar de cero después de haber observado la situación del país desde fuera. Aún así, no duda: “En caso de que las cosas no me vayan bien, volveré a hacer la maleta para buscar trabajo. Creo que esa es la única actitud que podemos tomar actualmente muchos españoles”.

“La sociedad no ofrece alternativas”, dicen en Juventud sin Futuro

El colectivo Juventud Sin Futuro (JSF), que surgió a raíz del un colectivo del 15-M en Madrid, trabaja desde 2011 denunciando la situación de precariedad de la juventud española en el ámbito laboral, educativo y social. Recientemente han iniciado la campaña “No nos vamos, nos echan”, con la que quieren visibilizar el drama del paro juvenil, lo que ellos califican como una situación de destierro. “Es un exilio en toda regla, porque, como dice el diccionario, se produce por motivos políticos. Nos tenemos que marchar por culpa de malas decisiones políticas”, asegura Ramón Espinar, uno de sus miembros. Espinar, de 27 años, precisa que su generación no es pesimista, sino realista: “Creemos que la moneda tiene tres caras: paro, precariedad y exilio. Las altas cifras de paro hacen que los que trabajan lo hagan en peores condiciones, ya que no hay alternativa: o lo coges o lo dejas. Y el exilio es el resultado de todo esto. Los jóvenes nos encontramos con una gran promesa rota”. Con respecto a la alternativa del voluntariado, Espinar la considera una buena decisión individual, aunque también subraya que la sociedad española no ofrece alternativas. “Tenemos que vivir siempre a salto de mata. No tenemos forma de prever y planificar nuestra vida. Y esto es síntoma de que no existe un proyecto de país”, reivindica.

Penélope, psicóloga, se fue a Praga después de un año sin trabajar

La generación más preparada de España tiene una de las tasas de desempleo juvenil más altas del mundo desarrollado. Según las últimas cifras publicadas por el servicio europeo estadística, Eurostat, casi 58% de los españoles menores de 25 años está en desempleo, liderando la zona euro. Casi un millón de jóvenes que ya no estudian y que no encuentran trabajo.