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Enrique Beotas, periodista integral

El versátil comunicador, fallecido en el descarrilamiento del tren de Santiago, fue jefe de prensa de Fraga y dirigía el veterano espacio de radio ‘La rebotica’

Enrique Beotas, periodista, en 2004.
Enrique Beotas, periodista, en 2004. EFE

“Nací en Ávila, porque los gallegos nacemos donde queremos”. Lo decía con frecuencia, y así él se hizo gallego por decisión propia, sin olvidar ni ocultar nunca de donde venía. Quiso la fatalidad que nos haya dicho adiós la víspera de Santiago, cuando iba a celebrar el día de Galicia y su patrón, a la salida de una curva que ya, casi, dejaba ver Compostela.

Enrique Beotas (1952) era más que un periodista. Era un comunicador integral, emprendedor y pionero. Cuando todavía ni se hablaba de los gurús de la comunicación política él ya era un estratega de este campo, en los albores de la Transición. Lo hizo al lado de Manuel Fraga y la entonces Alianza Popular. Pero quien recuerde solo en esa página de su biografía se perdería casi todo de Beotas, un hombre que tenía mucha mano izquierda, y al que, hasta los que pensaban lo contrario que él, le reconocían una personalidad abierta, receptiva e integradora.

Sus iniciativas eran incontables, no solo en el periodismo, en el que tocó todas las teclas y todos los medios, sino también en la producción y edición literaria. Su pasión eran sus niñas: Ana, su esposa, Ana, su hija, que seguro seguirá sus pasos, y La rebotica, el espacio dedicado a la salud que durante sus 17 años en antena fue acogido por la parrilla de todas las radios españolas, antes incluso de que se inventase el término de “programa sindicado”.

Las tres lo echarán mucho de menos, como los centenares de periodistas y entrevistados con los que quiso rodearse en sus proyectos. Porque a Enrique le gustaba escuchar; y gustaba escucharle. Por eso, en uno de sus géneros favoritos, el de la entrevista, era capaz de hacer una radiografía durante un almuerzo, del que surgía sin esfuerzo una singular biografía, sacando lo mejor de cada uno, porque él era capaz de conseguirlo sin que se notase. Así hizo más de 300 entrevistas, recogidas en su Galicia sexta provincia, de la que en junio presentó en Mondariz (Pontevedra) el décimo tomo, mientras trabajaba ya en el siguiente.

Enrique, melómano y culto, y con una cita siempre a punto para cualquier comentario, decía en ese libro: “No hay nada más romántico que el ferrocarril, cuya historia no solo ha modelado el paisaje del mundo, sino la propia evolución de la humanidad. Y es que el tren nos hace un poco mejores de lo que somos, pues amplía nuestro horizonte”. Hablaba Beotas de que a él, el ferrocarril, le evocaba a la película Con la muerte en los talones, a Eva Maríe Saint y Cary Grant . Y añadía: “Tan sólo le pondría un ‘pero’. Ese justo lamento de las locomotoras a vapor, como la bella Mallard, que rompió en 1938 el récord de velocidad. Imagínese qué belleza esperar el tren en la estación de Ourense y verlo llegar envuelto en una nube de humo blanco….Pero seamos prácticos y reconozcamos que, por fortuna de todos, hoy los trenes son más cómodos y más rápidos que nada, han erradicado la carbonilla del ojo ajeno”. Beotas, pionero en casi todo, era capaz de anticiparse a su propia vida.