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Cameron pide el boicoteo de una web tras un suicidio por ciberacoso

Siete grandes firmas retiran sus anuncios de la red social letona ask.fm

David y Joanna, padre y hermana de Hannah, la joven que se suicidó tras sufrir ciberacoso.
David y Joanna, padre y hermana de Hannah, la joven que se suicidó tras sufrir ciberacoso. cordon press

El viernes pasado, Hannah Smith, de 14 años, se suicidó ahorcándose en su casa en Leicestershire. El desencadenante de tan trágica decisión fue el ciberacoso al que había sido sometida en una página de Internet, ask.fm. Ayer, el primer ministro David Cameron pidió el boicoteo popular a las páginas que no asuman sus responsabilidades en el creciente problema de los trolls [personas que se dedican a insultar y criticar] y el acoso en las redes sociales. Siete grandes firmas le hicieron caso y retiraron sus anuncios de ask.fm.

Se trata del diario The Sun, la distribuidora energética EDF, la óptica Specsavers, las telefónicas BT y Vodafone, la ONG de ayuda a la infancia Save the Children y la cosmética Laura Ashley. Siete firmas de peso que pueden suponer el principio de una cadena de retirada de anuncios en esa página y quizá también un movimiento más generalizado para combatir los abusos en la Red.

El drama de Hannah Smith —que recibió mensajes criticando su apariencia— llega apenas unos días después de que la periodista y feminista Caroline Criado-Pérez recibiera un torrente de mensajes abusivos en Twitter, incluidas amenazas de violación, tras el triunfo de su campaña para conseguir que el Banco de Inglaterra no dejara sin rostros de mujer los billetes de la libra esterlina.

Como en el caso de Criado-Pérez, los abusos se han extendido ahora a otras personas de su entorno. Joanna, la hermana mayor de Hannah, ha recibido mensajes abusivos en su página de Facebook, según ha denunciado el padre de las dos niñas. La policía de Leicestershire ha confirmado que ha ampliado su investigación no solo a la muerte de Hannah sino también a los posteriores abusos recibidos por Joanna.

David Cameron entró ayer en tromba en la polémica al pedir el boicoteo a ask.fm, una página con sede en Letonia que tiene 50 millones de usuarios, en la que cualquiera puede dejar comentarios de forma anónima, aunque antes ha de registrarse. “No es verdad que no se pueda hacer nada en estos casos simplemente porque ocurren en la Red. Creo que se pueden dar algunos pasos”, declaró.

“Ante todo, la gente que gestiona estas páginas tiene que dar un paso al frente y demostrar cierta responsabilidad. No es aceptable que se deje hacer lo que ocurre en estas páginas. Es su responsabilidad, y antes que nada de aquellos que cuelgan esos mensajes. Que algo se haga a través de Internet no significa que sea legal. Si alguien incita al odio, si alguien incita a la violencia, es un delito lo mismo que si se hace en un estudio de televisión, encima de una tarima o en Internet y hay que perseguir a esa gente”, dijo el primer ministro. “Y si los portales no son capaces de resolver el problema por sí mismos, nosotros, el público en general, deberíamos dejar de utilizar esos portales y boicotearlos”, añadió.

Como en el caso de Twitter y Caroline Criado-Pérez, la web implicada ha intentado sacarse de encima la responsabilidad explicando lo mucho que hace para impedir que actúen los trolls. Sobre todo, a medida que aumenta la presión. Ask.fm publicó primero una nota lamentando la muerte de Hannah. Ayer tuvo que ir más allá y aseguró que sus moderadores trabajan “24 horas al día, siete días a la semana y 365 días al año” para controlar el contenido de la página y ha animado a los usuarios a denunciar cualquier tipo de abuso.

Pero, como Twitter, defendió también el fondo de su propuesta en Internet y su manera de trabajar: “Creemos que una de las ventajas de nuestro portal es que todo es abierto, en lugar de basarse en cajas cerradas privadas. Eso significa que cualquiera puede denunciar cualquier cosa que vea que le preocupe”.

El debate no es sencillo. El éxito de Internet son sus puertas abiertas, la ausencia de control por parte de los poderes públicos. Acabar con eso puede poner fin a los abusos. Pero también podría acabar con Internet.