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Marruecos desbloquea decenas de adopciones de las familias españolas

El Gobierno español las felicita y promete ayudarles para terminar los trámites.

El rey Mohamed VI ha querido resolver el problema antes de acoger en julio a Don Juan Carlos

María José Giménez con el niño marroquí que espera tutelar.
María José Giménez con el niño marroquí que espera tutelar.

Para Gabriel Pernau, periodista catalán, y su mujer el jueves 20 de junio fue “el día más feliz” de su vida. En nombre del rey de Marruecos el juez de familia pronunció en Rabat una sentencia que les concede la “kafala” (tutela dativa) de un niño huérfano marroquí. Llevaba 17 meses, desde diciembre de 2011, esperando este momento. “Ha sido la gestación más larga”, comentaba uno de sus amigos.

Junto con el matrimonio catalán otras nueve familias -siete de ellas españolas- obtuvieron ese día en Rabat sentencias favorables a sus solicitudes de “kafalas”, la modalidad islámica de la adopción. Hacía año y medio, prácticamente desde que los islamistas llegaron al Gobierno de Marruecos, que los tribunales no concedían tutelas a los extranjeros pese a que les habían asignado bebés que ellos alimentaban y acunaban cada vez que visitaban los orfanatos. “Para nosotros era una pesadilla”, comenta Mar, otra catalana aspirante a adoptar.

“Se empieza a ver la luz al final del túnel”, asegura eufórica Susana Ramos, psicoterapeuta madrileña que confía en que antes de fin mes la justicia marroquí le entregue a su bebé. El jueves debería de haber otra tacada de veredictos positivos. En total son un centenar de familias –el 70% de ellas españolas- las que están pendientes en Marruecos de poder adoptar, la mayoría en Rabat, pero también hay grupos Agadir, Casablanca y Tánger.

Para conseguir esas sentencias favorables han multiplicado las gestiones con el ministro de Justicia de Marruecos, el islamista Mustafa Ramid, su homólogo español, Alberto Ruiz-Gallardón, y han escrito cartas a los Reyes de España y Marruecos. Ramid visitó, por primera vez, Madrid a mediados de este mes, dio buenas palabras, pero no se comprometió a que el desenlace fuese favorable.

La Embajada de España en Rabat pidió, el jueves, a las familias españolas en Marruecos que no comunicasen la buena nueva a la prensa “porque podría afectar negativamente a los expedientes ya resueltos” o aún pendientes de resolver, pero cuatro días después el Gobierno hizo público un comunicado en el que les felicita por las sentencias favorables.

El Ejecutivo reitera, de paso, su compromiso con que “se mantenga en todo caso la naturaleza propia de esta institución”, es decir que los tutores españoles no cambien la filiación, la nacionalidad, ni la religión de los niños. En la práctica no podrán solicitar ante los jueces de menores la plena adopción del niño que traigan a España este verano. Algunos matrimonios españoles que adoptaron años atrás en Marruecos sí lo hicieron lo que irritaba a Ramid.

La repentina magnanimidad de los jueces marroquíes está no solo relacionada con las gestiones del Gobierno español sino, sobre todo, con las del palacio real de Marruecos, según indican fuentes conocedoras del proceso. El rey Mohamed VI regresó a Rabat, desde Francia, el 15 de junio y ha querido resolver este asunto, respetando siempre la legislación marroquí, antes de recibir, el 15 de julio, a Don Juan Carlos. Éste será su primer viaje al extranjero desde su última intervención quirúrgica. El bloqueo de las “kafalas” era uno de los temas que quería abordar con su anfitrión.

La alegría de las 40 familias a la espera de poder adoptar en Rabat no se ha trasladado aun a las tres ciudades de provincias donde también hay grupos de españoles. “Aquí los magistrados no parecen estar al corriente de los nuevos vientos que soplan”, afirmaba ayer, con preocupación, una española desde Tánger. Hace nueve meses el ministro Ramid envió una circular a los fiscales instándoles a oponerse a las adopciones por parte de extranjeros si estos no residían en el país. Barajaba incluso prohibir a los tutores, mediante una ley, sacar a los niños de Marruecos durante cinco años tras la sentencia.

Casi todas las familias tramitaron entonces la residencia permanente en Marruecos, pero aun así el ministerio público no cedió, hasta el jueves, en capital. “Confiemos en que esos aires lleguen pronto a otras ciudades”, afirma Pernau.